Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 26

1 Hubo hambre en el país - aparte de la primera que tuvo lugar en tiempo de Abraham - y fue Isaac a Guerar, a donde Abimélek, rey de los filisteos.

2 Yahveh se le apareció y le dijo: «No bajes a Egipto. Quédate en la tierra que yo te indique.

3 Reside en esta tierra, y yo te asistiré y bendeciré; porque a ti y a tu descendencia he de dar todas estas tierras, y mantendré el juramento que hice a tu padre Abraham.

4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras. Y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra,

5 en pago de que Abraham me obedeció y guardó mis observancias, mis mandamientos, mis preceptos y mis instrucciones.»

6 Establecíose, pues, Isaac en Guerar.

7 Los del lugar le preguntaban por su mujer, y él decía: «Es mi hermana.» En efecto, le daba reparo decir: «Es mi mujer», no fuesen a matarle los del lugar por causa de Rebeca, ya que ella era de buen ver.

8 Ya llevaba largo tiempo allí, cuando aconteció que Abimélek, rey de los filisteos, atisbando por una ventana, observó que Isaac estaba solazándose con su mujer Rebeca.

9 Llama Abimélek a Isaac y le dice: ¡Con que es tu mujer! ¿Pues cómo has venido diciendo: Es mi hermana?» Dícele Isaac: «Es que me dije: A ver si voy a morir por causa de ella.»

10 Replicó Abimélek: «¿Qué es lo que nos has hecho? Si por acaso llega a acostarse cualquiera del pueblo con tu mujer, tú nos habrías echado la culpa.»

11 Entonces Abimélek ordenó a todo el pueblo: «Quien tocare a este hombre o a su mujer, morirá sin remedio.»

12 Isaac sembró en aquella tierra, y cosechó aquel año el ciento por uno. Yahveh le bendecía

13 y el hombre se enriquecía, se iba enriqueciendo más y más hasta que se hizo riquísimo.

14 Tenía rebaños de ovejas y vacadas y copiosa servidumbre. Los filisteos le tenían envidia.

15 Todos los pozos que habían cavado los siervos de su padre - en tiempos de su padre Abraham - los habían cegado los filisteos, llenándolos de tierra.

16 Entonces Abimélek dijo a Isaac: «Apártate de nuestro lado, porque te has hecho mucho más poderoso que nosotros.»

17 Isaac se fue de allí y acampó en la vaguada de Guerar, estableciéndose allí.

18 Isaac volvió a cavar los pozos de agua que habían cavado los siervos de su padre Abraham, y que los filisteos habián cegado después de la muerte de Abraham, y les puso los mismos nombres que les había puesto su padre.

19 Cavaron los siervos de Isaac en la vaguada y encontraron allí un pozo de aguas vivas.

20 Pero riñeron los pastores de Guerar con los pastores de Isaac, diciendo: «El agua es nuestra.» El llamó al pozo Eseq, ya que se habían querellado con él.

21 Excavaron otro pozo, y también riñeron por él: lo llamó Sitná.

22 Partió de allí y cavó otro pozo, y ya no riñeron por él: lo llamó Rejobot, y dijo: «Ahora Yahveh nos ha dado desahogo, y prosperaremos en esta tierra.

23 De allí subió a Berseba.

24 Yahveh se le apareció aquella noche y dijo: «Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No temas, porque yo estoy contigo. Te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham, mi siervo.»

25 Allí construyó un altar e invocó el nombre de Yahveh. Allí desplegó su tienda, y los siervos de Isaac perforaron allí un pozo.

26 Entonces Abimélek fue a donde él desde Guerar, con Ajuzat, uno de sus familiares, y Pikol, capitán de su tropa.

27 Díceles Isaac: «¿Cómo es que venís a mí. vosotros que me odiáis y me habéis echado de vuestra compañía?»

28 Contestaron ellos: «Hemos visto claramente que Yahveh se ha puesto de tu parte, y hemos dicho: "Ea, haya un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y vamos a hacer un pacto contigo,

29 de que no nos harás mal, como tampoco nosotros te hemos tocado a ti; no te hemos hecho sino bien, y te hemos dejado ir en paz, ¡oh bendito de Yahveh!"»

30 El les dio un banquete, y comieron y bebieron.

31 De madrugada, se levantaron y se hicieron mutuo juramento; luego Isaac les despidió, y se fueron en paz de su lado.

32 Aquel mismo día llegaron unos siervos de Isaac y le dieron la noticia del pozo que habían cavado, diciéndole: «Hemos hallado agua.»

33 El lo llamó Seba, de donde el nombre de la ciudad de Berseba, hasta la fecha.

34 Cuando Esaú tenía cuarenta años, tomó por mujeres a Judit, hija de Beerí el hitita, y a Basmat, hija de Elón el hitita,

35 las cuales fueron amargura para Isaac y Rebeca.

Reflexión del capítulo 26

El capítulo vigesimosexto repite, casi como un espejo, la historia de Abraham. Hay hambre en el país, e Isaac se traslada a Guerar. Dios le confirma la promesa hecha a su padre: estaré contigo y bendeciré a tu descendencia. Pero también Isaac repite el error paterno: por miedo, presenta a Rebeca como su hermana, y el rey Abimélek lo descubre y lo reprende. Los hijos heredan no solo las bendiciones, sino también las debilidades de sus padres, y están llamados a romper esa cadena.

La segunda parte del capítulo es un canto a la paz. Isaac cava pozos y los pastores de Guerar se los disputan; en lugar de pelear, Isaac se retira una y otra vez, y da a los pozos nombres que expresan su experiencia: disputa, enemistad y, finalmente, espacio amplio, porque ahora Dios nos ha dado espacio. Al final, Abimélek busca la paz con él, reconociendo que el Señor lo acompaña. Isaac construye un altar y planta un tamarisco. La mansedumbre y la confianza en Dios son más fecundas que la violencia.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Detecta hoy qué patrón negativo has heredado de tu familia: una manera de reaccionar, un miedo, una costumbre que no quieres repetir. Pídele a Dios la gracia de romper esa cadena y actúa de forma distinta. Y ante un conflicto, prueba a ceder terreno como Isaac: a veces la paz vale más que tener razón. Abre pozos de encuentro en lugar de disputas.

Oración

Dios de paz, tú bendices a los que buscan la concordia y no la venganza. Dame la humildad de ceder cuando sea necesario y la confianza de saber que tú me das espacio. Que construya paz a mi alrededor. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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