Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 23

1 Sara vivió 127 años.

2 Murió Sara en Quiryat Arbá - que es Hebrón - en el país de Canaán, y Abraham hizo duelo por Sara y la lloró.

3 Luego se levantó Abraham de delante de la muerta, y habló a los hijos de Het en estos términos:

4 «Yo soy un simple forastero que reside entre vosotros. Dadme una propiedad sepulcral entre vosotros, para retirar y sepultar a mi muerta.»

5 Respondieron los hijos de Het a Abraham diciéndole:

6 «A ver si nos entendemos, señor; tú eres un príncipe divino entre nosotros. En el mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro, para que entierres a tu muerta.»

7 Levantóse Abraham, e hizo una reverencia a los paisanos, a los hijos de Het,

8 y les habló en estos términos: «Si estáis de acuerdo con que yo retire y sepulte a mi muerta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón, hijo de Sójar,

9 para que me dé la cueva de la Makpelá que es suya y que está al borde de su finca. Que me la dé por lo que valga en propiedad sepulcral entre vosotros.»

10 Efrón estaba sentado entre los hijos de Het. Respondió, pues, Efrón el hitita a Abraham, a oídas de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad diciendo:

11 «No, señor, escúchame: te doy la finca y te doy también la cueva que hay en ella. A la vista de los hijos de mi pueblo te la doy: sepulta a tu muerta.»

12 Abraham hizo una reverencia a los paisanos,

13 y se dirigió a Efron, a oídas de los paisanos, diciendo: «A ver si nos entendemos. Te doy el precio de la finca acéptamelo y enterraré allí a mi muerta.»

14 Respondió Efrón a Abraham:

15 «Señor mío, escúchame: Cuatrocientos siclos de plata por un terren0, ¿qué nos suponen a ti y a mí? Sepulta a tu muerta.»

16 Abraham accedió y pesó a Efrón la plata que éste había pedido a oídas de los hijos de Het: cuatrocientos siclos de plata corriente de mercader.

17 Así fue cómo la finca de Efrón que está en la Makpelá, frente a Mambré, la finca y la cueva que hay en ella y todos los árboles que rodean la finca por todos sus lindes, todo ello vino a ser

18 propiedad de Abraham, a la vista de los hijos de Het, y todos los que entraban por la puerta de la ciudad.

19 Después Abraham sepultó a su mujer Sara en la cueva del campo de la Makpelá frente a Mambré (es Hebrón), en Canaán.

20 Así aquel campo y la cueva que hay en él llegaron a ser de Abraham como propiedad sepulcral, recibida de los hijos de Het.

Reflexión del capítulo 23

El capítulo vigesimotercero es breve y, aparentemente, administrativo: la muerte de Sara y la compra de un terreno para sepultarla. Pero encierra un mensaje hondo. Abraham es un extranjero en la tierra de Canaán; no posee nada, y sin embargo necesita un lugar donde enterrar a su esposa. Negocia con los hititas con respeto y dignidad, y compra la cueva de Macpelá, frente a Mambré, por un precio justo, rechazando el regalo para que la propiedad quede clara e indiscutible.

Ese pequeño campo se convierte en la primera propiedad de Abraham en la tierra prometida, y en el signo de su esperanza. Al comprar una sepultura, Abraham confiesa que cree en la promesa: algún día aquella tierra será de su descendencia, y sus muertos resucitarán. La fe también se expresa en gestos concretos, en cuidar la memoria y la dignidad de los difuntos. Sara, la madre de la promesa, recibe el honor de un sepulcro propio, y con ella comienza la historia de un pueblo arraigado en una tierra y en una esperanza.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Honra hoy la memoria de algún difunto querido: reza por él, visita su tumba si puedes o dedica un momento a recordarlo con cariño. Y cuida con respeto los detalles concretos de la vida y de la muerte, sin frivolidad ni miedo. La fe se demuestra también en cómo tratamos a nuestros muertos y en la esperanza con que los despedimos. Porque creemos en la resurrección, no nos despedimos para siempre.

Oración

Señor de vivos y muertos, tú eres la resurrección y la vida. Te encomiendo a mis difuntos y te pido que sostengas mi esperanza. Que cuide su memoria con amor y viva de tal modo que un día los vuelva a encontrar en ti. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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