Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 38

1 Por aquel tiempo bajó Judá de donde sus hermnanos para dirigirse a cierto individuo de Adullam llamado Jirá.

2 Allí concoció Judá a la hija de un cananeo llamado Súa y tomándola por esposa se llegó a ella;

3 ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er.

4 Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán.

5 Nuevamente dio a luz otro hijo, al que llamó Selá. Ella se encontraba en Akzib al darle a luz.

6 Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar.

7 Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahveh, Yahveh le hizo morir.

8 Entonces Judá dijo a Onán: «Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado con ella, procurando descendencia a tu hermano.»

9 Onán sabía que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra, evitando el dar descendencia a su hermano.

10 Pareció mal a Yahveh lo que hacía y le hizo morir también a él.

11 Entonces dijo Judá a su nuera Tamar: «Quédate como viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Selá.» Pues se decía: «Por si acaso muere también él, lo mismo que sus hermanos.» Tamar se fue y quedó en casa de su padre.

12 Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se hubo consolado, subió a Timná para el trasquileo de su rebaño, junto con Jirá su compañero adulamita.

13 Se lo notificaron a Tamar: «Oye, tu suegro sube a Timná para el trasquileo de su rebaño.»

14 Entonces ella se quitó de encima sus ropas de viuda y se cubrió con el velo, y bien disfrazada se sentó en Petaj Enáyim, que está a la vera del camino de Timná. Veía, en efecto, que Selá había crecido, pero que ella no le era dada por mujer.

15 Judá la vio y la tomó por una ramera, porque se había tapado el rostro,

16 y desviándose hacia ella dijo: «Déjame ir contigo» - pues no la reconoció como su nuera. Dijo ella: «¿Y qué me das por venir conmigo?» -

17 «Te mandaré un cabrito de mi rebaño.» - «Si me das prenda hasta que me lo mandes...» -

18 «¿Qué prenda he de darte?» - «Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano.» El se lo dio y se unió a ella, la cual quedó encinta de él.

19 Entonces se marchó ella y, quitándose el velo, se vistió sus ropas de viuda.

20 Judá, por su parte, envió el cabrito por mediación de su compañero el adulamita, para rescatar la prenda de manos de la mujer, pero éste no la encontró.

21 Preguntó a los del lugar: «¿Dónde está la ramera aquella que había en Enáyim, a la vera del camino?» - «Ahí no ha habido ninguna ramera» - dijeron.

22 Entonces él se volvió donde Judá y dijo: «No la he encontrado; y los mismos lugareños me han dicho que allí no ha habido ninguna ramera.»

23 «Pues que se quede con ello - dijo Judá -; que nadie se burle de nosotros. Ya ves cómo he enviado ese cabrito, y tú no la has encontrado.»

24 Ahora bien, como a los tres meses aproximadamente, Judá recibió este aviso: «Tu nuera Tamar ha fornicado, y lo que es más, ha quedado encinta a consecuencia de ello.» Dijo Judá: «Sacadla y que sea quemada.»

25 Pero cuando ya la sacaban, envió ella un recado a su suegro: «Del hombre a quien esto pertenece estoy encinta», y añadía: «Examina, por favor, de quién es este sello, este cordón y este bastón.»

26 Judá lo reconoció y dijo: «Ella tiene más razón que yo, porque la verdad es que no la he dado por mujer a mi hijo Selá.» Y nunca más volvió a tener trato con ella.

27 Al tiempo del parto resultó que tenía dos mellizos en el vientre.

28 Y ocurrió que, durante el parto, uno de ellos sacó la mano, y la partera le agarró y le ató una cinta escarlata a la mano, diciendo: «Este ha salido primero.»

29 Pero entonces retiró él la mano, y fue su hermano el que salió. Ella dijo: «¡Cómo te has abierto brecha!» Y le llamó Peres.

30 Detrás salió su hermano, que llevaba en la mano la cinta escarlata, y le llamó Zéraj.

Reflexión del capítulo 38

El capítulo trigesimoctavo interrumpe la historia de José para narrar un episodio escandaloso y, sin embargo, decisivo: la historia de Judá y Tamar. Judá se separa de sus hermanos, se casa con una cananea y tiene tres hijos. El mayor, Er, muere por su maldad; el segundo, Onán, se niega a dar descendencia a la viuda de su hermano y también muere; y Judá, temiendo perder al tercero, posterga sin razón el matrimonio de Tamar. La mujer, viuda y sin hijos, queda en una situación de total desamparo.

Entonces Tamar toma la iniciativa: se disfraza, se sienta al borde del camino y, sin ser reconocida, concibe de su propio suegro. Cuando Judá descubre que está embarazada, la condena a muerte; pero ella presenta las prendas que él le había dejado como garantía, y Judá reconoce su falta: ella es más justa que yo. De esta unión irregular nacen Peres y Zéraj, y Tamar entra, contra toda apariencia, en la genealogía de Jesús. El capítulo muestra que Dios escribe su salvación incluso a través de historias rotas, y que los pecadores pueden reconocer su culpa y cambiar.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Reconoce hoy tu propia responsabilidad en las situaciones difíciles que te rodean, como hizo Judá, en lugar de buscar culpables fuera. Y no desprecies a quien ha vivido de un modo que no apruebas: Dios escribe su historia también con los descartados. Si has fallado, no te quedes en la culpa: cambia. La misericordia de Dios supera todos nuestros cálculos.

Oración

Señor, tú escribes tu salvación incluso a través de historias rotas. Ayúdame a reconocer mi culpa sin excusas y a no despreciar a nadie. Que confíe en que tu misericordia supera todos mis cálculos. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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