Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 42 de 50Capítulo 42
1 Vio Jacob que se repartía grano en Egipto, y dijo Jacob a sus hijos: «¿Por qué os estáis ahí mirando?
2 Yo tengo oído que hay reparto de grano en Egipto. Bajad a comprarnos grano allí, para que vivamos y no muramos.»
3 Bajaron, pues, los diez hermanos de José a proveerse de grano en Egipto;
4 pero a Benjamín, hermano de José, no le envió Jacob con sus hermanos, pues se decía: «No vaya a sucederle alguna desgracia.»
5 Fueron, pues, los hijos de Israel a comprar con otros que iban, pues había hambre en el país cananeo.
6 José era el que regía en todo el país, y él mismo en persona era el que distribuía grano a todo el mundo. Llegaron los hermanos de José y se inclinaron rostro en tierra.
7 Vio José a sus hermanos y los reconoció, pero él no se dio a conocer, y hablándoles con dureza les dijo: «¿De dónde venís?» Dijeron: «De Canaán, para comprar viveres.»
8 O sea, que José reconoció a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron.
9 José entonces se acordó de aquellos sueños que había soñado respecto a ellos, y les dijo: «Vosotros sois espías, que venís a ver los puntos desguarnecidos del país.»
10 Dijéronle: «No, señor, sino que tus siervos han venido a proveerse de víveres.
11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y somos gente de bien: tus siervos no son espías.»
12 Díjoles: «Nada de eso: a lo que venís es a ver los puntos desguarnecidos del país.»
13 Dijéronle: «Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo padre, en el país cananeo; sólo que el menor está actualmente con nuestro padre, y el otro no existe.»
14 José replicó: «Lo que yo os dije: sois espías.
15 Con esto seréis probados, ¡por vida de Faraón!, no saldréis de aquí mientras no venga vuestro hermano pequeño acá.
16 Enviad a cualquiera de vosotros y que traiga a vuestro hermano, mientras los demás quedáis presos. Así serán comprobadas vuestras afirmaciones, a ver si la verdad está con vosotros. Que si no, ¡por vida de Faraón!, espías sois.»
17 Y los puso bajo custodia durante tres días.
18 Al tercer día les dijo José: «Haced esto - pues yo también temo a Dios - y viviréis.
19 Si sois gente de bien, uno de vuestros hermanos se quedará detenido en la prisión mientras los demás hermanos vais a llevar el grano que tanta falta hace en vuestras casas.
20 Luego me traéis a vuestro hermano menor; entonces se verá que son verídicas vuestras palabras y no moriréis.» - Así lo hicieron ellos. -
21 Y se decían el uno al otro: «A fe que somos culpables contra nuestro hermano, cuya angustia veíamos cuando nos pedía que tuviésemos compasión y no le hicimos caso. Por eso nos hallamos en esta angustia.»
22 Rubén les replicó: «!? Nos os decía yo que no pecarais contra el niño y no me hicisteis caso? ¡Ahora se reclama su sangre!»
23 Ignoraban ellos que José les entendía, porque mediaba un intérprete entre ellos.
24 Entonces José se apartó de su lado y lloró; y volviendo donde ellos tomó a Simeón y le hizo amarrar a vista de todos.
25 Mandó José que se les llenaran los envases de grano, que se devolviera a cada uno su dinero en la talega, y que se les pusiera provisiones para el camino; así se hizo con ellos.
26 Ellos pusieron su cargamento de grano sobre los burros, y se fueron de allí.
27 Al ir a hacer noche, uno de ellos abrió su talega para dar pienso a su burro, y vio que su dinero estaba en la boca de la talega de grano.
28 Y dijo a sus hermanos: «Me han devuelto el dinero; lo tengo aquí en mi talega.» Se quedaron sin aliento, y se miraban temblando y diciendo: «¿Qué es esto que ha hecho Dios con nosotros?»
29 Llegaron donde su padre, a Canaán, y le manifestaron todas sus aventuras, diciéndole:
30 «El hombre que es señor del país ha hablado con nosotros duramente y nos ha tomado por espías del país.
31 Nosotros le hemos dicho que éramos gente de bien y no espías,
32 que éramos doce hermanos, hijos del mismo padre; que uno de nosotros no existía, y que el otro se encontraba actualmente con nuestro padre en Canaán.
33 Entonces nos dijo el hombre que es señor del país: "De este modo conoceré si sois gente de bien; dejad conmigo a uno de vosotros, tomad lo que hace falta en vuestras casas y marchaos
34 a buscarme a vuestro hermano pequeño. Así conoceré que no sois espías, sino gente de bien. Entonces os entregaré a vuestro hermano y circularéis libremente por el país."»
35 Ahora bien, cuando estaban vaciando sus talegas, he aquí que cada uno tenía su dinero en la talega, y tanto ellos como su padre, al ver las bolsas, sintieron miedo.
36 Su padre Jacob les dijo: «Me dejáis sin hijos: Falta José, falta Simeón, y encima vais a quitarme a Benjamín. Esto acabará conmigo.»
37 Dijo Rubén a su padre: «Que mueran mis dos hijos si no te lo traemos. Confíalo a mí y yo te lo devolveré.»
38 Replicó: «No bajará mi hijo con vosotros, pues su hermano está muerto y sólo me queda él. Si le ocurre cualquier desgracia en ese viaje que vais a hacer, entonces haríais bajar mi vejez con pena al seol.»
Reflexión del capítulo 42
El capítulo cuadragesimosegundo comienza a cumplir los sueños de José. El hambre llega también a Canaán, y Jacob envía a sus hijos a Egipto a comprar trigo, reteniendo en casa a Benjamín. Los diez hermanos llegan ante el virrey sin reconocerlo, y se postran rostro en tierra. José, en cambio, los reconoce al instante, y el recuerdo de lo que le hicieron lo conmueve y lo turba. Sin embargo, no se descubre: quiere probarlos y ver si han cambiado.
Entonces los acusa de ser espías y los somete a un interrogatorio severo. Les exige que traigan a su hermano menor como prueba de que dicen la verdad, y retiene a Simeón en prisión. Los hermanos, sin saber que José los entiende, comentan entre ellos: ciertamente somos culpables por lo que hicimos a nuestro hermano, y por eso nos llega esta angustia. Es la primera señal de la conciencia que despierta. Además, al abrir sus sacos descubren que el dinero ha sido devuelto, y el miedo los invade. De vuelta en casa, cuentan todo a Jacob, que se hunde en la tristeza: me habéis privado de mis hijos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuando la conciencia te acuse por algo que hiciste mal, no la acalles: es una gracia. Escúchala y da el paso de reparar. Y si estás en una situación que te obliga a mirar tu pasado, no huyas: Dios usa también esas pruebas para sacar a la luz lo que necesita ser sanado y perdonado. El arrepentimiento es el comienzo de la libertad.
Oración
Señor, tú usas incluso nuestras pruebas para despertar la conciencia y sanar el pasado. Dame la humildad de reconocer mis culpas y la valentía de reparar el daño que he hecho. Y que sepa pedir perdón a quien he ofendido. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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