Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 14 de 50Capítulo 14
1 Aconteció en los días de Amrafel, rey de Senaar, de Aryok, rey de Ellasar, de Kedorlaomer, rey de Elam, y de Tidal, rey de Goyim,
2 que éstos hicieron guerra a Berá, rey de Sodoma, a Birsá, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Admá, a Semeber, rey de Seboyim, al rey de Belá (o sea, Soar).
3 Estos últimos se coligaron en el valle de Siddim (esto es, el mar de la Sal).
4 Doce años habían servido a Kedorlaomer, pero el año trece se rebelaron.
5 Vinieron, pues, en el año catorce Kedorlaomer y los reyes que estaban por él, y derrotaron a los refaítas en en Asterot Carnáyim, a los zuzíes en Ham, a los emíes en la llanura de Quiryatáyim,
6 y a los joritas en las montañas de Seír hasta El Parán, que está frente al desierto.
7 De vuelta, llegaron a En Mispat (o sea, Cadés), y batieron todo el territoria de los amalecitas, y también a los amorreos que habitaban en Jasesón Tamar.
8 Salieron entonces el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Admá , el rey de Seboyim y el rey de Belá (esto es, de Soar) y en el valle de Siddim les presentaron batalla:
9 a Kedorlaomer, rey de Elam, a Tidal, rey de Goyim, a Amrafel, rey de Senaar, y a Aryok, rey de Ellasar: cuatro reyes contra cinco.
10 El valle de Siddim estaba lleno de pozos de betún, y como huyesen los reyes de Sodoma y Gomorra, cayeron allí. Los demás huyeron a la montaña.
11 Los vencedores tomaron toda la hacienda de Sodoma y Gomorra con todos sus vivéres y se fueron.
12 Apresaron también a Lot, el sobrino de Abram, y su hacienda, pues él habitaba en Sodoma, y se fueron.
13 Un evadido vino a avisar a Abram el hebreo, que habitaba junto a la encina de Mambré el amorreo, hermano de Eskol y de Aner, aliados a su vez de Abram.
14 Al oír Abram que su hermano había sido hecho cautivo, movilizó la tropa de gente nacida en su casa, en número de 318, y persiguió a aquéllos hasta Dan.
15 Y cayendo él y sus siervos sobre ellos por la noche, los derrotó, y los persiguió hasta Jobá, que está al norte de Damasco;
16 recuperó toda la hacienda, y también a su hermano Lot con su hacienda así como a las mujeres y a la gente.
17 A su regreso después de batir a Kedorlaomer y a los reyes que con él estaban, le salió al encuentro el rey de Sodoma en el valle de Savé (o sea, el valle del Rey).
18 Entonces Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios Altísimo,
19 y le bendijo diciendo: «¡Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de cielos y tierra,
20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!» Y diole Abram el diezmo de todo.
21 Dijo luego el rey de Sodoma a Abram: «Dame las personas, y quédate con la hacienda.»
22 Pero Abram dijo al rey de Sodoma: «Alzo mi mano ante el Dios Altísimo, creador de cielos y tierra:
23 ni un hilo, ni la correa de un zapato, ni nada de lo tuyo tomaré, y así no dirás: "Yo he enriquecido a Abram."
24 Nada en absoluto, salvo lo que han comido los mozos y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Eskol y Mambré. Ellos que tomen su parte.»
Reflexión del capítulo 14
El capítulo decimocuarto narra una guerra de reyes. Cuatro reyes orientales invaden la región, saquean Sodoma y se llevan cautivo a Lot con todos sus bienes. Cuando Abram lo sabe, no duda: arma a sus hombres, persigue a los invasores, los derrota y rescata a su sobrino y a los demás prisioneros. El hombre de fe no es un contemplativo pasivo; cuando la injusticia golpea a los suyos, actúa con valentía y prudencia.
A su regreso ocurre una de las escenas más misteriosas y fecundas del Génesis: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, ofrece pan y vino y bendice a Abram. No pertenece a su familia ni a su historia, y sin embargo reconoce al Dios verdadero y ejerce un sacerdocio que la tradición cristiana ha visto como figura de Cristo, el sacerdote eterno que ofrece su Cuerpo y su Sangre. Además, Abram rechaza el botín que el rey de Sodoma le ofrece, para que nadie pueda decir que lo enriqueció: su confianza está solo en Dios. Fidelidad, valentía y desinterés se unen en el padre de la fe.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Actúa hoy ante una injusticia que tengas cerca, aunque no sea tu problema: defiende a alguien indefenso, denuncia un abuso, ayuda a quien fue despojado. Y revisa tu relación con el dinero: aprende de Abram a no depender de favores que te aten. Ofrece tu ayuda sin esperar recompensa ni reconocimiento. Que tu libertad interior sea mayor que cualquier beneficio que te ofrezcan.
Oración
Señor, tú que bendices a los valientes y a los desinteresados, dame fuerza para defender al oprimido y libertad para no vender mi alma por ganancias. Hazme partícipe del sacerdocio de Cristo, que se entrega por amor. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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