Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 3

1 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?»

2 Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín.

3 Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.»

4 Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis.

5 Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.»

6 Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió.

7 Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores.

8 Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín.

9 Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?»

10 Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.»

11 El replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?»

12 Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.»

13 Dijo, pues, Yahveh Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Y contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.»

14 Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

15 Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.»

16 A la mujer le dijo: «Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará.

17 Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida.

18 Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo.

19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

20 El hombre llamó a su mujer «Eva», por ser ella la madre de todos los vivientes.

21 Yahveh Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de piel y los vistió.

22 Y dijo Yahveh Dios: «¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal! Ahora, pues, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre.»

23 Y le echó Yahveh Dios del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde habiá sido tomado.

24 Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.

Reflexión del capítulo 3

El capítulo tercero es la página más dramática de los orígenes. La serpiente, astuta y mentirosa, no niega a Dios: siembra la duda. «¿Es verdad que Dios ha dicho...?». La tentación no empieza por el fruto, sino por la desconfianza en la bondad del Creador. Eva y Adán comen, y sus ojos se abren, pero no a la libertad soñada, sino a la vergüenza: descubren su desnudez, se esconden de Dios y se acusan mutuamente. El pecado rompe las tres relaciones fundamentales: con Dios, con el otro y con la creación.

Dios, sin embargo, no abandona. Sale a buscar al hombre con una pregunta paternal: «¿Dónde estás?». Y en medio del juicio pronuncia la primera promesa de salvación: la descendencia de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente. Es el llamado protoevangelio, la buena noticia escondida en el castigo. La tradición cristiana ha leído aquí a Cristo, nuevo Adán, y a María, nueva Eva, cuyo sí deshace el no del Edén. El paraíso se cierra, pero no para siempre: la historia de la salvación acaba de comenzar.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Reconoce hoy alguna área donde prefieres tu criterio al de Dios, sin dramatizar. Nombra tu propia «serpiente»: la excusa, la comparación, la comodidad que te aleja. Pide perdón en una oración sencilla y, si puedes, acércate al sacramento de la reconciliación. Dios no te espera para castigarte, sino para devolverte la paz que perdiste. No esperes a sentirte digno: la misericordia llega antes que nuestros méritos. Da hoy ese paso pequeño y deja que Dios haga el resto.

Oración

Jesús, nuevo Adán, ten piedad de mí. Sana el corazón herido por el pecado y restaura en mí la imagen tuya que oscurecí. Que no huya de ti, sino que escuche tu voz que me busca. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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