Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 7 de 50Capítulo 7
1 Yahveh dijo a Noé: «Entra en el arca tú y toda tu casa, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación.
2 De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, el macho con su hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, el macho con su hembra.
3 (Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras) para que sobreviva la casta sobre la haz de toda la tierra.
4 Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la haz del suelo todos los seres que hice.»
5 Y Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahveh.
6 Noé contaba seiscientos años cuando acaeció el diluvio, las aguas, sobre la tierra.
7 Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de las aguas del diluvio.
8 (De los animales puros, y de los animales que no son puros, y de las aves, y de todo lo que serpea por el suelo,
9 sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Dios a Noé.)
10 A la semana, las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.
11 El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, en ese día saltaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron,
12 y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.
13 En aquel mismo día entró Noé en el arca, como también los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos;
14 y con ellos los animales de cada especie, los ganados de cada especie, las sierpes de cada especie que reptan sobre la tierra, y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados;
15 entraron con Noé en el arca sendas parejas de toda carne en que hay aliento de vida,
16 y los que iban entrando eran macho y hembra de toda carne, como Dios se lo había mandado. Y Yahveh cerró la puerta detrás de Noé.
17 El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Crecieron las aguas y levantaron el arca que se alzó de encima de la tierra.
18 Subió el nivel de las aguas y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas.
19 Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo.
20 Quince codos por encima subió el nivel de las aguas quedando cubiertos los montes.
21 Pereció toda carne: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, y toda la humanidad.
22 Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió.
23 Yahveh exterminó todo ser que había sobre la haz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta las sierpes y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca.
24 Las aguas inundaron la tierra por espacio de 150 días.
Reflexión del capítulo 7
El capítulo séptimo narra el diluvio. Dios ordena a Noé entrar en el arca con su familia y los animales, y las aguas cubren la tierra. El relato es sobrecogedor: las fuentes del abismo se abren, las compuertas del cielo se desbordan, y todo lo que tenía aliento de vida perece. Es la imagen del juicio de Dios sobre un mundo que se destruyó a sí mismo por la violencia. Pero en medio del cataclismo hay un espacio cerrado y seguro: el arca, donde la vida se conserva.
La tradición cristiana ha visto en el arca una figura de la Iglesia y del bautismo: la única barca que salva en medio del diluvio, el agua que sepulta el pecado y da paso a una vida nueva. El texto repite que Noé hizo todo lo que Dios le mandó, y esa obediencia es la que sostiene a su familia. Las aguas no son solo castigo; son también purificación. Cuando todo se derrumba, quien se refugia en la palabra de Dios encuentra un suelo firme. El diluvio dura, pero no para siempre: la promesa espera al otro lado.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Identifica hoy tu arca: aquello que te mantiene a salvo cuando todo se tambalea. Puede ser la oración diaria, la misa, una amistad sana, la Escritura. Dedícale tiempo real, no migajas. Y si estás pasando por un diluvio personal, recuerda que las aguas también purifican: no te aísles, refúgiate en Dios y en su Iglesia. Aunque el temporal parezca no acabar, confía en que él ya prepara la orilla.
Oración
Señor, cuando las aguas me rodean y todo parece perderse, sé tú mi refugio. Purifica mi vida de lo que me destruye y concédeme atravesar el diluvio sostenido por tu palabra y llegar a la orilla que me preparas. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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