Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 25 de 50Capítulo 25
1 Abraham volvió a tomar otra mujer, llamada Queturá.
2 Esta le dio a Zimrán, Yoqsán, Medán, Madián, Yisbaq y Súaj.
3 - Yoqsán engendró a Seba y a Dedán. Hijos de Dedán fueron los asuritas, los letusíes y los leumies. -
4 Hijos de Madián: Efá, Efer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos éstos, hijos de Queturá.
5 Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.
6 A los hijos de las concubinas que tenía Abraham les hizo donaciones y, viviendo aún él, los separó de Isaac, enviándoles hacia levante, al país de Oriente.
7 Estos fueron los días de vida de Abraham: 175 años.
8 Expiró, pues, Abraham y murió en buena ancianidad, viejo y lleno de días, y fue a juntarse con su pueblo.
9 Sus hijos Isaac e Ismael le sepultaron en la cueva de la Makpelá, al borde de la finca de Efrón, hijo de Sójar, el hitita, enfrente de Mambré.
10 En la finca que Abraham había comprado a los hijos de Het, allí fue sepultado Abraham con su mujer Sara.
11 Después de la muerte de Abraham, bendijo Dios a su hijo Isaac. Isaac se estableció en las inmediaciones del pozo de Lajay Roí.
12 Estos son los descendientes de Ismael, hijo de Abraham, el que le dio a Abraham Agar la egipcia, esclava de Sara;
13 y estos son los nombres de los hijos de Ismael, por orden de nacimiento: El primogénito de Ismael, Nebayot; después, Quedar, Adbeel, Mibsam,
14 Mismá, Dumá, Massá,
15 Jadad, Temá, Yetur, Nafís y Quedmá.
16 Estos son los hijos de Ismael, y éstos sus nombres según sus poblados y sus aduares: doce caudillos de otros tantos pueblos.
17 Y estos fueron los años de vida de Ismael: 137 años. Luego expiró y murió, y fue a juntarse con su pueblo.
18 Ocupó desde Javilá hasta Sur, que cae enfrente de Egipto, según se va a Asur. Se estableció enfrente de todos sus hermanos.
19 Esta es la historia de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac.
20 Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Paddán Aram, y hermana de Labán el arameo.
21 Isaac suplicó a Yahveh en favor de su mujer, pues era estéril, y Yahveh le fue propicio, y concibió su mujer Rebeca.
22 Pero los hijos se entrechocaban en su seno. Ella se dijo: «Siendo así, ¿para qué vivir?» Y fue a consultar a Yahveh.
23 Yahveh le dijo: «Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones que, al salir de tus entrañas, se dividirán. La una oprimirá a la otra; el mayor servirá al pequeño.»
24 Cumpliéronsele los días de dar a luz, y resultó que había dos mellizos en su vientre.
25 Salió el primero, rubicundo todo él, como una pelliza de zalea, y le llamaron Esaú.
26 Después salió su hermano, cuya mano agarraba el talón de Esaú, y se llamó Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando los engendró.
27 Crecieron los muchachos. Esaú llegó a ser un cazador experto, un hombre montaraz, y Jacob un hombre muy de la tienda.
28 Isaac quería a Esaú, porque le gustaba la caza, y Rebeca quería a Jacob.
29 Una vez, Jacob había preparado un guiso cuando llegó Esaú del campo, agotado.
30 Dijo Esaú a Jacob: «Oye, dame a probar de lo rojo, de eso rojo, porque estoy agotado.» - Por eso se le llamó Edom. -
31 Dijo Jacob: «Véndeme ahora mismo tu primogenitura.»
32 Dijo Esaú: «Estoy que me muero. ¿Qué me importa la primogenitura?»
33 Dijo Jacob: «Júramelo ahora mismo.» Y él se lo juró, vendiendo su primogenitura a Jacob.
34 Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas, y éste comió y bebió, se levantó y se fue. Así desdeñó Esaú la primogenitura.
Reflexión del capítulo 25
El capítulo vigesimoquinto cierra la vida de Abraham y abre la de la siguiente generación. El patriarca muere anciano y colmado de días, y sus hijos Isaac e Ismael lo sepultan junto a Sara en Macpelá. La promesa pasa ahora a Isaac, y el capítulo traza la descendencia de Ismael antes de centrarse en los gemelos que nacen de Rebeca: Esaú, rojo y velludo, y Jacob, que sale agarrado a su talón. Ya desde el vientre luchan, y Dios revela que el mayor servirá al menor: la elección divina no sigue nuestras leyes de primogenitura.
La escena final es célebre y triste. Esaú vuelve del campo hambriento y vende su primogenitura por un plato de lentejas. El texto lo resume con una frase terrible: así desdeñó Esaú su primogenitura. No es un simple trueque: es el desprecio de un don sagrado por una satisfacción inmediata. Jacob, en cambio, aunque actuará con astucia y engaño, valora lo que Dios da. El capítulo nos advierte contra la tentación de cambiar lo eterno por lo pasajero.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Pregúntate hoy qué estás vendiendo por un plato de lentejas: tu tiempo, tu integridad, tus relaciones, tu fe, a cambio de un placer inmediato o de un éxito rápido. Nombra esa tentación y recházala con decisión. Y aprende a valorar los dones que Dios te ha dado, incluso los que parecen pequeños, porque en ellos está tu vocación. Lo que parece urgente casi nunca es lo más importante.
Oración
Señor, tú eliges a quien quieres y regalas dones que no merecemos. Líbrame de despreciar lo sagrado por lo inmediato y enséñame a valorar lo que tú me has dado, incluso cuando no lo entienda. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
Compartir
Enlace copiado