Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 13 de 50Capítulo 13
1 De Egipto subió Abram al Négueb, junto con su mujer y todo lo suyo, y acompañado de Lot.
2 Abram era muy rico en ganado, plata y oro.
3 Caminando de acampada en acampada se dirigió desde el Négueb hasta Betel, hasta el lugar donde estuvo su tienda entre Betel y Ay,
4 el lugar donde había invocado Abram el nombre de Yahveh.
5 También Lot, que iba con Abram, tenía ovejas, vacadas y tiendas.
6 Ya la tierra no les permitía vivir juntos, porque su hacienda se había multiplicado, de modo que no podían vivir juntos.
7 Hubo riña entre los pastores del ganado de Abram y los del ganado de Lot. (Además los cananeos y los perizitas habitaban por entonces en el país.)
8 Dijo, pues, Abram a Lot: «Ea, no haya disputas entre nosotros ni entre mis pastores y tus pastores, pues somos hermanos.
9 ¿No tienes todo el país por delante? Pues bien, apártate de mi lado. Si tomas por la izquierda, yo iré por la derecha; y si tú por la derecha, yo por la izquierda.»
10 Lot levantó los ojos y vio toda la vega del Jordán, toda ella de regadío - eran antes de destruir Yahveh a Sodoma y Gomorra - como el jardín de Yahveh, como Egipto, hasta llegar a Soar.
11 Eligió, pues, Lot para sí toda la vega del Jordán, y se trasladó al oriente; así se apartaron el uno del otro.
12 Abram se estableció en Canaán y Lot en las ciudades de la vega, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma.
13 Los habitantes de Sodoma eran muy malos y pecadores contra Yahveh.
14 Dijo Yahveh a Abram, después que Lot se separó de él: «Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el oriente y el poniente.
15 Pues bien, toda la tierra que ves te la daré a ti ya tu descendencia por siempre.
16 Haré tu descendencia como el polvo de la tierra: tal que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tu descendencia.
17 Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo he de dar.»
18 Y Abram vino a establecerse con sus tiendas junto a la encina de Mambré, que está en Hebrón, y edificó allí un altar a Yahveh.
Reflexión del capítulo 13
El capítulo decimotercero narra la vuelta de Abram desde Egipto, ya rico en ganado y en oro, acompañado de Lot. La abundancia trae un problema: los pastores de ambos se pelean porque la tierra no alcanza para los dos. Y aquí brilla la grandeza de Abram. Siendo el mayor y el llamado, renuncia a su derecho y ofrece a Lot elegir primero: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha. No se aferra, no calcula, no impone su autoridad; confía en que Dios le dará lo que le corresponde.
Lot elige a los ojos humanos lo mejor, la vega fértil del Jordán, y se instala cerca de Sodoma, una ciudad de la que el texto ya deja entrever la maldad. Abram, en cambio, se queda con la tierra menos atractiva, y precisamente entonces Dios renueva su promesa y le muestra todo el país que dará a su descendencia. La paz y el desprendimiento no empobrecen a Abram: lo enriquecen con la presencia y la palabra de Dios. Quien cede por amor no pierde; gana al que todo lo puede dar.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Busca hoy una ocasión de ceder. En una discusión, en un reparto, en la elección de un plan, deja que el otro escoja primero y hazlo sin resentimiento. Practica la paz como Abram: renunciar a tener razón puede abrirte un espacio mayor para Dios que ganar cualquier disputa. Y si la relación se tensa, propone separarte con respeto antes que pelear.
Oración
Señor, tú que bendices a los que buscan la paz, dame un corazón generoso que sepa ceder. Enséñame a confiar en que tú me darás lo que necesito, sin aferrarme a lo que creo que me corresponde. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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