Exodo
Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos
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Capítulo 34 de 40Capítulo 34
1 Dijo Yahveh a Moisés. «Labra dos tablas de piedra como las primeras, sube donde mí, al monte y yo escribiré en las tablas las palabras que había en las primeras tablas que rompiste.
2 Prepárate para subir mañana temprano al monte Sinaí; allí en la cumbre del monte te presentarás a mí.
3 Que nadie suba contigo, ni aparezca nadie en todo el monte. Ni oveja ni buey paste en el monte.»
4 Labró Moisés dos tablas de piedra como las primeras y, levantándose de mañana, subió al monte Sinaí como le había mandado Yahveh, llevando en su mano las dos tablas de piedra.
5 Descendió Yahveh en forma de nube y se puso allí junto a él. Moisés invocó el nombre de Yahveh.
6 Yahveh pasó por delante de él y exclamó: «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad,
7 que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes; que castiga la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.»
8 Al instante, Moisés cayó en tierra de rodillas y se postró,
9 diciendo: «Si en verdad he hallado gracia a tus ojos, oh Señor, dígnese mi Señor venir en medio de nosotros, aunque sea un pueblo de dura cerviz; perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y recíbenos por herencia tuya.»
10 Respondió él: «Mira, voy a hacer una alianza; realizaré maravillas delante de todo tu pueblo, cono nunca se han hecho en toda la tierra ni en nación alguna; y todo el pueblo que te rodea verá la obra de Yahveh; porque he de hacer por medio de ti cosas que causen temor.
11 Observa bien lo que hoy te mando. He aquí que voy a expulsar delante de ti al amorreo, al cananeo, al hitita, al perizita, al jivita y al jebuseo.
12 Guárdate de hacer pacto con los habitantes del país en que vas a entrar, para que no sean un lazo en medio de ti.
13 Al contrario, destruiréis sus altares, destrozaréis sus estelas y romperéis sus cipos.
14 No te postrarás ante ningún otro dios, pues Yahveh se llama Celoso, es un Dios celoso.
15 No hagas pacto con los moradores de aquella tierra, no sea que cuando se prostituyan tras sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten a ti y tú comas de sus sacrificios;
16 y no sea que tomes sus hijas para tus hijos, y que al prostituirse sus hijas tras sus dioses, hagan también que tus hijos se prostituyan tras los dioses de ellas.
17 No te harás dioses de fundición.
18 Guardarás la fiesta de los Azimos; siete días comerás ázimos como te he mandado, al tiempo señalado, esto es, en el mes de Abib, pues en el mes de Abib saliste de Egipto.
19 Todo lo que abre el seno es mío, todo primer nacido, macho, sea de vaca o de oveja, es mío.
20 El primer nacido de asno lo rescatarás con una oveja; y si no lo rescatas, lo desnucarás. Rescatarás todos los primogénitos de tus hijos, y nadie se presentará ante mí con las manos vacías.
21 Seis días trabajarás, mas en el séptimo descansarás; descansarás en tiempo de siembra y siega.
22 Celebrarás la fiesta de las Semanas: la de las primicias de la siega del trigo, y también la fiesta de la recolección al final del año.
23 Tres vecees al año se presentarán todos tus varones ante Yahveh, el Señor, el Dios de Israel.
24 Pues cuando yo expulse a los pueblos delante de ti y ensanche tus fronteras, nadie codiciará tu tierra cuando tres veces al año subas a presentarte ante Yahveh, tu Dios.
25 No inmolarás con pan fermentado la sangre de mi sacrificio, ni quedará hasta el día siguiente la víctima de la fiesta de Pascua.
26 Llevarás a la casa de Yahveh, tu Dios, lo mejor de las primicias de los frutos de tu suelo. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.»
27 Dijo Yahveh a Moisés: «Consigna por escrito estas palabras, pues a tenor de ellas hago alianza contigo y con Israel.»
28 Moisés estuvo allí con Yahveh cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.
29 Luego, bajó Moisés del monte Sinaí y, cuando bajó del monte con las dos tablas del Testimonio en su mano, no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante, por haber hablado con él.
30 Aarón y todos los israelitas miraron a Moisés, y al ver que la piel de su rostro irradiaba, temían acercarse a él.
31 Moisés los llamó. Aarón y todos los jefes de la comunidad se volvieron a él y Moisés habló con ellos.
32 Se acercaron a continuación todos los israelitas y él les conminó cuanto Yahveh le había dicho en el monte Sinaí.
33 Cuando Moisés acabó de hablar con ellos, se puso un velo sobre el rostro.
34 Siempre que Moisés se presentaba delante de Yahveh para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía, y al salir decía a los israelitas lo que Yahveh había ordenado.
35 Los israelitas veían entonces que el rostro de Moisés irradiaba, y Moisés cubría de nuevo su rostro hasta que entraba a hablar con Yahveh.
Reflexión del capítulo 34
Tras la ruptura de las primeras tablas, Yahveh manda labrar otras dos y subir de nuevo al Sinaí. No borra la alianza: la renueva. Es el capítulo de la gran proclamación del nombre divino: «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad». Estas palabras se convertirán en la profesión de fe más repetida de Israel, eco que resonará en los Salmos y en la liturgia de la Iglesia.
Dios se revela perdonando, pero sin dejar impunes las culpas: su misericordia no es complicidad con el mal. Moisés, de rodillas, pide perdón y que el Señor venga en medio de un pueblo de dura cerviz. La alianza se renueva con leyes concretas: fiestas, primicias, descanso sabático, rechazo de los ídolos.
Moisés permanece cuarenta días sin comer ni beber, y al bajar su rostro irradia luz. Debe cubrirlo con un velo porque la gloria de Dios lo ha transformado. La contemplación verdadera deja huella: quien ha estado con Dios no vuelve igual. San Pablo verá en ese velo una figura de la Antigua Alianza, y en Cristo el rostro definitivo de la misericordia del Padre.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Repite hoy despacio la proclamación del nombre de Dios —misericordioso, clemente, tardo a la cólera— y déjala resonar en tu oración, sobre todo si te sientes culpable o lejos. Acércate al sacramento de la Reconciliación con la confianza de quien sabe que Dios perdona de verdad. Y pide al Señor que, después de tus ratos de oración, algo de su luz se refleje en tu trato con los demás: paciencia, bondad, fidelidad.
Oración
Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor, perdona mis rebeldías y renueva tu alianza conmigo. Que tu luz transforme mi rostro y mi vida, para que quienes me vean descubran algo de tu bondad. Amén.
Acerca del libro de Exodo
El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.
Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.
Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.
Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.
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