Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 40

1 Después de estas cosas sucedió que el escanciador y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto.

2 Faraón se enojó contra sus dos eunucos, contra el jefe de los escanciadores y el jefe de los panaderos,

3 y les puso bajo la custodia en casa del jefe de los guardias, en prisión, en el lugar donde estaba detenido José.

4 El jefe de los guardias encargó de ellos a José, para que les sirviese. Así pasaban los diás en presidio.

5 Aconteció que ambos soñaron sendos sueños en una misma noche, cada cual con su sentido propio: el escanciador y el panadero del rey de Egipto que estaban detenidos en la prisión.

6 José vino a ellos por la mañana, y los encontró preocupados.

7 Preguntó, pues, a los eunucos de Faraón, que estaban con él en presidio en casa de su señor: «¿Por qué tenéis hoy mala cara?»

8 «Hemos soñado un sueño - le dijeron - y no hay quien lo interprete.» José les dijo: «¿No son de Dios los sentidos ocultos? Vamos, contádmelo a mí.»

9 El jefe de los escanciadores contó su sueño a José y le dijo: «Voy con mi sueño. Resulta que yo tenía delante una cepa,

10 y en la cepa tres sarmientos, que nada más echar yemas, florecían enseguida y maduraban las uvas en sus racimos.

11 Yo tenía en la mano la copa de Faraón, y tomando aquellas uvas, las exprimía en la copa de Faraón, y ponía la copa en la mano de Faraón.»

12 José dijo: «Esta es la interpretación: los tres sarmientos, son tres días.

13 Dentro de tres días levantará Faraón tu cabeza: te devolverá a tu cargo, y pondrás la copa de Faraón en su mano, lo mismo que antes, cuando eras su escanciador.

14 A ver si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, y me haces el favor de hablar de mí a Faraón para que me saque de esta casa.

15 Pues fui raptado del país de los hebreos, y por lo demás, tampoco aquí hice nada para que me metieran en el pozo.»

16 Vio el jefe panaderos que era buena la interpretación y dijo a José: «Voy con mi sueño: Había tres cestas de pan candeal sobre mi cabeza.

17 En la cesta de arriba había de todo lo que come Faraón de panadería, pero los pájaros se lo comían de la cesta, de encima de mi cabeza.»

18 Respondió José: «Esta es su interpretación. Las tres cestas, son tres días.

19 A vuelta de tres días levantará Faraón tu cabeza y te colgará en un madero, y las aves se comerán la carne que te cubre.»

20 Al tercer día, que era el natalicio de Faraón, dio éste un banquete para todos sus servidores, y levantó la cabeza del jefe de escanciadores y la del jefe depanaderos en presencia de sus siervos.

21 Al jefe de escanciadores le restituyó en su oficio, y volvió a poner la copa en manos de Faraón.

22 En cuanto al jefe de panaderos, le colgó: tal y como les había interpretado José.

23 Pero el jefe de escanciadores no se acordó de José, sino que le echó en olvido.

Reflexión del capítulo 40

El capítulo cuadragésimo transcurre en la cárcel, donde José sirve con la misma fidelidad con que sirvió en casa de Putifar. Dos servidores del rey de Egipto, el copero y el encargado de los panes, tienen sueños que nadie sabe interpretar. José, lejos de atribuirse el don, responde con humildad: ¿no es Dios quien da la interpretación? Y luego explica los sueños: en tres días el copero volverá a su cargo, y el otro será ejecutado. Todo sucede tal como él lo anuncia.

Antes de que el copero salga, José le hace una petición conmovedora: que se acuerde de él y lo mencione ante el rey, para que lo saquen de la prisión, pues fue secuestrado injustamente. Sin embargo, el texto termina con una frase desoladora: el copero se olvidó por completo de él. El justo es olvidado por los hombres, y la promesa parece detenerse. Pero el olvido humano no es olvido de Dios. El capítulo nos prepara para confiar incluso cuando todo parece haberse estancado.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando hagas algo bueno, no te desesperes si nadie te lo reconoce ni te lo agradece. Dios no olvida. Y si hoy te sientes abandonado por quienes esperabas que te ayudaran, sigue sirviendo con la fidelidad de José: tu tiempo no se ha perdido, se está preparando algo que aún no ves. Dios no llega tarde; llega cuando es el momento.

Oración

Señor, tú no olvidas a los que el mundo olvida. Cuando mi servicio no sea reconocido, dame paciencia y esperanza, y enséñame a seguir sirviendo con fidelidad, confiando en tu tiempo. Que mi fidelidad no dependa del reconocimiento. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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