Exodo
Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos
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Capítulo 18 de 40Capítulo 18
1 Jetró, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, se enteró de lo que había hecho Dios en favor de Moisés y de Israel, su pueblo, y cómo Yahveh había sacado a Israel de Egipto.
2 Entonces Jetró, suegro de Moisés, tomó a Séfora, mujer de Moisés, a la que Moisés había despedido,
3 y a sus hijos; el uno se llamaba Guersom, pues Moisés dijo: «Forastero soy en tierra extraña,»
4 y el otro se llamaba Eliezer, pues dijo Moisés: «El Dios de mi padre es mi protector y me ha librado de la espada de Faraón.»
5 Llegó, pues, Jetró, suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de Moisés, al desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios.
6 Y dijo a Moisés: Yo, Jetró, tu suegro, vengo a ti con tu mujer y sus dos hijos.»
7 Moisés salió al encuentro de su suegro, se postró y le besó. Se saludaron ambos y entraron en la tienda.
8 Moisés contó a su suegro todo lo que Yahveh había hecho a Faraón y a los egipcios, en favor de Israel; todos los trabajos sufridos en el camino y cómo Yahveh les había librado de ellos.
9 Jetró se alegró de todo el bien que Yahveh había hecho a Israel, librándole de la mano de los egipcios.
10 Y dijo Jetró: «¡Bendito sea Yahveh, que os ha librado de la mano de los egipcios y de la mano de Faraón y ha salvado al pueblo del poder de los egipcios!
11 Ahora reconozco que Yahveh es más grande que todos los dioses...»
12 Después Jetró, suegro de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios; y Aarón y todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de Moisés en presencia de Dios.
13 Al día siguiente, se sentó Moisés para juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo ante Moisés desde la mañana hasta la noche.
14 El suegro de Moisés vio el trabajo que su yerno se imponía por el pueblo, y dijo: «¿Cómo haces eso con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo haciendo que todo el pueblo tenga que permanecer delante de ti desde la mañana hasta la noche?»
15 Contestó Moisés a su suegro: «Es que el pueblo viene a mí para consultar a Dios.
16 Cuando tienen un pleito, vienen a mí; yo dicto sentencia entre unos y otros, y les doy a conocer los preceptos de Dios y sus leyes.»
17 Entonces el suegro de Moisés le dijo: «No está bien lo que estás haciendo.
18 Acabarás agotándote, tú y este pueblo que está contigo; porque este trabajo es superior a tus fuerzas; no podrás hacerlo tú solo.
19 Así que escúchame; te voy a dar un consejo, y Dios estará contigo. Sé tú el representante del pueblo delante de Dios y lleva ante Dios sus asuntos.
20 Enséñales los preceptos y las leyes, dales a conocer el camino que deben seguir y las obras que han de practicar.
21 Pero elige de entre el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres fieles e incorruptibles, y ponlos al frente del pueblo como jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez.
22 Ellos juzgarán al pueblo en todo momento; te presentarán a ti los asuntos más graves, pero en los asuntos de menor importancia, juzgarán ellos. Así se aliviará tu carga, pues ellos te ayudarán a llevarla.
23 Si haces esto, Dios te comunicará sus órdenes, tú podrás resistir, y todo este pueblo por su parte podrá volver en paz a su lugar.»
24 Escuchó Moisés la voz de su suegro e hizo todo lo que le había dicho.
25 Eligió, pues, hombres capaces de entre todo Israel, y los puso al frente del pueblo, como jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta, y jefes de diez.
26 Estos juzgaban al pueblo en todo momento; los asuntos graves se los presentaban a Moisés, mas en todos los asuntos menores juzgaban por sí mismos.
27 Después Moisés despidió a su suegro, que se volvió a su tierra.
Reflexión del capítulo 18
El capítulo decimoctavo es una lección de sabiduría práctica y de humildad. Jetró, suegro de Moisés y sacerdote de Madián, viene al desierto con la mujer y los hijos de Moisés. Escucha el relato de todo lo que Dios ha hecho por Israel y prorrumpe en una bendición: «¡Bendito sea Yahveh...! Ahora reconozco que Yahveh es más grande que todos los dioses». Un extranjero reconoce al Dios de Israel por el testimonio de lo que ha visto hacer. La fe se contagia cuando se cuenta con verdad.
Pero Jetró hace algo más: observa a Moisés juzgando al pueblo desde la mañana hasta la noche, y le advierte sin rodeos: «No está bien lo que estás haciendo. Acabarás agotándote, tú y este pueblo». Y le propone un consejo sensato: que enseñe los preceptos, que represente al pueblo ante Dios, y que delegue el juicio en hombres capaces, temerosos de Dios, fieles e incorruptibles, organizados en jefes de mil, de ciento, de cincuenta y de diez.
Lo admirable es que Moisés, el elegido de Dios, escucha a su suegro y hace lo que le dice. La autoridad verdadera no se aferra a todo el poder, sino que sabe confiar y compartir. El capítulo nos deja una imagen madura de liderazgo: el que sirve a Dios debe cuidar de no agotarse, y ha de buscar colaboradores íntegros para que el pueblo camine en paz.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Delegar y dejarse aconsejar es también una forma de humildad. Hoy, si llevas una carga que te supera, identifica una tarea que puedas compartir y pide ayuda a alguien capaz y fiable, en lugar de agotarte solo. Y si vas a dar un consejo a quien dirige, hazlo con respeto y con razones, como Jetró, buscando su bien y no tu protagonismo.
Oración
Señor, que das sabiduría también por medio de los demás: hazme humilde para escuchar buenos consejos y generoso para compartir responsabilidades. Líbrame del afán de controlarlo todo y enséñame a confiar en quienes tú pones a mi lado. Amén.
Acerca del libro de Exodo
El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.
Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.
Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.
Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.
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