Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 15 de 50Capítulo 15
1 Después de estos sucesos fue dirigida la palabra de Yahveh a Abram en visión, en estos términos: «No temas, Abram. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande.»
2 Dijo Abram: «Mi Señor, Yahveh, ¿qué me vas a dar, si me voy sin hijos...?.»
3 Dijo Abram: «He aquí que no me has dado descendencia, y un criado de mi casa me va a heredar.»
4 Mas he aquí que la palabra de Yahveh le dijo: «No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas.»
5 Y sacándole afuera, le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas.» Y le dijo: «Así será tu descendencia.»
6 Y creyó él en Yahveh, el cual se lo reputó por justicia.
7 Y le dijo: «Yo soy Yahveh que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad.»
8 El dijo: «Mi Señor, Yahveh, ¿en qué conoceré que ha de ser mía?»
9 Díjole: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.»
10 Tomó él todas estas cosas, y partiéndolas por medio, puso cada mitad enfrente de la otra. Los pájaros no los partió.
11 Las aves rapaces bajaron sobre los cadáveres, pero Abram las espantó.
12 Y sucedió que estando ya el sol para ponerse, cayó sobre Abram un sopor, y de pronto le invadió un gran sobresalto.
13 Yahveh dijo a Abram: «Has de saber que tus descendientes serán forasteros en tierra extraña. Los esclavizarán y oprimirán durante cuatrocientos años.
14 Pero yo a mi vez juzgaré a la nación a quien sirvan; y luego saldrán con gran hacienda.
15 Tú en tanto vendrás en paz con tus padres, serás sepultado en buena ancianidad.
16 Y a la cuarta generación volverán ellos acá; porque hasta entonces no se habrá colmado la maldad de los amorreos.»
17 Y, puesto ya el sol, surgió en medio de densas tinieblas un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre aquellos animales partidos.
18 Aquel día firmó Yahveh una alianza con Abram, diciendo: «A tu descendencia he dado esta tierra, desde el rió de Egipto hasta el Río Grande, el río Eufrates:
19 los quenitas, quenizitas, cadmonitas,
20 hititas, perizitas, refaítas,
21 amorreos, cananeos, guirgasitas y jebuseos.»
Reflexión del capítulo 15
El capítulo decimoquinto es una de las páginas más hondas de la Biblia. Abram acaba de rechazar riquezas y de ganar una batalla, pero sigue sin hijos, y la promesa parece imposible. Dios no le responde con un argumento, sino con una invitación: no temas, Abram, yo soy tu escudo. Después lo saca de la tienda y le muestra las estrellas: así será tu descendencia. Y el texto pronuncia una frase decisiva: Abram creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Aquí se funda toda la doctrina de la fe: no somos justos por nuestras obras, sino por confiar en la palabra de Dios.
Luego Dios sella su promesa con una alianza, en un rito solemne y oscuro, y revela a Abram el futuro: su descendencia será esclava en Egipto, pero saldrá con grandes bienes. La fe no ignora el sufrimiento; lo atraviesa con esperanza. El creyente no recibe explicaciones completas, recibe una promesa y la certeza de que Dios camina con él en la oscuridad.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuando algo que esperas se retrase, no te dejes llevar por la angustia ni por los atajos. Sal a mirar el cielo, aunque sea metafóricamente: recuerda las veces que Dios ya fue fiel. Escribe hoy una promesa suya que sostenga tu esperanza y confíale tu deseo más hondo, sin exigirle plazos. La fe madura no exige explicaciones: aprende a esperar con el corazón abierto.
Oración
Dios fiel, que te comprometes con tu palabra y sostienes mi fe cuando todo tarda, enséñame a creerte como Abraham. Que mi confianza en ti sea mi justicia y que camine en la oscuridad sin soltar tu mano. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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