Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 34 de 50Capítulo 34
1 Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, salió una vez a ver a las mujeres del país.
2 Siquem, hijo de Jamor el jivita, príncipe de aquella tierra, la vio, se la llevó, se acostó con ella y la humilló.
3 Su alma se aficionó a Dina, hija de Jacob, se enamoró de la muchacha y trató de convencerla.
4 Siquem dijo a su padre Jamor: «Tómame a esta chica por mujer.»
5 Jacob oyó que Siquem había violado a su hija Dina, pero sus hijos estaban con el ganado en el campo, y Jacob guardó silencio hasta su llegada.
6 Jamor, padre de Siquem, salió a donde Jacob para hablar con él.
7 Los hijos de Jacob volvieron del campo al oírlo, y se indignaron los hombres y les dio mucha rabia la afrenta hecha por Siquem acostándose con la hija de Jacob: «Eso no se hace.»
8 Jamor habló con ellos diciendo: «Mi hijo Siquem se ha prendado de vuestra hija, así que dádsela por mujer.
9 Emparentad con nosotros: dadnos vuestras hijas, y tomad para vosotros la nuestras.
10 Quedaos a vivir con nosotros: tenéis la tierra franca. Instalaos, circulad libremente y adquirid propiedades.»
11 Siquem dijo al padre y a los hermanos de la chica: «Ojalá me concedáis vuestro favor, y yo os daré lo que me pidáis.
12 Pedidme cualquier dote, por grande que sea, que yo os daré cuanto me digáis; pero dadme a la muchacha por mujer.»
13 Los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Jamor con disimulo, y dirigiéndose a aquel que había violado a su hermana Dina,
14 dijeron: «No podemos hacer tal cosa: dar nuestra hermana a uno que es incircunciso, porque eso es una vergüenza para nosotros.
15 Tan sólo os la daremos a condición de que os hagáis como nosotros, circuncidándose todos vuestros varones.
16 Entonces os daremos nuetras hijas, y tomaremos para nosotros las vuestras, nos quedaremos con vosotros y formaremos un solo pueblo.
17 Pero si no nos escucháis respecto a la circuncisión, entonces tomaremos a nuestra hija y nos iremos.»
18 Sus palabras parecieron bien a Jamor y a Siquem, hijo de Jamor,
19 y el muchacho no tardó en ponerlo en práctica, porque quería a la hija de Jacob. El mismo era el más honorable de toda la casa de su padre.
20 Jamor y su hijo Siquem vinieron a la puerta de su ciudad y hablaron a todos sus conciudadanos diciéndoles:
21 «Estos hombres nos vienen en son de paz. Que se queden en el país y a circulen libremente, pues y a veis que pueden disponer de tierra espaciosa. Tomemos a sus hijas por mujeres y démosles las nuestras.
22 Pero sólo con esta condicíon accederán estos hombres a quedarse con nosotros para formar un solo pueblo: que nos circuncidemos todos los varones; igual que ellos están circuncidados.
23 Sus ganados y hacienda y todas sus bestias, ¿no van a ser para nosotros? Así que lleguemos a un acuerdo con ellos y que se queden con nosotros.»
24 Todos los que salían por la puerta de la ciudad escucharon a Jamor y a su hijo Siquem, y se circuncidó todo varón que salía por las puertas de la ciudad.
25 Pues bien, al tercer día, mientras ellos estaban adoloridos, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, blandieron cada uno su espada y entrando en la ciudad sin peligro mataron a todo varón.
26 También mataron a Jamor y a Siquem a filo de espada, y tomando a Dina de la casa de Siquem, salieron.
27 Los hijos de Jacob pasaron sobre los muertos, pillaron la ciudad que había violado a su hermana,
28 se apoderaron de sus rebaños, vacadas y asnos, cuanto había en la ciudad y cuanto había en el campo,
29 saquearon toda su hacienda y sus pequeñuelos y sus mujeres, y pillaron todo lo que había dentro.
30 Jacob dijo a Simeón y a Leví: «Me habéis puesto a malas haciéndome odioso entre los habitantes de este país, los cananeos y los perizitas, pues yo dispongo de unos pocos hombres, y ellos van a juntarse contra mí, me atacarán y seré aniquilado yo y mi casa.»
31 Replicaron ellos: «¿Es que iban a tratar a nuestra hermana como a una prostituta?»
Reflexión del capítulo 34
El capítulo trigesimocuarto es una página sombría. Dina, la hija de Jacob, sale a ver a las mujeres del país y es violentada por Siquén, el hijo del príncipe de la región. El agresor se enamora de ella y pide casarse, y su padre propone un acuerdo: que los hombres de la ciudad se circunciden y así se unan al clan de Jacob. Los hijos de Jacob aceptan, pero con engaño, porque su verdadera intención es vengarse. Y cuando los hombres de Siquén están convalecientes, Simeón y Leví entran en la ciudad, matan a todos los varones y saquean sus bienes.
El capítulo no glorifica esta venganza. Jacob reprende a sus hijos con dureza: me habéis puesto en mala fama entre los habitantes del país. La violencia desproporcionada, aunque nazca de una injusticia real, engendra más violencia y pone en peligro a toda la familia. La Biblia muestra aquí, sin maquillaje, el daño del pecado en cadena y la facilidad con que el dolor se convierte en crueldad. No hay héroes en esta página, sino una advertencia sobre hasta dónde puede llegar el corazón humano herido.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Ante una injusticia sufrida —tuya o de alguien que amas—, no dejes que el dolor te convierta en verdugo. Denuncia el mal, busca justicia, protege al débil, pero no te tomes la venganza por tu mano. Pide a Dios que sane tu rabia y te dé lucidez para no arrastrar a otros a un ciclo de violencia. La justicia sin misericordia se convierte en crueldad.
Oración
Señor, tú ves la injusticia y no la ignoras, pero no quieres que el dolor me convierta en verdugo. Sana mi rabia, protégeme de la venganza y enséñame a buscar justicia sin perder la misericordia. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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