Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 20 de 50Capítulo 20
1 Trasladóse de allí Abraham al país del Négueb, y se estableció entre Cadés y Sur. Habiéndose avecindado en Guerar,
2 decía Abraham de su mujer Sara: «Es mi hermana.» Entonces el rey de Guerar, Abimélek, envió por Sara y la tomó.
3 Pero vino Dios a Abimélek en un sueño nocturno y le dijo: «Date muerto por esa mujer que has tomado, y que está casada.»
4 Abimélek, que no se había acercado a ella, dijo: «Señor, ¿es que asesinas a la gente aunque sea honrada?
5 ¿No me dijo él a mí: "Es mi hermana", y ella misma dijo: "Es mi hermano?" Con corazón íntegro y con manos limpias he procedido.»
6 Y le dijo Dios en el sueño: «Ya sé yo también que con corazón íntegro has procedido, como que yo mismo te he estorbado de faltar contra mí. Por eso no te he dejado tocarla.
7 Pero ahora devuelve la mujer a ese hombre, porque es un profeta; él rogará por ti para que vivas. Pero si no la devuelves, sábete que morirás sin remedio, tú y todos los tuyos.»
8 Levantóse Abimélek de mañana, llamó a todos sus siervos y les refirió todas estas cosas; los hombres se asustaron mucho.
9 Luego llamó Abimélek a Abraham, y le dijo: «¿ Qué has hecho con nosotros, o en qué te he faltado, para que trajeras sobre mí y mi reino una falta tan grande? Lo que no se hace has hecho conmigo.»
10 Y dijo Abimélek a Abraham: «¿Qué te ha movido a hacer esto?»
11 Dijo Abraham: «Es que me dije: "Seguramente no hay temor de Dios en este lugar, y van a asesinarme por mi mujer."
12 Pero es que, además, es cierto que es hermana mía, hija de mi padre aunque no de mi madre, y vino a ser mi mujer.
13 Y desde que Dios me hizo vagar lejos de mi familia, le dije a ella: Vas a hacerme este favor: a dondequiera que lleguemos, dices de mí: Es mi hermano.»
14 Tomó Abimélek ovejas y vacas, siervos y esclavas, se los dio a Abraham, y le devolvió su mujer Sara.
15 Y dijo Abimélek: «Ahí tienes mi país por delante: quédate donde se te antoje.»
16 A Sara le dijo: «Mira, he dado a tu hermano mil monedas de plata, que serán para ti y para los que están contigo como venda en los ojos, y de todo esto serás justificada.»
17 Abraham rogó a Dios, y Dios curó a Abimélek, a su mujer, y a sus concubinas, que tuvieron hijos;
18 pues Yahveh había cerrado absolutamente toda matriz de casa de Abimélek, por lo de Sara, la mujer de Abraham.
Reflexión del capítulo 20
El capítulo vigésimo vuelve a mostrar la fragilidad del patriarca. Abraham, peregrino en Guerar, repite la mentira de Egipto: presenta a Sara como su hermana, y el rey Abimélek la toma para sí. Una vez más, el miedo lleva a Abraham a poner en peligro a su esposa y a la promesa. Pero Dios interviene de un modo sorprendente: habla al rey pagano en sueños, lo amenaza de muerte y le advierte que no toque a la mujer. Abimélek, que actuó de buena fe, se defiende y devuelve a Sara intacta, con riquezas y honores.
El episodio enseña dos cosas. Primero, que Dios protege su plan incluso cuando su elegido falla: la promesa no depende de la perfección de Abraham. Segundo, que Dios habla también fuera de Israel y reconoce la rectitud del corazón de un rey que no lo conocía. La mentira del patriarca queda al descubierto, y tiene que reconocer su falta. La santidad no es impecabilidad, sino dejar que Dios corrija y conduzca incluso nuestros errores.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Revisa hoy si, por miedo o por quedar bien, has dicho medias verdades que exponen a otros. Repara el daño si puedes: pide perdón, aclara lo que dijiste. Y confía en que Dios sabe proteger a quienes amas, incluso cuando tú no aciertas. La verdad, aunque incómoda, siempre es el camino más seguro. No necesitas manipular a nadie para estar a salvo: Dios cuida de ti mejor que tus propias estrategias.
Oración
Dios de verdad, tú proteges a los inocentes y hablas también a los que no te conocen. Líbrame de la mentira y del miedo, y enséñame a confiar en tu cuidado más que en mis estrategias. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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