Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 19

1 Al tercer mes después de la salida de Egipto, ese mismo día, llegaron los hijos de Israel al desierto de Sinaí.

2 Partieron de Refidim, y al llegar al desierto de Sinaí acamparon en el desierto. Allí acampó Israel frente al monte.

3 Moisés subió hacia Dios. Yahveh le llamó desde el monte, y le dijo: «Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel:

4 "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí.

5 Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra;

6 seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel.»

7 Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas palabras que Yahveh le había mandado.

8 Todo el pueblo a una respondió diciendo: «Haremos todo cuanto ha dicho Yahveh.» Y Moisés llevó a Yahveh la respuesta del pueblo.

9 Dijo Yahveh a Moisés: «Mira: Voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo me oiga hablar contigo, y así te dé crédito para siempre.» Y Moisés refirió a Yahveh las palabras del pueblo.

10 Yahveh dijo a Moisés: «Ve donde el pueblo y haz que se santifiquen hoy y mañana; que laven sus vestidos

11 y estén preparados para el tercer día; porque al día tercero descenderá Yahveh a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.

12 Deslinda el contorno de la montaña, y di: Guardaos de subir al monte y aun de tocar su falda. Todo aquel que toque el monte morirá.

13 Pero nadie pondrá la mano sobre el culpable, sino que será lapidado o asaeteado; sea hombre o bestia, no quedará con vida. Cuando resuene el cuerno, subirán ellos al monte.»

14 Bajó, pues, Moisés del monte, adonde estaba el pueblo, y ellos lavaron sus vestidos.

15 Y dijo al pueblo: «Estad preparados para el tercer día, y absteneos de mujer.»

16 Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar.

17 Entonces Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte.

18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahveh había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia.

19 El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno.

20 Yahveh bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte; llamó Yahveh a Moisés a la cima de la montaña y Moisés subió.

21 Dijo Yahveh a Moisés: «Baja y conjura al pueblo que no traspase las lindes para ver a Yahveh, porque morirían muchos de ellos;

22 aun los sacerdotes que se acercan a Yahveh deben santificarse para que Yahveh no irrumpa contra ellos.»

23 Moisés respondió a Yahveh: «El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos lo has prohibido, diciendo: Señala un límite alrededor del monte y decláralo sagrado.»

24 Yahveh le dijo: «Anda, baja, y luego subes tú y Aarón contigo; pero los sacerdotes y el pueblo no traspasarán las lindes para subir hacia Yahveh a fin de que no irrumpa contra ellos."

25 Bajó, pues, Moisés adonde estaba el pueblo y les dijo...

Reflexión del capítulo 19

El capítulo decimonoveno es la preparación de la alianza del Sinaí, momento culminante de la Escritura. Al tercer mes de la salida de Egipto, Israel acampa frente al monte, y Dios le dirige una propuesta de amor: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí». La imagen es entrañable: Dios no es un amo que arrastra esclavos, sino un padre que lleva a su hijo sobre las alas.

La oferta es asombrosa: si escuchan su voz y guardan su alianza, serán «su propiedad personal entre todos los pueblos», «un reino de sacerdotes y una nación santa». Israel no es elegido para dominar, sino para servir de mediador: un pueblo sacerdotal que haga presente a Dios ante las naciones. Y el pueblo responde unánime: «Haremos todo cuanto ha dicho Yahveh».

Después viene la teofanía: tres días de preparación, el lavado de los vestidos, los límites alrededor del monte, y al tercer día truenos, relámpagos, una densa nube, el sonido creciente de la trompeta, humo como de un horno y el monte que retiembla. Dios se manifiesta con majestad, y el pueblo tiembla. El capítulo enseña el doble rostro de la fe: la intimidad de la alianza y la reverencia ante el misterio de un Dios santo. Ni familiaridad sin temor, ni temor sin amor.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Dios nos llama a ser «nación santa» en lo cotidiano, no solo en el templo. Hoy cuida la reverencia: llega puntual y con el corazón preparado a la oración o a la Misa, sin prisas ni distracciones. Y asume tu parte sacerdotal: ofrece tu trabajo, tus dificultades y tus alegrías a Dios, sabiendo que por tu testimonio otros pueden acercarse a él.

Oración

Señor, que me llevas sobre alas de águila y me llamas a ser tuyo: enséñame a escuchar tu voz y a guardar tu alianza. Que mi vida sea sacerdotal, ofrecida a ti y testigo ante los demás, con reverencia y con amor. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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