Exodo
Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos
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Capítulo 22 de 40Capítulo 22
1 Si el ladrón, sorprendido al perforar la pared, es herido mortalmente, no habrá venganza de sangre.
2 Mas si esto sucede salido ya el sol, su sangre será vengada. - Debe restituir; si no tiene con qué, será vendido para restituir por su robo.
3 Si lo robado, sea buey, asno u oveja, fuere hallado vivo en su poder, restituirá el doble.
4 Si un hombre causa daño en un campo o en una viña, dejando suelto su ganado de modo que pazca en campo ajeno, restituirá con lo mejor de su propio campo y lo mejor de su propia viña.
5 Si se declara un fuego, y se incrementa con zarzales de modo que se abrasen las hacinas, la mies, o el campo, el autor del incendio deberá resarcir el daño.
6 Cuando un hombre dé a otro dinero o utensilios en depósito para que se lo guarde, y son robados de la casa de éste, el ladrón, si es hallado, restituirá el doble.
7 Pero si no es hallado, el dueño de la casa se presentará ante Dios para declarar que no ha puesto su mano sobre los bienes de su prójimo.
8 En todo caso delictivo, ya se trate de buey, asno, oveja, ropa o de cualquier cosa desaparecida, de la que uno diga: «Es esto», la causa de ambos se llevará ante Dios; y aquel a quien Dios declare culpable, restituirá el doble a su prójimo.
9 Si un hombre entrega a otro un asno, buey, oveja, o cualquier otro animal para su custodia, y éstos mueren o sufren daño o son robados sin que nadie lo vea,
10 mediará entre los dos el juramento de Yahveh para atestiguar que el depositario no ha puesto su mano sobre la hacienda de su prójimo; el dueño tomará lo que quede y el otro no tendrá que restituir.
11 Pero si el animal le ha sido robado estando él cerca, restituirá a su dueño.
12 Si el animal ha sido despedazado, que traiga como testimonio los despojos y no tendrá que restituir.
13 Si un hombre pide a otro que le preste un ganado y éste sufre un daño o muere, en ausencia de su dueño, tendrá que restituir.
14 Si estaba presente su dueño, nada se restituirá. Si lo había alquilado, el dueño recibirá el precio del alquiler.
15 Si un hombre seduce a una virgen, no desposada, y se acuesta con ella, le pagará la dote, y la tomará por mujer.
16 Y si el padre de ella no quiere dársela, el seductor pagará el dinero de la dote de las vírgenes.
17 A la hechicera no la dejarás con vida.
18 Todo el que peque con bestia, morirá.
19 El que ofrece sacrificios a otros dioses, será entregado al anatema.
20 No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto.
21 No vejarás a viuda ni a huérfano.
22 Si le vejas y clama a mí, no dejaré de oír su clamor,
23 se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
24 Si prestas dinero a uno de mi pueblo, al pobre que habita contigo, no serás con él un usurero; no le exigiréis interés.
25 Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol,
26 porque con él se abriga; es el vestido de su cuerpo. ¿Sobre qué va a dormir, si no? Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy compasivo.
27 No blasfemarás contra Dios, ni maldecirás al principal de tu pueblo.
28 No tardarás en ofrecerme de tu abundancia y de tus jugos. Me darás el primogénito de tus hijos.
29 Lo mismo has de hacer con el de tus vacas y ovejas. Siete días estará con su madre, y al octavo me lo darás.
30 Hombres santos seréis para mí. No comáis la carne despedazada por una fiera en el campo; echádsela a los perros.
Reflexión del capítulo 22
El capítulo vigésimo segundo continúa el Código de la Alianza y se centra en la restitución y en la protección de los vulnerables. El ladrón debe devolver el doble, y hasta cinco veces si se trata de un buey robado y sacrificado: la justicia no solo castiga, sino que repara el daño causado. Quien daña un campo ajeno por descuido, o provoca un incendio, resarce con lo mejor de lo suyo.
Pero el corazón del capítulo está en los mandatos sobre los débiles: «No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto. No vejarás a viuda ni a huérfano». Y añade una advertencia sobrecogedora: si claman a Dios, él oirá su clamor. La experiencia de haber sido esclavos se convierte en la razón para tratar con compasión a los que hoy son extranjeros o están solos.
El capítulo prohíbe además prestar con usura al pobre y retener su manto en prenda más allá de la puesta del sol, porque es el abrigo con que duerme. Y ordena no blasfemar ni maldecir al jefe del pueblo, y ofrecer a Dios las primicias y los primogénitos. La santidad que Dios pide no es solo ritual: se mide en la manera de tratar al más débil.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Dios mide nuestra fe por el trato al más vulnerable. Hoy piensa en una persona especialmente frágil en tu entorno —un inmigrante, una persona mayor sola, alguien sin recursos— y haz por ella algo concreto y práctico. Y revisa si algún trato tuyo es abusivo: cobrar de más, retener lo que no es tuyo, aprovecharte de la necesidad ajena. La justicia empieza en los detalles.
Oración
Señor, que oyes el clamor del oprimido: no permitas que yo sea causa del llanto de nadie. Enséñame a recordar que también yo he sido extranjero y necesitado, y a tratar con compasión a los más frágiles. Amén.
Acerca del libro de Exodo
El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.
Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.
Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.
Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.
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