Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 48 de 50Capítulo 48
1 Sucedió tras esto que se le dijo a José: «Mira que tu padre está malo.» Entonces él tomó consigo a sus dos hijos Manasés y Efraím,
2 y se hizo anunciar a Jacob: «Tu hijo José ha venido a verte.» Entonces Israel, haciendo un esfuerzo, se sentó en su lecho.
3 Dijo Jacob a José: «El Saday se me apareció en Luz, en país cananeo; me bendijo
4 y me dijo: "Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques; haré de ti una asamblea de pueblos, y daré esta tierra a tu posteridad en propiedad eterna."
5 Pues bien, los dos hijos tuyos que te nacieron en Egipto antes de venir yo a Egipto a reunirme contigo, míos son: Efraím y Manasés, igual que Rubén y Simeón, serán míos.
6 En cuanto a la prole que has engendrado después de ellos, tuya será y con el apellido de sus demás hermanos se la citará en orden a la herencia.
7 Cuando yo venía de Paddán se me murió en el camino Raquel, tu madre, en el país de los cananeos, a poco trecho para llegar a Efratá, y allí la sepulté, en el camino de Efratá, o sea Belén.»
8 Vio Israel a los hijos de José y preguntó: «¿Quiénes son éstos?»
9 Dijo José a su padre: «Son mis hijos, los que me ha dado Dios aquí.» Y él dijo: «Tráemelos acá, que yo les bendiga.»
10 Los ojos de Jacob se habían nublado por la vejez y no podía ver. Acercóselos, pues, y él los besó y los abrazó.
11 Dijo Israel a José: «Yo no sospechaba ver más tu rostro, y ahora resulta que Dios me ha hecho ver también a tus hijos.»
12 José los sacó de entre las rodillas de su padre, y se postró ante él rostro en tierra.
13 José los tomó a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel, y los acercó a éste.
14 Israel extendió su diestra y la puso sobre la cabeza de Efraím, aunque era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés: es decir que cruzó las manos, puesto que Manasés era el primogénito;
15 y bendijo a José diciendo: «El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que ha sido mi pastor desde que existo hasta el presente día,
16 el Angel que me ha rescatado de todo mal, bendiga a estos muchachos; sean llamados con mi nombre y con el de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense y crezcan en medio de la tierra.»
17 Al ver José que su padre tenía la diestra puesta sobre la cabeza de Efraím, le pareció mal, y asió la mano de su padre para retirarla de sobre la cabeza de Efraím a la de Manasés.
18 Y dijo José a su padre: «Así no, padre mío, que éste es el primogénito; pon tu diestra sobre su cabeza.
19 Pero rehusó su padre, y dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será grande. Sin embargo, su hermano será más grande que él, y su descendencia se hará una muchedumbre de gentes.
20 Y les bendijo aquel día, diciendo: «Que con vuestro nombre se bendiga en Israel, y se diga: ¡Hágate Dios como a Efraím y Manasés!» - y puso a Efraím por delante de Manassés. -
21 Dijo entonces Israel a José: «Yo muero; pero Dios estará con vosotros y os devolverá a la tierra de vuestros padres.
22 Yo, por mi parte, te doy Siquem a ti, mejorándote sobre tus hermanos: lo que tomé al amorreo con mi espada y con mi arco.»
Reflexión del capítulo 48
El capítulo cuadragesimoctavo narra la bendición de los hijos de José. Jacob, ya enfermo y casi ciego, recibe a Efraín y a Manasés, los dos hijos que José tuvo en Egipto. Recuerda ante ellos la promesa que Dios le hizo en Betel y adopta a sus nietos como hijos propios, dándoles un lugar entre las tribus de Israel. Es un gesto de fe: el anciano que va a morir sigue pensando en el futuro del pueblo, y transmite a la generación siguiente lo que él recibió.
Después viene la escena memorable: José coloca a Manasés, el mayor, a la derecha de su padre, y a Efraín a la izquierda, para que reciba la bendición principal. Pero Jacob cruza las manos y pone la derecha sobre Efraín, el menor. José intenta corregirlo, y Jacob responde: lo sé, hijo mío, lo sé. Dios elige libremente, y su elección no sigue nuestras lógicas. El menor recibe la bendición mayor. La historia de Israel está llena de estas inversiones, y enseñan que la gracia de Dios no es un derecho adquirido, sino un don que él reparte como quiere.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Transmite hoy algo de fe a la generación que viene: un nieto, un sobrino, un joven que te escucha. No hace falta un discurso; basta con tu testimonio y tu oración. Y acepta que Dios bendice a quien quiere, incluso cuando su elección no coincide con tus expectativas o jerarquías. Confía en su libertad y no pretendas controlarla. Dios sabe lo que hace, incluso cuando sus caminos te desconciertan.
Oración
Dios que eliges libremente y no sigues nuestras jerarquías, enséñame a aceptar tu voluntad sin querer controlarla y a transmitir la fe a quienes vienen detrás. Confío en tu elección, aunque no siempre la entienda. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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