Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 17 de 50Capítulo 17
1 Cuando Abram tenía 99 años, se le apareció Yahveh y le dijo: «Yo soy El Sadday, anda en mi pressencia y sé perfecto.
2 Yo establezco mi alianza entre nosotros dos, y te multiplicaré sobremanera.»
3 Cayó Abram rostro en tierra, y Dios le habló así:
4 «Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos.
5 No te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido.
6 Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti.
7 Y estableceré mi alianza entre nosotros dos, y con tu descendencia después de ti, de generación en generación: una alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo y el de tu posteridad.
8 Yo te daré a ti y a tu posteridad la tierra en que andas como peregrino, todo el país de Canaán, en posesión perpetua, y yo seré el Dios de los tuyos.»
9 Dijo Dios a Abraham: «Guarda, pues, mi alianza, tú y tu posteridad, de generación en generación.
10 Esta es mi alianza que habéis de guardar entre yo y vosotros - también tu posteridad -: Todos vuestros varones serán circuncidados.
11 Os circuncidaréis la carne del prepucio, y eso será la señal de la alianza entre yo y vosotros.
12 A los ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón, de generación en generación, tanto el nacido en casa como el comprado con dinero a cualquier extraño que no sea de tu raza.
13 Deben ser circuncidados el nacido en tu casa y el comprado con tu dinero, de modo que mi alianza esté en vuestra carne como alianza eterna.
14 El incircunciso, el varón a quien no se le circuncide la carne de su prepucio, ese tal será borrado de entre los suyos por haber violado mi alianza.
15 Dijo Dios a Abraham: «A Saray, tu mujer, no la llamarás más Saray, sino que su nombre será Sara.
16 Yo la bendeciré, y de ella también te daré un hijo. La bendeciré, y se convertirá en naciones; reyes de pueblos procederán de ella.»
17 Abraham cayó rostro en tierra y se echó a reír, diciendo en su interior: ¿A un hombre de cien años va a nacerle un hijo?, ¿y Sara, a sus noventa años, va a dar a luz?»
18 Y dijo Abraham a Dios: «¡Si al menos Ismael viviera en tu presencia!»
19 Respondió Dios: «Sí, pero Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Isaac. Yo estableceré mi alianza con él, una alianza eterna, de ser el Dios suyo y el de su posteridad.
20 En cuanto a Ismael, también te he escuchado: «He aquí que le bendigo, le hago fecundo y le haré crecer sobremanera. Doce príncipes engendrará, y haré de él un gran pueblo.
21 Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el que Sara te dará a luz el año que viene por este tiempo.»
22 Y después de hablar con él, subió Dios dejando a Abraham.
23 Tomó entonces Abraham a su hijo Ismael, a todos los nacidos en su casa y a todos los comprados con su dinero - a todos los varones de la casa de Abraham - y aquel mismo día les circuncidó la carne del prepucio, como Dios le había mandado.
24 Tenía Abraham 99 años cuando circuncidó la carne de su prepucio.
25 Ismael, su hijo, era de trece años cuando se le circuncidó la carne de su prepucio.
26 El mismo día fueron circuncidados Abraham y su hijo Ismael.
27 Y todos los varones de su casa, los nacidos en su casa, y los comprados a extraños por dinero, fueron circuncidados juntamente con él.
Reflexión del capítulo 17
El capítulo decimoséptimo es el de la alianza sellada. Cuando Abram tiene noventa y nueve años, Dios se le manifiesta como El Sadday, el Dios todopoderoso, y le pide caminar en su presencia con integridad. Entonces cambia su nombre: ya no Abram, sino Abraham, padre de multitudes, y Saray pasa a llamarse Sara. El cambio de nombre expresa una identidad nueva, un destino que Dios regala. Y la señal de la alianza es la circuncisión, un signo en el propio cuerpo que recuerda que la pertenencia a Dios lo abarca todo.
Dios anuncia que Sara, ya anciana, dará a luz a Isaac, y Abraham se ríe, porque a los ojos humanos es imposible. También nosotros nos reímos cuando Dios promete más de lo que la lógica permite. Pero él responde: ¿hay algo imposible para Dios? La risa de Abraham no es incredulidad, es el asombro de quien descubre que la gracia supera toda expectativa. También Ismael será bendecido, pero la alianza continuará por Isaac, el hijo de la promesa, el hijo del imposible.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Identifica hoy un imposible en tu vida: una relación rota, una adicción, una vocación que parece no llegar. Preséntaselo a Dios sin calcular sus posibilidades y dile con Abraham: yo te creo. Y deja que él te dé un nombre nuevo, una identidad que no dependa de tus logros ni de tus fracasos. Lo que para ti es un callejón sin salida, para Dios es solo el comienzo.
Oración
Dios todopoderoso, para quien nada es imposible, perdona mi incredulidad y enséñame a caminar en tu presencia con integridad. Renueva en mí tu alianza y hazme vivir como hijo tuyo, más allá de mis miedos. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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