Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 22

1 Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» El respondió: «Heme aquí.»

2 Díjole: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.»

3 Levantóse, pues, Abraham de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios.

4 Al tercer día levantó Abraham los ojos y vio el lugar desde lejos.

5 Entonces dijo Abraham a sus mozos: «Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí, haremos adoración y volveremos donde vosotros.»

6 Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos.

7 Dijo Isaac a su padre Abraham: «¡Padre!» Respondió: «¿qué hay, hijo?» - «Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»

8 Dijo Abraham: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.» Y siguieron andando los dos juntos.

9 Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña.

10 Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.

11 Entonces le llamó el Angel de Yahveh desde los cielos diciendo: ¡Abraham, Abraham!» El dijo: «Heme aquí.»

12 Dijo el Angel: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único.»

13 Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el carnero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo.

14 Abraham llamó a aquel lugar «Yahveh provee», de donde se dice hoy en día: «En el monte "Yahveh provee"»

15 El Angel de Yahveh llamó a Abraham por segunda vez desde los cielos,

16 y dijo: «Por mí mismo juro, oráculo de Yahveh, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único,

17 yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos.

18 Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz.»

19 Volvió Abraham al lado de sus mozos, y emprendieron la marcha juntos hacia Berseba. Y Abraham se quedó en Berseba.

20 Después de estas cosas, se anunció a Abraham: «También Milká ha dado hijos a tu hermano Najor:

21 Us, su primogénito; Buz, hermano del anterior, y Quemel, padre de Aram,

22 Késed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel.»

23 (Betuel engendró a Rebeca.) Estos ocho le dio Milká a Najor, hermano de Abraham.

24 Su concubina, llamada Reumá, también dio a luz a Tébaj, Gájam, Tájas, y Maaká.

Reflexión del capítulo 22

El capítulo vigesimosegundo es una de las páginas más sobrecogedoras de la Biblia. Dios pone a prueba a Abraham y le pide lo impensable: ofrecer en sacrificio a Isaac, el hijo de la promesa, el hijo del milagro. Abraham no discute ni busca excusas. Camina tres días hacia Moriah con el cuchillo y la leña, y cuando Isaac pregunta dónde está el cordero, responde: Dios proveerá. Su fe no es ciega ni insensible; es la confianza de quien, tras toda una vida, ha aprendido que Dios es fiel incluso cuando no se entiende.

En el último instante, el ángel detiene su mano, y un carnero aparece enredado en los matorrales. Dios no quería la muerte del niño, quería el corazón del padre. Y en aquel monte, la tradición cristiana reconoce una figura de Cristo: el Hijo amado, cargado con la leña, subiendo al monte del sacrificio, mientras el Padre no retiene su mano. Abraham llamó a aquel lugar Yahveh Proveerá. La fe verdadera se mide cuando Dios pide lo que más amamos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

¿Qué es tu Isaac: aquello que más amas y que quizá ha ocupado el lugar de Dios en tu corazón? No significa renunciar a ello, sino ponerlo en las manos del Señor y no aferrarte. Ofrécelo hoy en oración y confía en que, si es un don suyo, él lo cuidará mejor que tú. La fe crece cuando soltamos: Dios no te pide que destruyas tu tesoro, sino que lo pongas en el lugar justo.

Oración

Padre, que no retuviste a tu Hijo y nos diste en él el Cordero verdadero, dame una fe como la de Abraham. Que sepa confiarte lo que más amo y seguirte incluso cuando no entiendo. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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