Génesis

Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos

Gn

Capítulo 33

1 Jacob levantó los ojos y al ver que venía Esaú con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lía y Raquel y las dos siervas.

2 Puso a las siervas y sus niños al frente; después a Lía y sus niños, y a Raquel y José en la zaga,

3 y él se les adelantó y se inclinó en tierra siete veces, hasta llegar donde su hermano.

4 Esaú, a su vez, corrió a su encuentro, le abrazó, se le echó al cuello, le besó y lloró.

5 Levantó luego los ojos, y al ver a las mujeres y a los niños, dijo: «¿Qué son de ti éstos?» - «Son los hijos que ha otorgado Dios a tu siervo.»

6 Entonces se acercaron las siervas con sus niños, y se inclinaron.

7 Acercóse también Lía con sus niños, y se inclinaron. Y por último se acercaron José y Raquel y se inclinaron.

8 Dijo Esaú: «¿Qué pretendes con toda esta caravana que acabo de encontrar?» - «Es para hallar gracias a los ojos de mi señor.»

9 Dijo Esaú: «Tengo bastante, hermano mío; sea para ti lo tuyo.»

10 Replicó Jacob: «De ninguna manera. Si he hallado gracias a tus ojos, toma mi regalo de mi mano, ya que he visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios, y me has mostrado simpatía.

11 Acepta, pues, el obsequio que te he traído; pues Dios me ha favorecido y tengo de todo.» E instóle tanto que aceptó.

12 Dijo Esaú: «Vámonos de aquí, y yo te daré escolta.»

13 El le dijo: «Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo conmigo ovejas y vacas criando; un día de ajetreo bastaría para que muriese todo el rebaño.

14 Adelántese, pues, mi señor a su siervo, que yo avanzaré despacito, al paso del ganado que llevo delante, y al paso de los niños, hasta que llegue donde mi señor, a Seír.»

15 Dijo Esaú: «Entonces voy a destacar contigo a parte de la gente que me acompaña.» - «¿Para qué tal? Con que halle yo gracia a los ojos de mi señor...»

16 Rehízo, pues, Esaú aquel mismo día su camino rumbo a Seír,

17 y Jacob partió para Sukkot donde edificó para sí una casa y para su ganado hizo cabañas. Por donde se llamó aquel lugar Sukkot.

18 Jacob llegó sin novedad a la ciudad de Siquem, que está en el territorio cananeo, viniendo de Paddán Aram, y acampó frente a la ciudad.

19 Compró a los hijos de Jamor, padre de Siquem, por cien agnos la parcela de campo donde había desplegado su tienda,

20 erigió allí un altar, y lo llamó de «El», Dios de Israel.

Reflexión del capítulo 33

El capítulo trigesimotercero es el de la reconciliación. Jacob, que temía la venganza de su hermano, levanta los ojos y ve venir a Esaú con cuatrocientos hombres. Entonces hace algo humilde y valiente: se adelanta solo y se inclina hasta el suelo siete veces. No hay ejército, no hay excusas; hay un hombre que se reconoce culpable y se pone en manos de su hermano. Y Esaú, contra todo pronóstico, corre a su encuentro, lo abraza, se echa a su cuello y lo besa, y los dos lloran.

El perdón desarma la venganza. Jacob insiste en ofrecerle sus regalos y pronuncia una frase reveladora: ver tu rostro es como ver el rostro de Dios. En el hermano perdonado, Jacob contempla la misericordia divina. Después, cada uno sigue su camino, con respeto y sin falsa fusión. Jacob se establece en Siquén y levanta un altar, llamándolo El, Dios de Israel. El capítulo enseña que la reconciliación es posible cuando uno se humilla y el otro perdona, y que el abrazo de dos hermanos es un lugar donde Dios se hace presente.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Piensa hoy en alguien con quien estás distanciado: un familiar, un amigo, un vecino. Da el primer paso, aunque te cueste, como Jacob: reconoce tu parte, humíllate y ofrece la paz. Y si eres tú quien debe perdonar, no dejes que el rencor te robe el abrazo. Perdonar no es olvidar, es dejar de condenar. La paz empieza cuando uno se atreve a inclinarse.

Oración

Padre de misericordia, tú perdonas al que se humilla y abrazas al que vuelve. Dame la humildad de dar el primer paso y la grandeza de perdonar de corazón, para que en mi hermano reconozca tu rostro. Amén.

Acerca del libro de Génesis

El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.

Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.

Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.

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