Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 5

1 Después se presentaron Moisés y Aarón a Faraón y le dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios de Israel: Deja salir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto.»

2 Respondió Faraón: «¿Quién es Yahveh para que yo escuche su voz y deje salir a Israel? No conozco a Yahveh y no dejaré salir a Israel.»

3 Ellos dijeron: «El Dios de los hebreos se nos ha aparecido; permite, pues, que vayamos camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios a Yahveh, nuestro Dios, no sea que nos castigue con peste o espada.»

4 El rey de Egipto les replicó: «¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, apartáis al pueblo de sus trabajos? Idos a vuestra tarea.»

5 Y añadió Faraón: «Ahora que el pueblo de esa región es numeroso ¿queréis interrumpir sus trabajos?»

6 Aquel mismo día dio Faraón esta orden a los capataces del pueblo y a los escribas:

7 «Ya no daréis como antes paja al pueblo para hacer ladrillos; que vayan ellos mismos a buscársela.

8 Pero que hagan la misma cantidad de ladrillos que hacían antes, sin rebajarla; pues son unos perezosos. Y por eso claman diciendo: Vamos a ofrecer sacrificios a nuestro Dios.

9 Que se aumente el trabajo de estos hombres para que estén ocupados en él y no den oídos a palabras mentirosas.

10 Salieron los capataces del pueblo diciendo: «Esto dice Faraón: No os daré ya más paja;

11 id vosotros mismos a buscárosla donde la podáis hallar. Pero vuestra tarea no se disminuirá en nada.»

12 Esparcióse, pues, el pueblo por el país de Egipto en busca de rastrojo para emplearlo como paja.

13 Los capataces por su lado los apremiaban, diciendo: «Terminad la tarea que os ha sido fijada para cada día, como cuando había paja.»

14 A los escribas de los israelitas, que los capataces de Faraón habían puesto al frente de aquéllos, se les castigó, diciéndoles: «¿Por qué no habéis hecho, ni ayer ni hoy, la misma cantidad de ladrillos que antes?»

15 Los escribas de los israelitas fueron a quejarse a Faraón, diciendo: «¿Por qué tratas así a tus siervos?

16 No se da paja a tus siervos y sin embargo nos dicen: "Haced ladrillos." Y he aquí que tus siervos son castigados...»

17 El respondió: «Haraganes sois, grandes haraganes; por eso decís: "Vamos a ofrecer sacrificios a Yahveh."

18 Pues, id a trabajar; no se os dará paja, y habéis de entregar la cantidad de ladrillos señalada.»

19 Los escribas de los israelitas se vieron en grande aprieto, pues les ordenaron: «No disminuiréis vuestra producción diaria de ladrillos.»

20 Encontráronse, pues, con Moisés y Aarón, que les estaban esperando a la salida de su entrevista con Faraón,

21 y les dijeron: Que Yahveh os examine y que él os juzgue por habernos hecho odiosos a Faraón y a sus siervos y haber puesto la espada en sus manos para matarnos.»

22 Volvióse entonces Moisés a Yahveh y dijo: «Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿por qué me has enviado?

23 Pues desde que fui a Faraón para hablarle en tu nombre está maltratando a este pueblo, y tú no haces nada por librarle.»

Reflexión del capítulo 5

El capítulo quinto narra el primer choque entre Moisés y Faraón, y también la primera crisis de la misión. La petición es sencilla: «Deja salir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto». La respuesta del rey es un desafío frontal: «¿Quién es Yahveh para que yo escuche su voz?». El faraón no solo niega; se burla del Dios que aún no conoce.

Y responde con una crueldad calculada: ya no dará paja al pueblo para hacer ladrillos, pero exigirá la misma producción. El trabajo se vuelve imposible, y los escribas israelitas, responsables de la tarea, son castigados. La opresión no disminuye con la petición de libertad: se endurece. Es una experiencia que muchos reconocen: a veces, buscar el bien despierta resistencias mayores.

El capítulo termina con dos reproches que duelen. Los israelitas dicen a Moisés que los ha hecho odiosos ante Faraón; y Moisés se vuelve a Dios con una queja amarga: «Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿por qué me has enviado?». La fe verdadera no finge: también lleva a Dios la desilusión y el cansancio. Y Dios responderá, pero solo al capítulo siguiente. A veces la liberación empieza por un tiempo más oscuro.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando haces lo correcto y las cosas empeoran, es fácil desanimarse o culpar a Dios. Hoy, si estás en esa situación, no escondas tu queja: llévala a la oración con sinceridad, como Moisés. Y evita descargarla sobre las personas que tienes cerca. Pide a Dios paciencia para sostener el bien comenzado, aunque de momento no veas frutos. La fidelidad en la prueba vale más que el éxito inmediato.

Oración

Señor, cuando el bien que emprendo parece empeorar las cosas: sostén mi paciencia y no permitas que la amargura me aparte de ti. Escucha mi queja y dame la fuerza de seguir confiando en tu promesa. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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