Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 9

1 Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra.

2 Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todo lo que repta por el suelo, y a todos los peces del mar; quedan a vuestra disposición.

3 Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde.

4 Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre,

5 y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana.

6 Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo El al hombre.

7 Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos; pululad en la tierra y dominad en ella.»

8 Dijo Dios a Noé y a sus hijos con él:

9 «He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia,

10 y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra.

11 Establezco mi alianza con vosotros, y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.»

12 Dijo Dios: «Esta es la señal de la alianza que para las generaciones perpertuas pongo entre yo y vosotros y toda alma viviente que os acompaña:

13 Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra.

14 Cuando yo anuble de nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes,

15 y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne, y no habrá más aguas diluviales para exterminar toda carne.

16 Pues en cuanto esté el arco en las nubes, yo lo veré para recordar la alianza perpetua entre Dios y toda alma viviente, toda carne que existe sobre la tierra.»

17 Y dijo Dios a Noé: «Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda carne que existe sobre la tierra.»

18 Los hijos de Noé que salieron del arca eran Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán.

19 Estos tres fueron los hijos de Noé, y a partir de ellos se pobló toda la tierra.

20 Noé se dedicó a la labranza y plantó una viña.

21 Bebió del vino, se embriagó, y quedó desnudo en medio de su tienda.

22 Vio Cam, padre de Canaán, la desnudez de su padre, y avisó a sus dos hermanos

23 Entonces Sem y Jafet tomaron el manto, se lo echaron al hombro los dos, y andando hacia atrás, vueltas las caras, cubrieron la desnudez de su padre sin verla.

24 Cuando despertó Noé de su embriaguez y supo lo que había hecho con él su hijo menor,

25 dijo: «¡Maldito sea Canaán! ¡Siervo de siervos sea para sus hermanos!»

26 Y dijo: «¡Bendito sea Yahveh, el Dios de Sem, y sea Canaán esclavo suyo!

27 ¡Haga Dios dilatado a Jafet; habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán esclavo suyo!»

28 Vivió Noé después del diluvio 350 años.

29 El total de los días de Noé fue de 950 años, y murió.

Reflexión del capítulo 9

El capítulo noveno contiene la primera alianza explícita con toda la humanidad. Dios bendice a Noé y a sus hijos, les confía la tierra y establece un pacto que no depende de la fidelidad humana, sino de la de Dios: nunca más las aguas destruirán la tierra. El signo es el arco en las nubes, un arco de guerra colgado y vuelto hacia arriba, como si Dios mismo desarmara su juicio. Es una imagen bellísima de su misericordia.

Pero el capítulo no idealiza al justo. Noé, el hombre íntegro, se emborracha y queda desnudo; su hijo Cam lo ve y lo ridiculiza, mientras Sem y Jafet lo cubren con respeto. La escena muestra que incluso los santos son frágiles y que la burla del padre herido tiene consecuencias. Con todo, Dios sigue adelante con su plan: la promesa no se apoya en la perfección humana. El capítulo termina con la muerte de Noé, pero la alianza del arco permanece en pie, sosteniendo la historia.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Honra hoy a quienes te han dado la vida o te han guiado, sobre todo en su debilidad. Si has visto caer a alguien que respetabas, no lo ridiculices ni lo difundas: cúbrelo con discreción y caridad, como Sem y Jafet. Y recuerda que la fidelidad de Dios no depende de la tuya, aunque tú estés llamado a responderle. La alianza sigue en pie: apóyate en ella cuando te sientas frágil.

Oración

Señor, que tiendes tu arco en las nubes como signo de paz, gracias por tu alianza que no se rompe aunque yo falle. Dame un corazón respetuoso con los débiles y humilde ante mi propia fragilidad. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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