Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 36

1 Este es el linaje de Esaú, o sea Edom.

2 Esaú tomó a sus mujeres de entre las cananeas: a Adá, hija de Elón el hitita, a Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibeón el jorita,

3 y a Basmat, hija de Ismael, la hermana de Nebayot.

4 Adá dio a luz para Esaú a Elifaz, Basmat le dio a Reuel.

5 Oholibamá le dio a Yeús, Yalam y Coré. Estos son los hijos que le nacieron a Esaú en Canaán.

6 Esaú tomó a sus mujeres, hijos e hijas y a todas la personas de su casa, su ganado, todas sus bestias y toda la hacienda que había logrado en territorio cananeo, y se fue al país de Seír, enfrente de su hermano Jacob,

7 porque los bienes de entrambos eran demasiados para poder vivir juntos, y el país donde residían no daba abasto para tanto ganado como tenían.

8 Esaú se estableció, pues, en la tierra de Seír. Esaú es Edom.

9 Estos son los descendientes de Esaú, padre de Edom, en la montaña de Seír,

10 y éstos los nombres de sus hijos: Elifaz, hijo de Adá, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basmat, mujer de Esaú.

11 Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó, Gaetam y Quenaz.

12 Timná fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, y dio a luz a Amalec. Estos son los descendientes de Adá, mujer de Esaú.

13 Y estos son los hijos de Reuel: Nájat, Zéraj, Sammá y Mizzá. Estos son los descendientes de Basmat, mujer de Esaú.

14 Los hijos de la mujer de Esaú, Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibeón, que ella dio a luz a Esaú, fueron éstos: Yeús, Yalam y Coré.

15 He aquí los jeques de los hijos de Esaú. De los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: el jeque Temán, el jeque Omar, el jeque Sefó, el jeque Quenaz,

16 el jeque Gaetam, el jeque Amalec. Estos son los jeques de Elifaz, en el país de Edom, y éstos los descendientes de Adá.

17 Los hijos de Reuel, hijo de Esaú, fueron: el jeque Najat, el jeque Zéraj, el jeque Sammá, el jeque Mizzá. Estos son los jeque de Reuel, en el país de Edom; y éstos los descendientes de Basmat, mujer de Esaú.

18 Los hijos de Oholibamá, mujer de Esaú, fueron: el jeque Yeús, el jeque Yalam, el jeque Coré. Estos son los jeques de Oholibamá, hija de Aná, mujer de Esaú.

19 Estos son los hijos de Esaú y éstos sus jeques, los de Edom.

20 He aquí los hijos de Seír el jorita, que habitaban en aquella tierra: Lotán, Sobal, Sibeón, Aná,

21 Disón, Eser y Disán. Estos son los jeques de los joritas, hijos de Seír, en el país de Edom.

22 Los hijos de Lotán fueron: Jorí y Hemam, y hermana de Lotán fue Timná.

23 Los hijos de Sobal fueron: Alván, Manájat, Ebal, Sefó y Onam.

24 Los hijos de Sibeón: Ayyá y Aná. Este es el mismo Aná que encontró las aguas termales en el desierto, cuando apacentaba los asnos de su padre Sibeón.

25 Los hijos de Aná: Disón y Oholibamá, hijo de Aná.

26 Los hijos de Disón: Jemdán, Esbán, Yitrán y Kerán.

27 Los hijos de Eser: Bilhán, Zaaván y Acán.

28 Los hijos de Disán: Us y Arán.

29 Estos son los jeques joritas: el jeque Lotán, el jeque Sobal, el jeque Sibeón, el jeque Aná,

30 el jeque Disón, el jeque Eser, el jeque Disán. Estos son los jeques joritas según sus clanes en el país de Seír.

31 Estos son los reyes que reinaron en Edom, antes de reinar rey alguno de los israelitas.

32 Reinó en Edom Belá, hijo de Beor; y el nombre de su ciudad era Dinhabá.

33 Murió Belá, y reinó en su lugar Yobab, hijo de Zéraj, de Bosrá.

34 Murió Yobab, y reinó en su lugar Jusam, del país de los temanitas.

35 Murió Jusam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad era Avit.

36 Murió Hadad, y reinó en su lugar Samlá de Masrecá.

37 Murió Samlá, y reinó en su lugar Saúl, de Rejobot del Río.

38 Murió Saúl, y reinó en su lugar Baal Janán hijo de Akbor.

39 Murió Baal Janán hijo de Akbor, y reinó en su lugar Hadad; el nombre de su ciudad era Pau, y el nombre de su mujer, Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezahab.

40 Estos son los nombres de los jeques de Esaú, según sus familias y territorios y por sus nombres. El jeque Timná, el jeque Alvá, el jeque Yetet,

41 el jeque Oholibamá, el jeque Elá, el jeque Pinón.

42 el jeque Quenaz, el jeque Temán, el jeque Mibsar,

43 el jeque Magdiel, el jeque Iram. Estos son los jeques de Edom, según sus moradas, en las tierras que ocupan. Este es Esaú padre de Edom.

Reflexión del capítulo 36

El capítulo trigesimosexto está dedicado por completo a la descendencia de Esaú, es decir, de Edom. A primera vista es una lista de nombres y de clanes, y podríamos preguntarnos por qué la Biblia dedica tanto espacio a una rama que no lleva la promesa. Pero precisamente ahí está su mensaje: Esaú también fue bendecido, y su pueblo creció, se organizó y tuvo reyes antes que Israel. Dios no olvida a nadie, ni siquiera a los que quedan fuera del camino principal de la historia de la salvación.

Además, esta genealogía cumple una función narrativa importante: al cerrar el capítulo de Esaú, el texto prepara el escenario para centrarse definitivamente en Jacob y en José. Israel necesitaba saber quiénes eran sus vecinos, los edomitas, con quienes tendría una relación compleja a lo largo de los siglos. La página recuerda que la historia de la salvación no se desarrolla en el vacío, sino en medio de pueblos reales, con sus conflictos y sus alianzas. Y enseña que Dios es el Señor de todas las naciones, no solo de la suya.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Recuerda hoy que Dios también bendice a quienes no forman parte de tu grupo, de tu familia o de tu comunidad. No te creas el centro de la historia. Reza por los pueblos y las personas que consideras fuera, y alégrate sinceramente de sus logros, sin envidia ni desprecio. La mirada de Dios es más amplia que la tuya. Agradece que él no te mida con la misma vara con que tú mides a otros.

Oración

Señor de todos los pueblos, tú bendices también a quienes no forman parte de mi grupo. Líbrame de creerme el centro del mundo y enséñame a alegrarme del bien de los demás, sin envidia ni desprecio. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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