Exodo
Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos
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Capítulo 38 de 40Capítulo 38
1 Hizo el altar de los holocaustos de madera de acacia, de cinco codos de largo y cinco de ancho, cuadrado, y de tres codos de alto.
2 Hizo sobresalir de sus cuatro ángulos unos cuernos que formaban un cuerpo con él, y lo revistió de bronce.
3 Hizo, además, todos los utensilios del altar: Los ceniceros, los badiles, los acetres, los tenedores y los braseros. Fundió de bronce todos sus utensilios.
4 Fabricó para el altar una rejilla de bronce en forma de red, bajo la cornisa inferior, de modo que llegaba hasta la mitad del altar.
5 Fijó cuatro anillas para los cuatro extremos de la rejilla de bronce, para meter los varales.
6 Hizo los varales de madera de acacia, y los revistió de bronce,
7 y pasó los varales por las anillas a los flancos del altar, para transportarlo así. Hizo el altar hueco, de paneles.
8 Hizo la pila y la basa de bronce, con los espejos de las mujeres que servían a la entrada de la Tienda del Encuentro.
9 Hizo también el atrio; por el lado del Négueb, hacia el sur, estaba el cortinaje del atrio, de lino fino torzal, de cien codos.
10 Sus postes eran veinte, y veintes sus basas de bronce; los ganchos de los postes y sus varillas eran de plata.
11 Por el lado septentrional había igualmente un cortinaje de cien codos. Sus postes eran veinte, y veinte sus basas de bronce; los ganchos de los postes y sus varillas eran de plata.
12 En el lado occidental había un cortinaje de cincuenta codos. Sus postes eran diez, y diez sus basas; los ganchos de los postes y sus varillas eran de plata.
13 En el lado Este, al oriente, colgaban también cincuenta codos de cortinaje.
14 El cortinaje era de quince codos, con tres columnas y tres basas, por un lado de la entrada;
15 y por el otro lado - a ambos lados de la entrada del atrio - había un cortinaje de quince codos; sus postes eran tres, y tres sus basas.
16 Todos los cortinajes del recinto del atrio eran de lino fino torzal.
17 Las basas de los postes eran de bronce, sus ganchos y sus varillas de plata. También sus capiteles estaban revestidos de plata, y todos los postes del atrio llevaban varillas de plata.
18 El tapiz de la puerta del atrio era labor de recamador y estaba recamado de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino torzal. Tenía veinte codos de largo; su altura - en el ancho - era de cinco codos, lo mismo que los cortinajes del atrio.
19 Sus cuatro postes y sus cuatro basas eran de bronce; sus ganchos de plata, como también el revestimiento de sus capiteles y sus varillas.
20 Toda la clavazón de la Morada y del atrio que la rodeaba era de bronce.
21 Este es el inventario de la Morada, de la Morada del testimonio, realizado por orden de Moisés, y hecho por los levitas bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.
22 Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá, hizo todo cuanto Yahveh había mandado a Moisés,
23 juntamente con Oholiab, hijo de Ajisamak, de la tribu de Dan, que era artífice, bordador y recamador en púrpura violeta y escarlata, en carmesí y lino fino.
24 El total del oro empleado en el trabajo, en todo el trabajo del Santuario, es decir, el oro de la ofrenda reservada, fue de veintinueve talentos y 730 siclos, en siclos del Santuario;
25 la plata de los incluidos en el censo de la comunidad, cien talentos y 1.775 siclos, en siclos del Santuario:
26 un becá por cabeza, o sea medio siclo, en siclos del Santuario, para cada hombre comprendido en el censo de los 603.550 hombres, de veinte años en adelante.
27 Los cien talentos de plata se emplearon en fundir las basas del Santuario y las basas del velo; cien basas correspondientes a los cien talentos, un talento por basa.
28 De los 1.775 siclos hizo ganchos para los postes, revistió sus capiteles y los unió con varillas.
29 El bronce de la ofrenda reservada fue de setenta talentos y 2.400 siclos.
30 Con él hizo las basas para la entrada de la Tienda del Encuentro, el altar de bronce con su rejilla de bronce y todos los utensilios del altar,
31 las basas del recinto del atrio y las basas de la entrada del atrio, toda la clavazón de la Morada y toda la clavazón del atrio que la rodeaba.
Reflexión del capítulo 38
El capítulo 38 detalla el altar de los holocaustos, la pila de bronce, el atrio y el inventario de los metales ofrecidos. Un detalle conmovedor: la pila y su base se fundieron «con los espejos de las mujeres que servían a la entrada de la Tienda del Encuentro». Aquellas mujeres entregaron lo que usaban para mirarse y embellecerse, convirtiéndolo en instrumento de purificación. Es un hermoso símbolo: la vanidad transformada en servicio, el espejo convertido en agua que lava.
El inventario final es también una lección de transparencia: se contabiliza el oro, la plata y el bronce, y se menciona el censo de 603.550 hombres, cada uno de los cuales aportó medio siclo. Nadie es tan insignificante que su contribución no cuente; la casa de Dios se levanta con la suma de muchos dones pequeños y fieles.
El atrio separaba lo sagrado de lo profano y ordenaba el acceso a la presencia de Dios. También nosotros necesitamos espacios y ritmos que nos ayuden a pasar de la dispersión al encuentro, de lo cotidiano a lo santo. La generosidad y el orden son dos caras del mismo amor a Dios.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Piensa hoy en algo que usas para la apariencia —tiempo, dinero, atención— y conviértelo en instrumento de servicio: destina ese rato a ayudar a alguien, a una obra de caridad o a la oración. Sé transparente y ordenado con lo que administras, como el inventario de este capítulo: nada oculto, nada desperdiciado. Y valora tu aportación pequeña: unida a la de otros, sostiene la vida de tu comunidad.
Oración
Señor, purifica mi corazón como el agua de la pila y hazme pasar de la vanidad al servicio. Que sepa administrar con honradez lo que me confías y ofrecer con alegría lo poco que tengo. Sostén, con mi pequeña ayuda, la obra de tu Iglesia. Amén.
Acerca del libro de Exodo
El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.
Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.
Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.
Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.
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