Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 1 de 50Capítulo 1
1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
2 La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.
3 Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz.
4 Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad;
5 y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero.
6 Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.»
7 E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue.
8 Y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo.
9 Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco»; y así fue.
10 Y llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mares»; y vio Dios que estaba bien.
11 Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue.
12 La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien.
13 Y atardeció y amaneció: día tercero.
14 Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años;
15 y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue.
16 Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas;
17 y púsolos Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra,
18 y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien.
19 Y atardeció y amaneció: día cuarto.
20 Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste.»
21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que bullen las aguas por sus especies, y todas las aves aladas por sus especies; y vio Dios que estaba bien;
22 y bendíjolos Dios diciendo: «sed fecundos y multiplicaos, y henchid las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra.»
23 Y atardeció y amaneció: día quinto.
24 Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie.» Y así fue.
25 Hizo Dios las alimañas terrestres de cada especie, y las bestias de cada especie, y toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien.
26 Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.
27 Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.
28 Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»
29 Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.
30 Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento.» Y así fue.
31 Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardecío y amaneció: día sexto.
Reflexión del capítulo 1
El Génesis se abre con una página de solemnidad única. Dios no lucha contra otros dioses ni ordena un caos preexistente: simplemente habla, y las cosas existen. La frase «dijo Dios» se repite como un estribillo que sostiene el universo entero. La luz, el firmamento, la tierra y el mar, los astros, los peces y las aves, los animales y, por último, el ser humano: todo surge de una palabra libre y amorosa, y al final el Creador contempla su obra y la declara «muy buena». El mundo no es fruto del azar ni de una fuerza ciega, sino del amor inteligente de quien quiso compartir la existencia.
El culmen del relato es el ser humano, creado «a imagen y semejanza de Dios», varón y mujer. Aquí se funda la dignidad invulnerable de toda persona, antes de cualquier mérito o capacidad. Y el séptimo día, el descanso de Dios, no es cansancio sino plenitud: el tiempo consagrado, el domingo, en el que la criatura se detiene para reconocer a su Señor. Este capítulo enseña que la creación es un don y que cuidarla es una forma de alabanza.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy puedes salir de la rutina y contemplar la creación con ojos nuevos: el cielo, un árbol, el rostro de quien tienes al lado. Agradece en voz baja que existes porque Dios te quiso, no porque el mundo te necesite. Después elige un gesto concreto de cuidado —reciclar, ahorrar agua, dedicar tiempo a alguien— como signo de que tratas la obra de Dios con respeto. Y reserva un momento de descanso para Él.
Oración
Padre creador, que de la nada hiciste todas las cosas y me llamaste a la vida, enséñame a verte en lo que has hecho. Que cuide tu creación y trate a cada persona con la dignidad de un hijo tuyo. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
Compartir
Enlace copiado