Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 30

1 Vio Raquel que no daba hijos a Jacob, y celosa de su hermana dijo a Jacob: «Dame hijos, o si no me muero.»

2 Jacob se enfadó con Raquel y dijo: ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado el fruto del vientre?»

3 Ella dijo: «Ahí tienes a mi criada Bilhá; únete a ella y que dé a luz sobre mis rodillas: así también yo ahijaré de ella.»

4 Diole, pues, a su esclava Bilhá por mujer; y Jacob unióse a ella.

5 Concibió Bilhá y dio a Jacob un hijo.

6 Y dijo Raquel: «Dios me ha hecho justicia, pues ha oído mi voz y me ha dado un hijo.» Por eso le llamó Dan.

7 Otra vez concibió Bilhá, la esclava de Raquel, y dio a Jacob un segundo hijo.

8 Y dijo Raquel: «Me he trabado con mi hermana a brazo partido y la he podido»; y le llamó Neftalí.

9 Viendo Lía que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá, y se la dio a Jacob por mujer.

10 Y Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un hijo.

11 Lía dijo: «¡Enhorabuena!» Y le llamó Gad.

12 Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un segundo hijo,

13 y dijo Lía: «¡Feliz de mí! pues me felicitarán las demás.» Y le llamó Aser.

14 Una vez fue Rubén, al tiempo de la siega del trigo, y encontró en el campo unas mandrágoras que trajo a su madre Lía. Y dijo Raquel a Lía "«¿Quieres darme las mandrágoras de tu hijo?»

15 Respondióle: «¿Es poco habertte llevado mi marido, que encima vas a llevarte las mandrágoras de mi hijo?» Dijo Raquel: «Sea: que se acueste contigo Jacob esta noche, a cambio de las mandrágoras de tu hijo.»

16 A la tarde, cuando Jacob volvió del campo, sale Lía a su encuentro y le dice: «Tienes que venir conmigo porque he pagado por ti unas mandrágoras de mi hijo.» Y él se acostó con ella aquella noche.

17 Dios oyó a Lía, que concibió y dio un quinto hijo a Jacob.

18 Y dijo Lía: «Dios me ha dado mi recompensa, a mí, que tuve que dar mi esclava a mi marido.» Y le llamó Isacar.

19 Lía concibió otra vez y dio el sexto hijo a Jacob.

20 Y dijo Lía: «Me ha hecho Dios un buen regalo. Ahora sí que me apreciará mi marido, pues le he dado seis hijos.» Y le llamó Zabulón.

21 Después dio a luz una hija a la que llamó Dina.

22 Entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la oyó y abrió su seno,

23 y ella concibió y dio a luz un hijo. Y dijo: «Ha quitado Dios mi afrenta.»

24 Y le llamó José, como diciendo: «Añádame Yahveh otro hijo.»

25 Cuando Raquel hubo dado a luz a José, dijo Jacob a Labán: «Déjame que me vaya a mi lugar y a mi tierra.

26 Dame a mis mujeres y a mis hijos por quienes te he servido, para que me vaya; pues bien sabes bajo qué condiciones te he servido.»

27 Díjole Labán: «¡Si en algo me estimas!... Yo estaba bajo un maleficio, pero Yahveh me ha bendecido gracias a ti.»

28 Y agregó: «Fíjame tu paga, y te la daré.»

29 Respondióle: «Tu sabes cómo te he servido, y cómo le fue a tu ganado conmigo:

30 bien poca cosa tenías antes de venir yo, pero ya se ha multiplicado muchísimo, y Yahveh te ha bendecido a mi llegada. Pues bien: ¿cuándo voy a hacer yo también algo por mi casa?»

31 Dijo Labán: «¿Qué he de darte?» Respondió Jacob: «No me des nada. Si haces por mí esta, volveré a apacentar tu rebaño. Fíjate bien:

32 Voy a desfilar hoy con todo tu rebaño. Aparta toda oveja negra y las cabras pintas y manchadas, y eso será mi paga,

33 y la garantía de mi honradez el día de mañana. Cuando te presente a controlar mi paga, todo lo que no fuere pinto y manchado entre las cabras y negro entre los corderos, será lo que he robado.»

34 Dijo Labán: «Bien, sea como dices.»

35 Y aquel mismo día apartó los machos cabríos listados y manchados, todo lo que tenía en sí algo de blanco, así como todo lo negro entre las ovejas, y lo confió a sus hijos,

36 interponiendo tres jornadas de camino entre él y Jacob. Este último apacentaba el resto del rebaño de Labán.

37 Entonces Jacob se procuró unas vares verdes de álamo, de almendro y de plátano, y labró en ellas unas muescas blancas, dejando al descubierto lo blanco de las varas,

38 e hincó las varas así labradas en las pilas o abrevaderos a donde venían las reses a beber, justo delante de las reses, con lo que éstas se calentaban al acercarse a beber.

39 O sea, que se calentaban a la vista de las varas, y así parían crías listadas, pintas o manchadas.

40 Luego separó Jacob los machos, echándolos a lo listado y negro que ahora había en el rebaño de Labán, y así se fue formando unos hatajos propios, que no mezclaba con el rebaño de Labán.

41 Además, siempre que se calentaban las reses vigorosas, poníales Jacob las varas ante los ojos en las pilas, para que se calentaran bajo el influjo de las varas;

42 mas cuando el ganado estaba débil, no las ponía de modo que las crías débiles eran para Labán, y las vigorosas para Jacob.

43 Así que éste medró muchísimo, y llegó a tener rebaños numerosos, y siervas y siervos y camellos y asnos.

Reflexión del capítulo 30

El capítulo trigésimo es una página de rivalidad y de gracia. Raquel, estéril, siente celos de su hermana y llega a decirle a Jacob que, si no tiene hijos, preferiría morirse. La tensión entre las dos esposas llena la casa, y ambas recurren a sus esclavas, Bilhá y Zilpá, para tener hijos por medio de ellas. Nacen Dan, Neftalí, Gad y Aser. Después, en el episodio de las mandrágoras, Raquel cambia un encuentro con Jacob por las plantas que Lía había recogido para su hijo. Es un retrato sin adornos de una familia herida por la competencia.

Y sin embargo, en medio de ese desorden, Dios sigue actuando: escucha a Lía, se acuerda de Raquel, y van naciendo los hijos que formarán las doce tribus de Israel. La segunda parte del capítulo narra el modo en que Jacob, con astucia y paciencia, multiplica sus rebaños frente a Labán, que intentaba explotarlo. Dios bendice a Jacob incluso en un ambiente de engaño mutuo. La lección es que la gracia no depende de que las circunstancias sean perfectas, y que Dios escribe su historia incluso en medio de nuestras rivalidades.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina hoy si vives comparándote con otros: un hermano, un compañero, alguien que parece tener lo que a ti te falta. Esa competencia te roba la paz y envenena las relaciones. Pide a Dios un corazón agradecido por lo tuyo. Y trabaja con constancia y honradez, sin dejar de confiar en que es él quien bendice el esfuerzo. La envidia no da hijos; la confianza en Dios, sí.

Oración

Dios que escuchas a los humildes, tú bendices a quien confía en ti y no a quien se compara con los demás. Líbrame de la envidia y enséñame a agradecer lo que tengo, trabajando con honradez y constancia. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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