Exodo
Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos
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Capítulo 35 de 40Capítulo 35
1 Moisés reunió a toda la comunidad de los israelitas y les dijo: «Esto es lo que Yahveh ha mandado hacer.
2 Durante seis días se trabajará, pero el día séptimo será sagrado para vosotros, día de descanso completo en honor de Yahveh. Cualquiera que trabaje en ese día, morirá.
3 En ninguna de vuestras moradas encenderéis fuego en día de sábado.»
4 Moisés habló así a toda la comunidad de los israelitas: «Esta es la orden de Yahveh:
5 Reservad de vuestros bienes una ofrenda para Yahveh. Que reserven ofrenda para Yahveh todos aquellos a quienes su corazón mueva: oro, plata y bronce,
6 púrpura violeta y escarlata, carmesí, lino fino, pelo de cabra,
7 pieles de carnero teñidas de rojo, cueros finos y maderas de acacia,
8 aceite para el alumbrado, aromas para el óleo de la unción y para el incienso aromático,
9 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.
10 Que vengan los artífices hábiles de entre vosotros a realizar cuanto Yahveh ha ordenado:
11 la Morada, su Tienda y su toldo, sus broches, sus tableros, sus travesaños, sus postes y sus basas;
12 el Arca y sus varales, el propiciatorio y el velo que lo cubre;
13 la mesa con sus varales y todos sus utensilios, el pan de la Presencia,
14 el candelabro para el alumbrado con sus utensilios, y sus lámparas, y el aceite del alumbrado;
15 el altar del incienso con sus varales; el óleo de la unción, el incienso aromático, la cortina del vano de la entrada a la Morada,
16 el altar de los holocaustos con su rejilla de bronce, sus varales y todos su utensilios; la pila con su base;
17 los cortinajes del atrio con sus postes y sus basas; el tapiz de la entrada del atrio;
18 la clavazón de la Morada y la clavazón del atrio y sus cuerdas;
19 los ornamentos de ceremonia para oficiar en el Santuario; las vestiduras sagradas para el sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos para sus funciones sacerdotales.»
20 Entonces, toda la comunidad de los israelitas se retiró de la presencia de Moisés;
21 todos aquellos a quienes impulsaba su corazón y movía su espíritu vinieron a traer la ofrenda reservada a Yahveh, para los trabajos de la Tienda del Encuentro, para todo su servicio y para las vestiduras sagradas.
22 Venían hombres y mujeres: todos los que eran movidos por su corazón traían zarcillos, pendientes, anillos de oro, el oro que cada uno presentaba como ofrenda mecida para Yahveh.
23 Cuantos poseían púrpura violeta y escarlata, y carmesí, lino fino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo y cueros finos, los traían también.
24 Cuantos pudieron reservar una ofrenda de plata o de bronce, la llevaron como ofrenda reservada a Yahveh. Lo mismo hicieron los que poseían madera de acacia, que sirviera para los trabajos de la obra.
25 Todas las mujeres hábiles en el oficio hilaron con sus manos y llevaron la púrpura violeta y escarlata, el carmesí y lino fino que habían hilado.
26 Todas las mujeres hábiles en hilar, hilaron pelo de cabra, movidas por su corazón.
27 Los jefes trajeron piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral;
28 aromas y aceite para el alumbrado, para el óleo de la unción y para el incienso aromático.
29 Todos los israelitas, hombres y mujeres, cuyo corazón les había impulsado a llevar algo para cualquiera de los trabajos que Yahveh, por medio de Moisés, les había encomendado, presentaron sus ofrendas voluntarias a Yahveh.
30 Moisés dijo entonces a los israelitas: «Mirad, Yahveh ha designado a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá,
31 y le ha llenado del espíritu de Dios, confiriéndole habilidad, pericia y experiencia en toda clase de trabajos,
32 para concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce,
33 para labrar piedras de engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor de artesanía;
34 a él y Oholiab, hijo de Ajisamak de la tribu de Dan, les ha puesto en el corazón el don de enseñar.
35 Les ha llenado de habilidad para toda clase de labores en talla y bordado, en recamado de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino, y en labores de tejidos. Son capaces de ejecutar toda clase de trabajos y de idear proyectos.»
Reflexión del capítulo 35
Antes de describir la construcción de la Morada, Moisés recuerda al pueblo el mandato del sábado: seis días para trabajar, el séptimo consagrado al Señor. El descanso no es pereza, sino reconocimiento de que todo lo que somos y tenemos procede de Dios. Solo un pueblo libre puede descansar; el sábado es un signo de la liberación de Egipto y de la dignidad de la persona.
Después, Moisés invita a traer ofrendas para el Santuario, y el texto repite una y otra vez una expresión hermosa: traían «todos aquellos a quienes su corazón movía». No hay imposición ni cuota forzada: la generosidad nace del corazón agradecido. Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, ricos y humildes participan; las mujeres hilan con sus propias manos. Cada uno aporta lo que tiene: oro, telas, pieles, madera, aceite, piedras.
El capítulo culmina con la elección de Besalel y Oholiab, llenos del Espíritu de Dios, con habilidad, pericia y experiencia. La obra de Dios no se construye solo con buena voluntad, sino con talento ofrecido y trabajo bien hecho. Todo don, incluso el artístico y técnico, está al servicio de la comunidad y de la alabanza.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Reserva hoy un gesto concreto de generosidad «movido por el corazón»: una aportación a tu parroquia o a una obra de caridad, o bien tu tiempo y tu talento al servicio de alguien. Antes de darlo, comprueba que no lo haces por costumbre, sino con gratitud. Y no descuides el descanso: regálate un espacio sin trabajo ni pantallas para reconocer que todo es don de Dios.
Oración
Señor, tú que amas al que da con alegría, mueve mi corazón a ofrecerte lo mejor de mí, no lo que me sobra. Enséñame a descansar en ti y a poner mis talentos al servicio de los demás. Haz de mi vida una ofrenda agradable. Amén.
Acerca del libro de Exodo
El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.
Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.
Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.
Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.
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