Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 39

1 José fue bajado a Egipto, y le compró un egipcio, Putifar, eunuco de Faraón y jefe de los guardias; le compró a los ismaelitas que le habían bajado allá.

2 Yahveh asistió a José, que llegó a ser un hombre afortunado, mientras estaba en casa de su señor egipcio.

3 Este echó de ver que Yahveh estaba con él y que Yahveh hacía prosperar todas sus empresas.

4 José ganó su favor y entró a su servico, y su señor le puso al frente de su casa y todo cuanto tenía se lo confió.

5 Desde entonces le encargó de toda su casa y de todo lo que tenía, y Yahveh bendijo la casa del egipcio en atención a José, extendiéndose la bendición de Yahveh a todo cuanto tenía en casa y en el campo.

6 El mismo dejó todo lo suyo en manos de José y, con él, ya no se ocupó personalmente de nada más que del pan que comía. José era apuesto y de buena presencia.

7 Tiempo más tarde sucedió que la mujer de su señor se fijó en José y le dijo: «Acuéstate conmigo.»

8 Pero él rehusó y dijo a la mujer de su señor: «He aquí que mi señor no me controla nada de lo que hay en su casa, y todo cuanto tiene me lo ha confiado.

9 ¿No es él mayor que y o en esta casa? Y sin embargo, no me ha vedado absolutamente nada más que a ti misma, por cuanto eres su mujer. ¿Cómo entonces voy a hacer este mal tan grande, pecando contra Dios?»

10 Ella insistía en hablar a José día tras día, pero él no accedió a acostarse y estar con ella.

11 Hasta que cierto día entró él en la casa para hacer su trabajo y coincidió que no había ninguno de casa allí dentro.

12 Entonces ella le asió de la ropa diciéndole: «Acuéstate conmigo.» Pero él, dejándole su ropa en la mano, salió huyendo afuera.

13 Entonces ella, al ver que había dejado la ropa en su mano, huyó también afuera y gritó a los de su casa diciéndoles:

14 - «¡Mirad! Nos ha traído un hebreo para que se burle de nosotros. Ha venido a mí para acostarse conmigo, poro yo he gritado,

15 y al oírme levantar la voz y gritar, ha dejado su vestido a mi lado y ha salido huyendo afuera.»

16 Ella depositó junto a sí el vestido de él, hasta que vino su señor a casa,

17 y le repitió esto mismo: «Ha entrado a mí ese siervo hebreo que tú nos trajiste, para abusar de mí;

18 pero yo he levantado la voz y he gritado, y entonces ha dejado él su ropa junto a mí y ha huido afuera.»

19 Al oír su señor las palabras que acababa de decirle su mujer: - «Esto ha hecho conmigo tu siervo» - se encolerizó.

20 Y el señor de José le prendió y le puso en la cárcel, en el sitio donde estaban los detenidos del rey. Allí se quedó en presidio.

21 Pero Yahveh asistió a José y le cubrió con su misericordia, haciendo que se ganase el favor del alcaide.

22 El alcaide confió a José todos los detenidos que había en la cárcel; todo lo que se hacía allí, lo hacía él.

23 El alcaide no controlaba absolutamente nada de cuanto administraba José, ya que Yahveh le asistía y hacía prosperar todas sus empresas.

Reflexión del capítulo 39

El capítulo trigesimonoveno es un canto a la integridad. José, vendido como esclavo, llega a casa de Putifar, un alto funcionario de Faraón. Y aunque está lejos de su familia y de su tierra, el Señor está con él, y todo lo que hace prospera. Su amo le confía la administración de toda su casa. Pero la esposa de Putifar se fija en él, joven y apuesto, y le propone una y otra vez que se acueste con ella. José se niega con una razón luminosa: ¿cómo iba yo a hacer tan gran mal contra Dios?

Su fidelidad no le evita el sufrimiento: la mujer, despechada, lo acusa falsamente, y José va a la cárcel. Sin embargo, incluso allí el Señor está con él, y el jefe de la prisión le confía todo. El capítulo enseña dos verdades difíciles: que hacer el bien no siempre nos libra de la injusticia, y que Dios no abandona a quien le es fiel, aunque tenga que atravesar la cárcel. José no negocia su conciencia por comodidad, y esa libertad interior es la que Dios bendice.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Identifica hoy la tentación que más te insiste, esa que vuelve una y otra vez, y decide de antemano decir no, como José. No te fíes de tus fuerzas, pero tampoco negocies con lo que sabes que está mal. Y si sufres consecuencias injustas por hacer lo correcto, recuerda que Dios camina contigo también en la cárcel. La libertad interior vale más que cualquier ventaja.

Oración

Dios fiel, tú estás conmigo también en la cárcel y en la injusticia. Dame la libertad interior de José para decir no al mal, y la constancia de servirte con integridad aunque nadie me vea. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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