Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 4 de 50Capítulo 4
1 Conoció el hombre a Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: «He adquirido un varón con el favor de Yahveh.»
2 Volvió a dar a luz, y tuvo a Abel su hermano. Fue Abel pastor de ovejas y Caín labrador.
3 Pasó algún tiempo, y Caín hizo a Yahveh una oblación de los frutos del suelo.
4 También Abel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos. Yahveh miró propicio a Abel y su oblacíon,
5 mas no miró propicio a Caín y su oblación, por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro.
6 Yahveh dijo a Caín: «¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro?
7 ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar.»
8 Caín, dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera.» Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató.
9 Yahveh dijo a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel? Contestó: «No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?»
10 Replicó Yahveh: «¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo.
11 Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.
12 Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra.»
13 Entonces dijo Caín a Yahveh: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla.
14 Es decir que hoy me echas de este suelo y he de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará.»
15 Respondióle Yahveh: «Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces.» Y Yahveh puso una señal a Caín para que nadie que le encontrase le atacara.
16 Caín salió de la presencia de Yahveh, y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén.
17 Conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Henoc. Estaba construyendo una ciudad, y la llamó Henoc, como el nombre de su hijo.
18 A Henoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael, Mejuyael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lámek.
19 Lámek tomó dos mujeres: la primera llamada Adá, y la segunda Sillá.
20 Adá dio a luz a Yabal, el cual vino a ser padre de los que habitan en tiendas y crían ganado.
21 El nombre de su hermano era Yubal, padre de cuantos tocan la cítara y la flauta.
22 Sillá por su parte engendró a Túbal Caín, padre de todos los forjadores de cobre y hierro. Hermano de Túbal Caín fue Naamá.
23 Y dijo Lámek a sus mujeres: «Adá y Sillá, oíd mi voz; mujeres de Lámek, escuchad mi palabra: Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí.
24 Caín será vengado siete veces, mas Lámek lo será 77.»
25 Adán conoció otra vez a su mujer, y ella dio a luz un hijo, al que puso por nombre Set, diciendo: «Dios me ha otorgado otro descendiente en lugar de Abel, porque le mató Caín.»
26 También a Set le nació un hijo, al que puso por nombre Enós. Este fue el primero en invocar el nombre de Yahveh.
Reflexión del capítulo 4
El capítulo cuarto muestra cómo el pecado, una vez entrado, se propaga. Caín y Abel ofrecen sacrificios; Dios mira con agrado el de Abel, y la envidia enciende el rostro de Caín. La advertencia divina es de una claridad sobrecogedora: el pecado está agazapado a la puerta, pero tú puedes dominarlo. No somos esclavos inevitables del mal. Caín, sin embargo, no gobierna su furia: invita a su hermano al campo y lo mata.
Dios vuelve a preguntar, como en el Edén: «¿Dónde está tu hermano?». Y la respuesta de Caín, «¿soy yo el guardián de mi hermano?», es la negación de toda fraternidad. La sangre de Abel clama desde la tierra, y el castigo cae sobre el homicida: será errante, pero llevará una marca que lo protege de la venganza sin límite. Es la primera señal de que la justicia de Dios contiene misericordia. El capítulo termina con un rayo de esperanza: nace Set, y con Enós los hombres comienzan a invocar el nombre del Señor. En medio de la violencia, Dios prepara un pueblo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Examina hoy si hay envidia o resentimiento hacia alguien: un hermano, un compañero, alguien a quien la vida parece sonreír más que a ti. Nómbralo ante Dios sin adornos. Después rompe el círculo: felicítalo sinceramente o reza por él. La caridad concreta es la manera más eficaz de dominar el pecado que acecha a tu puerta. Y si la herida es antigua, no te exijas sentirlo de golpe: basta con dar el primer paso y pedir a Dios un corazón nuevo.
Oración
Señor, tú me preguntas por mi hermano y yo tantas veces me hago el desentendido. Arranca de mí la envidia y el rencor, y enséñame a ser guardián del que me has confiado. Hazme hermano de verdad, no solo de palabra. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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