Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 19

1 Los dos ángeles llegaron a Sodoma por la tarde. Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó a su encuentro y postrándose rostro en tierra,

2 dijo: «Ea, señores, por favor, desviaos hacia la casa de este servidor vuestro. Hacéis noche, os laváis los pies, y de madrugada seguiréis vuestro camino.» Ellos dijeron: «No; haremos noche en la plaza.»

3 Pero tanto porfió con ellos, que al fin se hospedaron en su casa. El les prepraró una comida cociendo unos panes cenceños y comieron.

4 No bien se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo sin excepción.

5 Llamaron a voces a Lot y le dijeron: «¿Dónde están los hombres que han venido donde ti esta noche? Sácalos, para que abusemos de ellos.»

6 Lot salió donde ellos a la entrada, cerró la puerta detrás de sí,

7 y dijo: «Por favor, hermanos, no hagáis esta maldad.

8 Mirad, aquí tengo dos hijas que aún no han conocido varón. Os las sacaré y haced con ellas como bien os parezca; pero a estos hombres no les hagáis nada, que para eso han venido al amparo de mi techo.»

9 Mas ellos respondieron: «¡Quita allá! Uno que ha venido a avencindarse, ¿va a meterse a juez? Ahora te trataremos a ti peor que a ellos.» Y forcejearon con él, con Lot, de tal modo que estaban a punto de romper la puerta.

10 Pero los hombres alargaron las manos, tiraron de Lot hacia sí, adentro de la casa, cerraron la puerta,

11 y a los hombres que estaban a la entrada de la casa les dejaron deslumbrados desde el chico hasta el grande, y mal se vieron para encontrar la entrada.

12 Los hombres dijeron a Lot: «¿A quién más tienes aquí? Saca de este lugar a tus hijos e hijas y a quienquiera que tengas en la ciudad,

13 porque vamos a destruir este lugar, que es grande el clamor de ellos en la presencia de Yahveh, y Yahveh nos ha enviado a destruirlos.»

14 Salió Lot y habló con sus yernos, los prometidos de sus hijas: «Levantaos, dijo, salid de este lugar, porque Yahveh va a destruir la ciudad.» Pero sus yernos le tomaron a broma.

15 Al rayar el alba, los ángeles apremiaron a Lot diciendo: «Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que se encuentran aquí, no vayas a ser barrido por la culpa de la ciudad.»

16 Y como él remoloneaba, los hombres le asieron de la mano lo mismo que a su mujer y a sus dos hijas por compasión de Yahveh hacia él, y sacándole le dejaron fuera de la ciudad.

17 Mientras los sacaban afuera, dijo uno: «¡Escápate, por vida tuya! No mires atrás ni te pares en toda la redonda. Escapa al monte, no vayas a ser barrido.»

18 Lot les dijo: «No, por favor, Señor mío.

19 Ya que este servidor tuyo te ha caído en gracia, y me has hecho el gran favor de dejarme con vida, mira que no puedo escaparme al monte sin riesgo de que me alcance el daño y la muerte.

20 Ahí cerquita está esa ciudad a donde huir. Es una pequeñez. ¡Ea, voy a escaparme allá - ¿verdad que es una pequeñez? - y quedaré con vida!»

21 Díjole: «Bien, te concedo también eso de no arrasar la ciudad que has dicho.

22 Listo, escápate allá, porque no puedo hacer nada hasta que no entres allí.» Por eso se llamó aquella ciudad Soar.

23 El sol asomaba sobre el horizonte cuando Lot entraba en Soar.

24 Entonces Yahveh hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahveh.

25 Y arrasó aquellas ciudades, y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetacíon del suelo.

26 Su mujer miró hacia atrás y se volvió poste de sal.

27 Levantóse Abraham de madrugada y fue al lugar donde había estado en presencia de Yahveh.

28 Dirigió la vista en direción de Sodoma y Gomorra y de toda la región de la redonda, miró, y he aquí que subía una humareda de la tierra cual la de una fogata.

29 Así pues, cuando Dios destruyó las ciudades de la redonda, se acordó de Abraham y puso a Lot a salvo de la catástrofe, cuando arrasó las ciudades en que Lot habitaba.

30 Subió Lot desde Soar y se quedó a vivir en el monte con sus dos hijas, temeroso de vivir en Soar. El y sus dos hijas se instalaron en una cueva.

31 La mayor dijo a la pequeña: «Nuestro padre es viejo y no hay ningún hombre en el país que se una a nosotras, como se hace en todo el mundo.

32 Ven, vamos a propinarle vino a nuestro padre, nos acostaremos con él y así engendraremos descendencia.»

33 En efecto, propinaron vino a su padre aquella misma noche, y entró la mayor y se acostó con su padre, sin que él se enterase de cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó.

34 Al día siguiente dijo la mayor a la pequeña: «Mira, yo me he acostado anoche con mi padre. Vamos a propinarle vino también esta noche, y entras tú a acostarte con él, y así engendraremos de nuestro padre descendencia.»

35 Propinaron, pues, también aquella noche vino a su padre, y levantándose la pequeña se acostó con él, sin que él se enterase de cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó.

36 Las dos hijas de Lot quedaron encinta de su padre.

37 La mayor dio a luz un hijo, ye le llamó Moab: es el padre de los actuales moabitas.

38 La pequeña también dio a luz un hijo, ye le llamó Ben Ammí: es el padre de los actuales ammonitas.

Reflexión del capítulo 19

El capítulo decimonoveno narra la destrucción de Sodoma. Dos ángeles llegan a la ciudad y Lot los acoge, pero los habitantes, movidos por una violencia depravada, quieren abusar de ellos. La ciudad ha convertido el mal en norma y ya no distingue el bien. Los ángeles sacan a Lot y a su familia y les ordenan no mirar atrás. La mujer de Lot, sin embargo, se vuelve, y queda convertida en estatua de sal: el corazón que sigue apegado a lo que deja no puede avanzar hacia la salvación.

La escena final es dura y triste: las hijas de Lot, para tener descendencia, emborrachan a su padre, y de esa unión nacen Moab y Amón, los pueblos vecinos y rivales de Israel. El texto no disimula las miserias de sus personajes. La lección es clara: el mal destruye cuando se acepta como normal, y Dios salva al justo, pero exige salir de él sin nostalgia. La misericordia de Dios es real, y también lo es la seriedad de nuestras decisiones.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina si en tu vida hay algún ambiente o costumbre que, poco a poco, ha vuelto normal lo que no lo es. Pide a Dios lucidez para reconocerlo. Y si tienes que dejar atrás algo dañino —una amistad, un vicio, una dinámica familiar—, no mires atrás con nostalgia. Camina hacia delante, aunque duela, confiando en que Dios te saca de allí. La libertad empieza el día en que dejas de volver la vista al pasado que te hacía daño.

Oración

Señor, tú sacas al justo del peligro y no te complaces en la muerte del pecador. Dame la valentía de salir del mal sin mirar atrás y un corazón que no se acostumbre a lo que te ofende. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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