Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 11

1 Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras.

2 Al desplazarse la humanidad desde oriente, hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron.

3 Entonces se dijeron el uno al otro: «Ea, vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego.» Así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa.

4 Después dijeron: «Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra.»

5 Bajó Yahveh a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos,

6 y dijo Yahveh: «He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y este es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible.

7 Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo.»

8 Y desde aquel punto los desperdigó Yahveh por toda la haz de la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

9 Por eso se la llamó Babel; porque allí embrolló Yahveh el lenguaje de todo el mundo, y desde allí los desperdigó Yahveh por toda la haz de la tierra.

10 Estos son los descendientes de Sem: Sem tenía cien años cuando engendró a Arpaksad, dos años después del diluvio.

11 Vivió Sem, después de engendrar a Arpaksad, quinientos años, y engendró hijos e hijas.

12 Arpaksad era de 35 años de edad cuando engendró a Sélaj.

13 Y vivió Arpaksad, después de engendrar a Sélaj, 403 años, y engendró hijos e hijas.

14 Era Sélaj de treinta años cuando engendró a Héber.

15 Y vivió Sélaj, después de engendrar a Héber, 403 años, y engendró hijos e hijas.

16 Era Héber de 34 años cuando engendró a Péleg.

17 Y vivió Héber después de engendrar a Péleg 430 años, y engendró hijos e hijas.

18 Era Péleg de treinta años cuando engendró a Reú.

19 Y vivió Péleg, después de engendrar a Reú, 209 años, y engendró hijos e hijas.

20 Era Reú de 32 años cuando engendró a Serug.

21 Y vivió Reú después de engendrar a Serug, 207 años, y engendró hijos e hijas.

22 Era Serug de treinta años cuando engendró a Najor.

23 Y vivió Serug, después de engendrar a Najor, doscientos años, y engendró hijos e hijas.

24 Era Najor de veintinueve años cuando engendró a Téraj.

25 Y vivió Najor, después de engendrar a Téraj, 119 años, y engendró hijos e hijas.

26 Era Téraj de setenta años cuando engendró a Abram, a Najor y a Harán.

27 Estos, son los descendientes de Téraj: Téraj engendró a Abram, a Najor y a Harán. Harán engendró a Lot.

28 Harán murió en vida de su padre Téraj, en su país natal, Ur de los caldeos.

29 Abram y Najor se casaron. La mujer de Abram se llamaba Saray, y la mujer de Najor, Milká, hija de Harán, el padre de Milká y de Jiská.

30 Saray era estéril, sin hijos.

31 Téraj tomó a su hijo Abram, a su nieto Lot, el hijo de Harán, y a su nuera Saray, la mujer de su hijo Abram, y salieron juntos de Ur de los caldeos, para dirigirse a Canaán. Llegados a Jarán, se establecieron allí.

32 Fueron los días de Téraj 205 años, y murió en Jarán.

Reflexión del capítulo 11

El capítulo undécimo narra la torre de Babel, la última escena de la historia de los orígenes. Los hombres, que hablan una sola lengua, deciden construir una ciudad y una torre que llegue al cielo para hacerse un nombre y no dispersarse. Es el proyecto de una humanidad que quiere ser dios de sí misma, segura y uniforme. Pero Dios confunde sus lenguas, y el proyecto se derrumba: no pueden entenderse y se dispersan por la tierra. Babel significa confusión, y la ciudad que pretendía unir acaba dividiendo.

El capítulo es una advertencia permanente contra toda pretensión de construir la unidad al margen de Dios, sea un imperio, una ideología o una técnica sin límites. Sin embargo, la página no termina en fracaso. La segunda parte traza la genealogía de Sem hasta Téraj, el padre de Abram, y se detiene en Jarán. En medio de la dispersión, Dios prepara silenciosamente su respuesta: de esa familia anónima saldrá el hombre por quien vendrá la bendición. Donde los hombres se dispersan, Dios comienza a reunir.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina hoy qué torres levantas para asegurarte un nombre: el éxito, la imagen, el control, la necesidad de tener razón. Pregúntate si construyes para Dios o para ti. Después elige un gesto de humildad —pedir ayuda, ceder, callar— que reconozca que la unidad no se fabrica, se recibe. Y reza por la unidad de la Iglesia y de tu familia.

Oración

Señor, confunde en mí toda pretensión de ser dios de mi propia vida. Líbrame del orgullo de Babel y enséñame a construir contigo, desde la humildad, la unidad que solo tú puedes dar. Que busque tu gloria y no la mía. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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