Exodo
Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos
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Capítulo 7 de 40Capítulo 7
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Mira que te he constituido como dios para Faraón y Aarón, tu hermano, será tu profeta;
2 tú le dirás cuanto yo te mande; y Aarón, tu hermano, se lo dirá a Faraón, para que deje salir de su país a los israelitas.
3 Yo, por mi parte, endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré mis señales y mis prodigios en el país de Egipto.
4 Faraón no os escuchará, pero yo pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de Egipto a mi ejército, mi pueblo, los israelitas, a fuerza de duros castigos.
5 Y los egipcios reconocerán que yo soy Yahveh, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque de en medio de ellos a los hijos de Israel.»
6 Moisés y Aarón hicieron lo que les mandó Yahveh.
7 Tenía Moisés ochenta años, y Aarón 83 cuando hablaron a Faraón.
8 Habló Yahveh a Moisés y Aarón, y dijo:
9 «Cuando Faraón os diga: Haced algún prodigio, dirás a Aarón: "Toma tu cayado y échalo delante de Faraón, y que se convierta en serpiente."»
10 Presentáronse, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron lo que Yahveh había ordenado: Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus servidores, y se convirtió en serpiente.
11 También Faraón llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los sabios egipcios, hicieron con sus encantamientos las mismas cosas.
12 Echó cada cual su vara, y se trocaron en serpientes; pero el cayado de Aarón devoró sus varas.
13 Sin embargo el corazón de Faraón se endureció, y no les escuchó, conforme había predicho Yahveh.
14 Entonces dijo Yahveh a Moisés: «El corazón de Faraón es obstinado; se niega a dejar salir al pueblo.
15 Preséntate a Faraón por la mañana, cuando vaya a la ribera. Le saldrás al encuentro a la orilla del Río, llevando en tu mano el cayado que se convirtió en serpiente.
16 Y le dirás: Yahveh, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: "Deja partir a mi pueblo, para que me den culto en el desierto"; pero hasta el presente no has escuchado.
17 Así dice Yahveh: En esto conoceras que yo soy Yahveh: Mira que voy a golpear con el cayado que tengo en la mano las aguas del Río, y se convertirán en sangre.
18 Los peces del Río morirán, y el Río quedará apestado de modo que los egipcios no podrán ya beber agua del Río.»
19 Yahveh dijo a Moisés: «Di a Aarón: Toma tu cayado, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas y sobre todos sus depósitos de agua. Se convertirán en sangre; y habrá sangre en toda la tierra de Egipto, hasta en los árboles y la piedras.»
20 Moisés y Aarón hicieron lo que Yahveh les había mandado: alzó el cayado y golpeó las aguas que hay en el Rió en presencia de Faraón y de sus servidores, y todas las aguas del Rió se convirtieron en sangre.
21 Los peces del Río murieron, el Río quedó apestado de modo que los egipcios nos pudieron beber el agua del Río; hubo sangre en todo el país de Egipto.
22 Pero lo mismo hicieron con sus encantamientos los magos de Egipto; y el corazón de Faraón se endureció y no les escuchó, como había dicho Yahveh.
23 Se volvió Faraón y entró en su casa sin hacer caso de ello.
24 Y todos los egipcios tuvieron que cavar en los alrededores del Río en busca de agua potable, porque no podían beber las aguas del Río.
25 Pasaron siete días desde que Yahveh hirió el Río.
26 Y dijo Yahveh a Moisés: «Preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh: "Deja salir a mi pueblo para que me dé culto."
27 Si te niegas a dejarle partir infestaré de ranas todo tu país.
28 El Río bullirá de ranas, que subirán y entrarán en tu casa, en tu dormitorio y en tu lecho, en las casas de tus servidores y en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas.
29 Subirán la ranas sobre ti, sobre tu pueblo, y sobre tus siervos.»
Reflexión del capítulo 7
El capítulo séptimo marca el comienzo de las plagas, precedido de una afirmación sorprendente: Dios constituye a Moisés «como dios para Faraón», y Aarón será su profeta. Es decir, Dios actúa a través de mediadores humanos, y les confía su palabra. Al mismo tiempo, anuncia que él endurecerá el corazón de Faraón, para multiplicar sus señales: el objetivo de las plagas no es solo liberar a Israel, sino que Egipto reconozca quién es Yahveh.
La primera señal es el cayado que se convierte en serpiente. Los sabios egipcios logran imitarla, pero el cayado de Aarón devora los suyos: la verdadera autoridad de Dios supera toda magia. Después llega la primera plaga: el agua del Nilo se convierte en sangre, los peces mueren y el río queda apestado. Los magos imitan también esto, y Faraón «volvió a su casa sin hacer caso».
Hay un detalle sobrecogedor: cuanto más se repite el prodigio, más se cierra el rey en sí mismo. El capítulo enseña que la obstinación no es un destino, sino una serie de decisiones que se refuerzan. Faraón no es víctima de un destino: se endurece. Y cada signo de Dios, que debería abrir el corazón, encuentra en él una resistencia mayor.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Los signos de Dios están delante de nosotros, pero podemos acostumbrarnos a ellos y no cambiar. Hoy examina una llamada de Dios que llevas tiempo escuchando —perdonar, dejar un vicio, reconciliarte— y que has ido postergando. Da hoy el primer paso, por pequeño que sea, para que la repetición de su voz no te endurezca, sino que te mueva. El corazón se endurece por costumbre, no por destino.
Oración
Señor, que manifiestas tu poder para que te reconozcamos: no permitas que mi corazón se endurezca ante tus señales. Ábreme a tu voz, líbrame de la obstinación y enséñame a cambiar mientras todavía es tiempo. Amén.
Acerca del libro de Exodo
El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.
Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.
Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.
Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.
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