Exodo
Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 33 de 40Capítulo 33
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de Egipto, a la tierra que yo prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: "A tu posteridad se la daré."
2 Enviaré delante de ti un ángel y expulsaré al cananeo, al amorreo, al hitita, al perizita, al jivita y al jebuseo.
3 Sube a una tierra que mana leche y miel; que yo no subiré contigo, pues eres un pueblo de dura cerviz; no sea que te destruya en el camino.»
4 Al oír el pueblo estas duras palabras, hizo duelo y nadie se vistió sus galas.
5 Dijo entonces Yahveh a Moisés: «Di a los israelitas: Vosotros sois un pueblo de dura cerviz. Si yo saliera contigo, aunque fuera un solo momento, te destruiría. Ahora, pues, quítate tus galas, para que yo sepa qué he de hacer contigo.»
6 Y los israelitas se despojaron de sus galas a partir del monte Horeb.
7 Tomó Moisés la Tienda y la plantó para él a cierta distancia fuera del campamento; la llamó Tienda del Encuentro. De modo que todo el que tenía que consultar a Yahveh salía hacia la Tienda del Encuentro, que estaba fuera del campamento.
8 Cuando salía Moisés hacia la Tienda, todo el pueblo se levantaba y se quedaba de pie a la puerta de su tienda, siguiendo con la vista a Moisés hasta que entraba en la Tienda.
9 Y una vez entrado Moisés en la tienda, bajaba la columna de nube y se detenía a la puerta de la Tienda, mientras Yahveh hablaba con Moisés.
10 Todo el pueblo veía la columna de nube detenida a la puerta de la Tienda y se levantaba el pueblo, y cada cual se postraba junto a la puerta de su tienda.
11 Yahveh hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Luego volvía Moisés al campamento, pero su ayudante, el joven Josué, hijo de Nun, no se apartaba del interior de la Tienda.
12 Dijo Moisés a Yahveh: «Mira, tú me dices: Haz subir a este pueblo; pero no me has indicado a quién enviarás conmigo; a pesar de que me has dicho: "Te conozco por tu nombre", y también: "Has hallado gracia a mis ojos."
13 Ahora, pues, si realmente he hallado gracia a tus ojos, hazme saber tu camino, para que yo te conozca y halle gracia a tus ojos, y mira que esta gente es tu pueblo.»
14 Respondió él: «Yo mismo iré contigo y te daré descanso.»
15 Contestóle: «Si no vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí.
16 Pues ¿en qué podrá conocerse que he hallado gracia a tus ojos, yo y tu pueblo, sino en eso, en que tú marches con nosotros? Así nos distinguiremos, yo y tu pueblo, de todos los pueblos que hay sobre la tierra.»
17 Respondió Yahveh a Moisés: «Haré también esto que me acabas de pedir, pues has hallado gracia a mis ojos, y yo te conozco por tu nombre.»
18 Entonces dijo Moisés: «Déjame ver, por favor, tu gloria.»
19 El le contestó: «Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh; pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien tengo misericordia.»
20 Y añadió: «Pero mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo.»
21 Luego dijo Yahveh: «Mira, hay un lugar junto a mí; tú te colocarás sobre la peña.
22 Y al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado.
23 Luego apartaré mi mano, para que veas mis espaldas; pero mi rostro no se puede ver.»
Reflexión del capítulo 33
Moisés planta la Tienda del Encuentro fuera del campamento, signo de que el pecado ha introducido distancia entre Dios y su pueblo. Quien busca a Yahveh debe salir, apartarse, tomar distancia de la rutina. Allí, en la Tienda, la columna de nube desciende y Yahveh habla con Moisés «cara a cara, como habla un hombre con su amigo». Es una de las expresiones más íntimas de toda la Escritura: la oración como amistad con Dios.
Moisés no se contenta con bienes ni con un ángel guía: quiere la presencia misma de Dios. «Si no vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí», suplica. Entiende que lo que distingue a Israel no son sus leyes ni su poder, sino la cercanía de Yahveh. Después pide algo aún mayor: «Déjame ver tu gloria». Dios responde con una pedagogía admirable: proclama su nombre, deja pasar toda su bondad, pero lo protege en la hendidura de la peña, porque nadie puede ver su rostro y vivir.
Aquí está la clave de la vida espiritual: buscar no solo los dones de Dios, sino su presencia; no solo su ayuda, sino su gloria. Todo cristiano está llamado a esa intimidad, custodiada ahora en la oración y en la Eucaristía.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Busca hoy un lugar «fuera del campamento», aunque sea unos minutos de silencio, donde puedas hablar con Dios sin ruido ni prisas. Háblale con la confianza de un amigo y pídele no solo favores, sino su presencia: «si no vienes tú, no sigo». Antes de tomar decisiones importantes, detente a consultar al Señor como Moisés en la Tienda. Y agradece que, por Cristo, ya no estamos lejos: Dios ha puesto su tienda entre nosotros.
Oración
Señor, tú que hablas con quien te busca como un amigo, concédeme el deseo de tu presencia por encima de todo don. Guárdame en la hendidura de la roca cuando mi fragilidad me supere, y muéstrame tu bondad. No permitas que camine sin ti. Amén.
Acerca del libro de Exodo
El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.
Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.
Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.
Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.
Compartir
Enlace copiado