Exodo
Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos
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Capítulo 2 de 40Capítulo 2
1 Un hombre de la casa de Leví fue a tomar por mujer una hija de Leví.
2 Concibió la mujer y dio a luz un hijo; y viendo que era hermoso lo tuvo escondido durante tres meses.
3 Pero no pudiendo ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cestilla de papiro, la calafateó con betún y pez, metió en ella al niño, y la puso entre los juncos, a la orilla del Río.
4 La hermana del niño se apostó a lo lejos para ver lo que le pasaba.
5 Bajó la hija de Faraón a bañarse en el Río y, mientras sus doncellas se paseaban por la orilla del Río, divisó la cestilla entre los juncos, y envió una criada suya para que la cogiera.
6 Al abrirla, vio que era un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: «Es uno de los niños hebreos.»
7 Entonces dijo la hermana a la hija de Faraón: «¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza de entre las hebreas para que te críe este niño?»
8 «Vete», le contestó la hija de Faraón. Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño.
9 Y la hija de Faraón le dijo: «Toma este niño y críamelo que yo te pagaré.» Tomó la mujer al niño y lo crió.
10 El niño creció, y ella lo llevó entonces a la hija de Faraón, que lo tuvo por hijo, y le llamó Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado.»
11 En aquellos días, cuando Moisés ya fue mayor, fue a visitar a sus hermanos, y comprobó sus penosos trabajos; vio también cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos.
12 Miró a uno y a otro lado, y no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.
13 Salió al día siguiente y vio a dos hebreos que reñían. Y dijo al culpable: «¿Por qué pegas a tu compañero?»
14 El respondió: «¿Quién te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás pensando en matarme como mataste al egipcio?» Moisés, lleno de temor, se dijo: «La cosa ciertamente se sabe.»
15 Supo Faraón lo sucedido y buscaba a Moisés para matarle; pero él huyó de la presencia de Faraón, y se fue a vivir al país de Madián. Se sentó junto a un pozo.
16 Tenía un sacerdote de Madián siete hijas, que fueron a sacar agua y llenar los pilones para abrevar las ovejas de su padre.
17 Pero vinieron los pastores y las echaron. Entonces, levantándose Moisés, salió en su defensa y les abrevó el rebaño.
18 Al volver ellas a donde su padre Reuel, éste les dijo: «Cómo es que venís hoy tan pronto?»
19 Respondieron: «Un egipcio nos libró de las manos de los pastores, y además sacó agua para nosotras y abrevó el rebaño.»
20 Preguntó entonces a sus hijas: «¿Y dónde está? ¿Cómo así habéis dejado a ese hombre? Llamadle para que coma.»
21 Aceptó Moisés morar con aquel hombre, que dio a Moisés su hija Seforá.
22 Esta dio a luz un hijo y llamóle Guersom, pues dijo: «Forastero soy en tierra extraña.»
23 Durante este largo período murió el rey de Egipto; los israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su esclavitud, subió a Dios.
24 Oyó Dios sus gemidos, y acordóse Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.
25 Y miró Dios a los hijos de Israel y conoció...
Reflexión del capítulo 2
El capítulo segundo narra el nacimiento de Moisés en el corazón mismo de la persecución. Su madre, viendo que el niño era hermoso, lo esconde tres meses y después lo confía al río en una cestilla de papiro, calafateada con betún y pez. Es un gesto de fe y de desesperación a la vez: entregar al hijo a las aguas que debían matarlo, confiando en que Dios lo guarde. La hija de Faraón lo encuentra, se compadece y lo adopta; y por mediación de la hermana, la propia madre lo cría. Dios teje la salvación con hilos inesperados.
Ya adulto, Moisés siente la injusticia: ve a un egipcio golpeando a un hebreo y lo mata. Su reacción es humana, impulsiva, y lo obliga a huir a Madián. Allí, junto a un pozo, defiende a las hijas del sacerdote Reuel y encuentra cobijo; se casa con Seforá y tiene a Guersom, cuyo nombre recuerda su condición de forastero.
Pero el capítulo desemboca en algo más grande que la biografía de un hombre. Muerto el rey, los israelitas gimen bajo la servidumbre, y su clamor sube a Dios. Y el texto dice tres cosas que cambian la historia: «Oyó Dios sus gemidos, se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, y miró a los hijos de Israel». Antes de cualquier liberación, Dios escucha y recuerda.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Dios escucha el clamor del que sufre, y también nosotros podemos ser parte de su respuesta. Hoy elige a una persona que esté pasando un momento difícil y «oye su gemido»: escúchala de verdad, sin interrumpir ni aconsejar deprisa. Y si tú estás en la prueba, atrévete a gemir ante Dios en la oración, confiando en que él escucha y se acuerda de su alianza.
Oración
Señor, que escuchas el gemido de tu pueblo y te acuerdas de tu alianza: no permanezcas sordo a mi clamor. Enséñame a escuchar el sufrimiento de los demás y a confiar en que tú ves, oyes y actúas. Amén.
Acerca del libro de Exodo
El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.
Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.
Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.
Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.
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