Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 6

1 Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la haz de la tierra y les nacieron hijas,

2 vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres les venían bien, y tomaron por mujeres a las que preferían de entre todas ellas.

3 Entonces dijo Yahveh: «No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean 120 años.»

4 Los nefilim existían en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos.

5 Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo,

6 le pesó a Yahveh de haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón.

7 Y dijo Yahveh: «Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado, - desde el hombre hasta los ganados, las sierpes, y hasta las aves del cielo - porque me pesa harberlos hecho.»

8 Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahveh.

9 Esta es la historia de Noé: Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios.

10 Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet.

11 La tierra estaba corrompida en la presencia de Dios: la tierra se llenó de violencias.

12 Dios miró a la tierra, y he aquí que estaba viciada, porque toda carne tenía una conducta viciosa sobre la tierra.

13 Dijo, pues, Dios a Noé: «He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a esterminarlos de la tierra.

14 Hazte un arca de maderas resinosas. Haces el arca de cañizo y la calafateas por dentro y por fuera con betún.

15 Así es como la harás: longitud del arca, trescientos codos; su anchura, cincuenta codos; y su altura, treinta codos.

16 Haces al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima, pones la puerta del arca en su costado, y haces un primer piso, un segundo y un tercero.

17 «Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá.

18 Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo.

19 Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra.

20 De cada especie de aves, de cada especie de ganados, de cada especie de sierpes del suelo entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir.

21 Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida at ti y a ellos.»

22 Así lo hizo Noé y ejecutó todo lo que le había mandado Dios.

Reflexión del capítulo 6

El capítulo sexto describe una humanidad que se ha corrompido. Los «hijos de Dios» se unen a las hijas de los hombres, y la violencia llena la tierra; el texto llega a decir que Dios se arrepiente de haber creado al ser humano y siente dolor en su corazón. No es un Dios frío que ejecuta sentencias, sino un Padre herido por el mal que sus criaturas eligen. La corrupción no es un detalle: «toda la tierra estaba corrompida»; la injusticia se ha vuelto sistema.

En medio de ese panorama, una frase cambia el rumbo: Noé encontró favor ante el Señor. Es un justo, íntegro, que camina con Dios. La salvación no viene de la multitud ni del poder, sino de un corazón fiel. Dios le confía un proyecto absurdo a los ojos humanos: construir un arca en tierra seca. Noé no discute ni pide garantías; «hizo todo lo que Dios le había mandado». El capítulo enseña dos verdades: que el mal tiene consecuencias reales y que la obediencia humilde de uno solo puede abrir un futuro para muchos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando el mal ambiente parezca inevitable, recuerda que tu fidelidad cuenta. Elige hoy un ámbito donde puedas ser justo sin ruido: tu familia, tu trabajo, tu grupo de amigos. No te contamines con lo que todos hacen y haz lo que Dios te pide aunque parezca inútil. La obediencia de Noé empezó con un martillo, no con un milagro. No te compares con quienes obran mal: compara tu vida de hoy con la de ayer y sigue construyendo tu arca.

Oración

Señor, tú ves la corrupción del mundo y también mi corazón dividido. Dame la entereza de Noé para caminar contigo cuando nadie más lo hace, y la humildad de obedecerte aunque no entienda tus caminos. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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