Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 10 de 50Capítulo 10
1 Esta es la descendencia de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, a quienes les nacieron hijos después del diluvio:
2 Hijos de Jafet: Gomer, Magog, los medos, Yaván, Túbal, Mések y Tirás.
3 Hijos de Gomer: Askanaz, Rifat, Togarmá.
4 Hijos de Yaván: Elisá, Tarsis, los Kittim y los Dodanim.
5 A partir de éstos se poblaron las islas de las gentes. Estos fueron los hijos de Jafet por sus territorios y lenguas, por sus linajes y naciones respectivas.
6 Hijos de Cam: Kus, Misráyim, Put y Canaán.
7 Hijos de Kus: Seba, Javilá, Sabtá, Ramá y Sabteká. Hijos de Ramá: Seba y Dedán.
8 Kus engendró a Nemrod, que fue el primero que se hizo prepotente en la tierra.
9 Fue un bravo cazador delante de Yahveh, por lo cual se suele decir: «Bravo cazador delante de Yahveh, como Nemrod.»
10 Los comienzos de su reino fueron Babel, Erek y Acad, ciudades todas ellas en tierra de Senaar.
11 De aquella tierra procedía Asur, que edificó Nínive, Rejobot Ir, Kálaj
12 y Resen, entre Nínive y Kálaj (aquella es la Gran Ciudad).
13 Misráyim engendró a los luditas, anamitas, lehabitas y naftujitas,
14 a los de Patrós, de Kasluj y de Kaftor, de donde salieron los filisteos.
15 Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Het,
16 al jebuseo, al amorreo, al guirgasita,
17 al jivita, al arqueo, al sineo,
18 al arvadeo, al semareo y al jamateo. Más tarde se propagaron las estirpes cananeas.
19 La frontera de los cananeos iba desde Sidón, en dirección de Guerar, hasta Gaza; y en dirección de Sodoma, Gomorra, Admá y Seboyim, hasta Lesa.
20 Estos fueron los hijos de Cam, según sus linajes y lenguas, por sus territorios y naciones respectivas.
21 También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Héber y hermano mayor de Jafet.
22 Hijos de Sem: Elam, Asur, Aparksad, Lud y Aram.
23 Hijos de Aram: Us, Jul, Guéter y Mas.
24 Arpaksad engendró a Sélaj y Sélaj engendró a Héber.
25 A Héber le nacieron dos hijos: el nombre de uno fue Péleg, porque en sus días fue divida la tierra. Su hermano se llamaba Yoqtán.
26 Yoqtán engendró a Almodad, a Selef, a Jasarmávet, a Yéraj,
27 a Hadoram, a Uzal, a Diclá,
28 a Obal, a Abimael, a Sebá,
29 a Ofir, a Javilá y a Yobab. Todos fueron hijos de Yoqtán.
30 Su asiento se extendió desde Mesá, en dirección a Sefar, al monte del oriente.
31 Estos fueron los hijos de Sem, según sus linajes y lenguas, por sus territorios y naciones respectivas.
32 Hasta aquí los linajes de los hijos de Noé, según su origen y sus naciones. Y a partir de ellos se dispersaron los pueblos por la tierra después del diluvio.
Reflexión del capítulo 10
El capítulo décimo, la llamada tabla de las naciones, enumera los pueblos que descienden de los tres hijos de Noé, esto es, de Sem, Cam y Jafet. A primera vista es una lista geográfica, pero su mensaje es teológico y sorprendentemente actual: toda la humanidad, con sus lenguas, territorios y culturas, procede de una sola raíz. No hay pueblos superiores ni razas puras; hay una familia humana, diversa y común. Frente a los relatos antiguos que divinizaban a los reyes y a las naciones, aquí los pueblos son simplemente criaturas de Dios.
El texto subraya además que cada pueblo recibió su territorio y su lengua, y que la dispersión no fue solo un castigo, sino también un modo de poblar la tierra según la bendición dada a Noé. Dios no es el Dios de un solo rincón del mundo: es el Señor de todos los pueblos, y su providencia alcanza incluso a los que no lo conocen. Esta página prepara la misión universal, porque la promesa hecha a Abraham abarcará a todas las familias de la tierra, es decir, a todas estas naciones aquí enumeradas.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Reconoce hoy la dignidad de quien es distinto a ti: otra nacionalidad, otra lengua, otra cultura, otra clase social. Reza por algún pueblo o país que la actualidad te presente y que tal vez juzgues con dureza. Recuerda que todos venimos de la misma raíz y que Dios quiere bendecir a todas las familias de la tierra. Si puedes, aprende algo de su cultura o su lengua: es una forma de amar lo que Dios creó diverso.
Oración
Padre de todos los pueblos, tú has hecho de la humanidad una sola familia. Perdona mis prejuicios y enséñame a mirar a cada persona y a cada cultura con respeto, como parte de tu plan de salvación. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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