Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 12 de 50Capítulo 12
1 Yahveh dijo a Abram: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré.
2 De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición.
3 Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra.»
4 Marchó, pues, Abram, como se lo había dicho Yahveh, y con él marchó Lot. Tenía Abram 75 años cuando salió de Jarán.
5 Tomó Abram a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la hacienda que habían logrado, y el personal que habían adquirido en Jarán, y salieron para dirigirse a Canaán. Llegaron a Canaán,
6 y Abram atravesó el país hasta el lugar sagrado de Siquem, hasta la encina de Moré. Por entonces estaban los cananeos en el país.
7 Yahveh se apareció a Abram y le dijo: «A tu descendencia he de dar esta tierra.» Entonces él edificó allí un altar a Yahveh que se le había aparecido.
8 De allí pasó a la montaña, al oriente de Betel, y desplegó su tienda, entre Betel al occidente y Ay al oriente. Allí edificó un altar a Yahveh e invocó su nombre.
9 Luego Abram fue desplazándose por acampadas hacia el Négueb.
10 Hubo hambre en el país, y Abram bajó a Egipto a pasar allí una temporada, pues el hambre abrumaba al país.
11 Estando ya próximo a entrar en Egipto, dijo a su mujer Saray: «Mira, yo sé que eres mujer hermosa.
12 En cuanto te vean los egipcios, dirán: "Es su mujer", y me matarán a mí, y a ti te dejarán viva.
13 Di, por favor, que eres mi hermana, a fin de que me vaya bien por causa tuya, y viva yo en gracia a ti.»
14 Efectivamente cuando Abram entró en Egipto, vieron los egipcios que la mujer era muy hermosa.
15 Viéronla los oficiales de Faraón, los cuales se la ponderaron, y la mujer fue llevada al palacio de Faraón.
16 Este trató bien por causa de ella a Abram, que tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos.
17 Pero Yahveh hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas por lo de Saray, la mujer de Abram.
18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: «¿Qué es lo que has hecho commigo? ¿Por qué no me avisaste de que era tu mujer?
19 ¿Por qué dijiste: "Es mi hermana", de manera que yo la tomé por mujer? Ahora, pues, he ahí a tu mujer: toma y vete.»
20 Y Faraón ordenó a unos cuantos hombres que le despidieran a él, a su mujer y todo lo suyo.
Reflexión del capítulo 12
El capítulo duodécimo es el gran giro de la Biblia. Dios se dirige a Abram, un hombre de Ur sin méritos especiales, y le pide algo radical: dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre, e ir a un país que aún no conoce. La fe comienza siempre así, con un paso hacia lo desconocido sostenido por una promesa. Y la promesa es inmensa: haré de ti una gran nación, te bendeciré y, sobre todo, en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra. Aquí nace la vocación universal de Israel, que es también la nuestra.
Abram parte, y el texto dice simplemente que se fue, como le había dicho Yahveh. Su obediencia es ejemplar, pero el capítulo no lo pinta como un héroe impecable. Cuando el hambre aprieta, baja a Egipto y, por miedo, presenta a Saray como su hermana, exponiéndola al peligro para salvar su propia vida. Dios, sin embargo, interviene y protege a la mujer y a la promesa a pesar de la cobardía del patriarca. La lección es consoladora: Dios sostiene su plan incluso a través de nuestras flaquezas.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
¿Qué te está pidiendo Dios dejar para poder avanzar? Puede ser un apego, una seguridad, una costumbre que te frena. Da hoy un paso concreto de desprendimiento, aunque no veas el final del camino. Y cuando tengas miedo, no mientas como Abram: confía en que Dios protege su promesa en ti. No necesitas ver todo el mapa; basta con dar el siguiente paso.
Oración
Dios de Abraham, que llamas a caminar sin ver el final, dame la valentía de dejar lo que me ata y la confianza de seguirte. Sostén tu promesa en mí, incluso cuando mi fe flaquee. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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