Génesis
Antiguo Testamento | 50 capítulos | 1532 versículos
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Capítulo 16 de 50Capítulo 16
1 Saray, mujer de Abram, no le daba hijos. Pero tenía una esclava egipcia, que se llamaba Agar,
2 y dijo Saray a Abram: «Mira, Yahveh me ha hecho estéril. Llégate, pues, te ruego, a mi esclava. Quizá podré tener hijos de ella.» Y escuchó Abram la voz de Saray.
3 Así, al cabo de diez años de habitar Abram en Canaán, tomó Saray, la mujer de Abram, a su esclava Agar la egipcia, y diósela por mujer a su marido Abram.
4 Llegóse, pues, él a Agar, la cual concibió. Pero luego, al verse ella encinta, miraba a su señora con desprecio.
5 Dijo entonces Saray a Abram: «Mi agravio recaiga sobre ti. Yo puse mi esclava en tu seno, pero al verse ella encinta me mira con desprecio. Juzgue Yahveh entre nosotros dos.»
6 Respondió Abram a Saray: «Ahí tienes a tu esclava en tus manos. Haz con ella como mejor te parezca.» Saray dio en maltratarla y ella huyó de su presencia.
7 La encontró el Angel de Yahveh junto a una fuente de agua en el desierto - la fuente que hay en el camino de Sur -
8 y dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?» Contestó ella: «Voy huyendo de la presencia de mi señora Saray.»
9 «Vuelve a tu señora, le dijo el Angel de Yahveh, y sométete a ella.»
10 Y dijo el Angel de Yahveh: «Multiplicaré de tal modo tu descendencia, que por su gran multitud no podrá contarse.»
11 Y díjole el Angel de Yahveh: Mira que has concebido, y darás a luz un hijo, al que llamarás Ismael, porque Yahveh ha oído tu aflicción.
12 Será un onagro humano. Su mano contra todos, y la mano de todos contra él; y enfrente de todos sus hermanos plantará su tienda.»
13 Dio Agar a Yahveh, que le había hablado, el nombre de «Tú eres El Roí», pues dijo: «¿Si será que he llegado a ver aquí las espaldas de aquel que me ve?»
14 Por eso se llamó aquel pozo «Pozo de Lajay Roí». Está entre Cadés y Béred.
15 Agar dio a luz un hijo a Abram, y Abram llamó al hijo que Agar le había dado Ismael.
16 Tenía Abram 86 años cuando Agar le dio su hijo Ismael.
Reflexión del capítulo 16
El capítulo decimosexto muestra la impaciencia humana y la ternura de Dios. Saray no tiene hijos y, según la costumbre de su tiempo, ofrece su esclava Agar a Abram para tener descendencia por medio de ella. Es un intento de resolver con medios humanos lo que solo Dios podía dar. Cuando Agar concibe, el orgullo y los celos envenenan la casa: Agar desprecia a su señora y Saray la maltrata, hasta que la esclava huye al desierto. La consecuencia de la falta de fe es siempre el sufrimiento de los más débiles.
Pero el desierto no es abandono. El ángel del Señor encuentra a Agar junto a una fuente, la llama por su nombre y le da una promesa: su hijo Ismael vivirá y será una gran nación. Agar responde con un nombre que revela su asombro: tú eres el Dios que me ve. Es la primera persona en la Biblia que da un nombre a Dios, y es una esclava, una extranjera, una fugitiva. Dios ve al que nadie mira y escucha al que nadie escucha. El capítulo es una lección de humildad para los privilegiados y de esperanza para los descartados.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Piensa hoy en alguien a quien la vida ha tratado con dureza y que quizá tú ignoras: una persona migrante, enferma, sola o sin recursos. Reconócela con una mirada, una palabra, un gesto concreto. Y si tú te sientes invisible, recuerda el nombre de Agar: Dios también te ve a ti. Nadie está tan lejos que quede fuera de su mirada.
Oración
Dios que me ves, tú conoces al que nadie mira y escuchas al que nadie escucha. Enséñame a tratar con justicia a los débiles y a confiar en que nunca me pierdes de vista. Amén.
Acerca del libro de Génesis
El Génesis abre la Biblia con una afirmación que sostiene todo lo demás: en el principio Dios crea. Su nombre hebreo, Bereshit («en el principio»), designa el libro por su primera palabra; la tradición griega lo llamó Génesis, «origen» o «nacimiento», porque en él se narran los comienzos del mundo, de la humanidad y del pueblo elegido. La tradición judía y cristiana lo atribuye a Moisés, que habría recogido y ordenado antiguas tradiciones de Israel. El libro se articula en dos grandes bloques: la historia de los orígenes (capítulos 1-11), que abarca la creación, la caída, el diluvio y la torre de Babel, y la historia de los patriarcas (capítulos 12-50), centrada en Abraham, Isaac, Jacob y José.
Sus relatos se sitúan en el horizonte del antiguo Oriente Próximo, y su redacción final responde a la fe de Israel, madurada también en el destierro de Babilonia. En medio de un mundo politeísta, el Génesis confiesa que hay un solo Dios, creador libre y soberano, que llama a Abram desde Ur y establece con él una alianza: bendeciré a quienes te bendigan, y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Sus temas centrales son la creación y la imagen de Dios en el ser humano, el pecado que rompe la comunión, la promesa que sobrevive a toda crisis, la alianza y la providencia que conduce la historia hacia un bien mayor incluso a través del mal. Para la fe católica, el Génesis responde a las preguntas más hondas: de dónde venimos, quiénes somos y por qué existe el sufrimiento. En él se fundan la dignidad inviolable de la persona, el matrimonio, la familia y la esperanza de un Redentor.
Y sobre todo, el Génesis apunta a Cristo. El nuevo Adán que repara la desobediencia, el descendiente de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, el Melquisedec que ofrece pan y vino, el José vendido y después salvador de sus hermanos: toda la Escritura comienza aquí y camina hacia el Evangelio.
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