Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 4

1 Respondió Moisés y dijo: «No van a creerme, ni escucharán mi voz; pues dirán: "No se te ha aparecido Yahveh."»

2 Díjole Yahveh: «¿Qué tienes en tu mano?» «Un cayado», respondió él.

3 Yahveh le dijo: «Echalo a tierra.» Lo echó a tierra y se convirtió en serpiente; y Moisés huyó de ella.

4 Dijo Yahveh a Moisés: «Extiende tu mano y agárrala por la cola.» Extendió la mano, la agarró, y volvió a ser cayado en su mano...

5 «Para que crean que se te ha aparecido Yahveh, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»

6 Y añadió Yahveh: «Mete tu mano en el pecho.» Metió él la mano en su pecho y cuando la volvió a sacar estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.

7 Y le dijo: «Vuelve a meter la mano en tu pecho.» La volvió a meter y, cuando la sacó de nuevo, estaba ya como el resto de su carne.

8 «Así pues, si no te creen ni escuchan la voz por la primera señal, creerán por la segunda.

9 Y si no creen tampoco por estas dos señales y no escuchan tu voz, tomarás agua del Río y la derramarás en el suelo; y el agua que saques del Río se convertirá en sangre sobre el suelo.»

10 Dijo Moisés a Yahveh: «¡Por favor, Señor! Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil, ni aun después de haber hablado tú con tu siervo; sino que soy torpe de boca y de lengua.»

11 Le respondió Yahveh: «¿Quién ha dado al hombre la boca? ¿? Quién hace al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?

12 Así pues, vete, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir.»

13 El replicó: «Por favor, envía a quien quieras.»

14 Entonces se encendió la ira de Yahveh contra Moisés, y le dijo: «¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón.

15 Tu le hablarás y pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.

16 El hablará por ti al pueblo, él será tu boca y tú serás su dios.

17 Toma también en tu mano este cayado, porque con él has de hacer las señales.»

18 Moisés volvió y regresó a casa de Jetró, su suegro, y le dijo: «Con tu permiso, me vuelvo a ver a mis hermanos de Egipto para saber si viven todavía.» Dijo Jetró a Moisés: «Vete en paz.»

19 Yahveh dijo a Moisés en Madián: «Anda, vuelve a Egipto ; pues han muerto todos los que buscaban tu muerte.»

20 Tomó, pues, Moisés a su mujer y a su hijo y, montándolos sobre un asno, volvió a la tierra de Egipto. Tomó también Moisés el cayado de Dios en su mano.

21 Y dijo Yahveh a Moisés: «Cuando vuelvas a Egipto, harás delante de Faraón todos los prodigios que yo he puesto en tu mano; yo, por mi parte, endureceré su corazón, y no dejará salir al pueblo.

22 Y dirás a Faraón: Así dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.

23 Yo te he dicho: "Deja ir a mi hijo para que me dé culto," pero como tú no quieres dejarle partir, mira que yo voy a matar a tu hijo, a tu primogénito.»

24 Y sucedió que en el camino le salió al encuentro Yahveh en el lugar donde pasaba la noche y quiso darle muerte.

25 Tomó entonces Seforá un cuchillo de pedernal y, cortando el prepucio de su hijo, tocó los pies de Moisés, diciendo: «Tú eres para mí esposo de sangre.»

26 Y Yahveh le soltó; ella había dicho: «esposo de sangre», por la circuncisión.

27 Dijo Yahveh a Aarón: «Vete al desierto al encuentro de Moisés.» Partió, pues, y le encontró en el monte de Dios y le besó.

28 Moisés contó a Aaron todas las palabras que Yahveh le había encomendado y todas las señales que le había mandado hacer.

29 Fueron, pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas.

30 Aarón refirió todas las palabras que Yahveh había dicho a Moisés, el cual hizo las señales delante del pueblo.

31 El pueblo creyó, y al oír que Yahveh había visitado a los israelitas y había visto su aflicción, se postraron y adoraron.

Reflexión del capítulo 4

El capítulo cuarto muestra a un Moisés que sigue resistiéndose a la misión, y a un Dios que responde con paciencia y con signos. Yahveh le da tres señales para que el pueblo crea: el cayado que se convierte en serpiente, la mano que se cubre de lepra y se sana, y el agua del Río que se transforma en sangre. Son signos de poder sobre la naturaleza, pero también de algo más profundo: Dios puede cambiar lo que parece perdido.

Moisés pone entonces su último obstáculo: «soy torpe de boca y de lengua». Y Dios le responde con una pregunta que desarma toda excusa: «¿Quién ha dado al hombre la boca? ¿No soy yo, Yahveh?». La vocación no depende de nuestras capacidades, sino de la fidelidad del que llama: «yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir». Cuando Moisés pide que envíe a otro, se enciende la ira de Dios, pero incluso esa ira se convierte en ayuda: Aarón será su portavoz.

El capítulo incluye también un episodio oscuro y difícil —la circuncisión del hijo por Seforá— que recuerda la seriedad de la alianza. Y termina con el pueblo creyendo y postrándose al saber que Yahveh había visitado a los israelitas y visto su aflicción.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Todos tenemos excusas para no responder a Dios: «no sé hablar», «no tengo tiempo», «no soy el indicado». Hoy elige la excusa que más usas y preséntala a Dios con sinceridad; después da un paso pequeño pero real en la dirección que sabes que te pide. Y recuerda que él no busca perfectos, sino disponibles: «yo estaré en tu boca».

Oración

Señor, que das la palabra a quien no sabe hablar: quita mis excusas y dame un corazón disponible. Que no me escude en mis límites, sino que confíe en tu promesa de estar conmigo y de poner tus palabras en mi boca. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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