Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 6

1 Respondió Yahveh a Moisés: «Ahora verás lo que voy a hacer con Faraón; porque bajo fuerte mano tendrá que dejarles partir y bajo fuerte mano él mismo los expulsará de su territorio.»

2 Habló Dios a Moisés y le dijo: «Yo soy Yahveh.

3 Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi nombre de Yahveh no se lo di a conocer.

4 También con ellos establecí mi alianza, para darles la tierra de Canaán, la tierra en que peregrinaron y en la que moraron como forasteros.

5 Y ahora, al oír el gemido de los israelitas, reducidos a esclavitud por los egipcios, he recordado mi alianza.

6 Por tanto, di a los hijos de Israel: Yo soy Yahveh; Yo os libertaré de los duros trabajos de los egipcios, os libraré de su esclavitud y os salvaré con brazo tenso y castigos grandes.

7 Yo os haré mi pueblo, y seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios, que os sacaré de la esclavitud de Egipto.

8 Yo os introduciré en la tierra que he jurado dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la daré en herencia. Yo, Yahveh.»

9 Moisés dijo esto a los israelitas; pero ellos no escucharon a Moisés, consumidos por la dura servidumbre.

10 Entonces Yahveh habló a Moisés diciendo:

11 «Ve a hablar con Faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los israelitas fuera de su territorio.»

12 Respondió Moisés ante Yahveh: «Si los israelitas no escuchan: ¿cómo me va a escuchar Faraón, a mí que soy torpe de palabra?»

13 Pero Yahveh habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los israelitas y para Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar del país de Egipto a los israelitas.

14 Estos son los jefes de sus casas paternas: Hijos de Rubén, primogénito de Israel: Henoc, Pallú, Jesrón y Karmí, éstas son las familias de Rubén.

15 Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea; éstas son las familias de Simeón.

16 Y éstos son los nombres de los hijos de Leví por sus linajes: Guerson, Quehat, Merarí. Los años de la vida de Leví fueron 137.

17 Hijos de Guerson: Libní y Simei según sus familias.

18 Hijos de Quehat: Amram, Yishar, Hebrón y Uzziel. Los años de la vida de Quehat fueron 133 años.

19 Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Estas son las familias de los levitas, por sus linajes.

20 Amram tomó por mujer a Yokébed, su tía, de la cual nacieron Aarón y Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron 137.

21 Hijos de Yishar: Coré, Néfeg y Zikrí.

22 Hijos de Uzziel: Missael, Elsafán y Sitrí.

23 Aarón tomó por mujer a Isabel, hija de Amminadab, hermana de Najsón; de la cual le nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.

24 Hijos de Coré: Assir, Elcaná y Abiasaf. Estas son la familias de los coreítas.

25 Eleazar, hijo de Aarón, tomó por mujer a una de las hijas de Putiel y de ella nació Pinjás. Estos son los jefes de las casas paternas de los levitas, según sus familias.

26 Estos son, pues, aquel Aarón y aquel Moisés a quienes dijo Yahveh: «Sacad a los israelitas de la tierra de Egipto en orden de campaña.»

27 Estos son los que hablaron a Faraón, rey de Egipto, para sacar de Egipto a los israelitas. Estos son Moisés y Aarón.

28 El día en que Yahveh habló a Moisés en el país de Egipto,

29 le dijo: «Yo soy Yahveh; di a Faraón, rey de Egipto, cuanto yo te diga.»

30 Moisés respondió ante Yahveh: «Siendo yo torpe de palabra, ¿cómo me va a escuchar Faraón?»

Reflexión del capítulo 6

El capítulo sexto es la respuesta de Dios al desánimo. Frente a la queja de Moisés, Yahveh no se defiende: se revela. «Yo soy Yahveh», repite, y despliega su promesa en una serie de verbos que sostienen toda la esperanza de Israel: «os libertaré, os libraré, os salvaré, os haré mi pueblo, seré vuestro Dios, os introduciré en la tierra». No es solo una liberación de la esclavitud; es una alianza, un vínculo nuevo, una identidad.

Dios recuerda que se apareció a Abraham, Isaac y Jacob como El Sadday, y que ahora da a conocer su nombre. La fidelidad a la alianza antigua sostiene la promesa presente: el Dios que actúa en el Éxodo es el mismo que caminó con los patriarcas.

Sin embargo, el capítulo muestra una triste realidad: Moisés transmite el mensaje, «pero ellos no escucharon, consumidos por la dura servidumbre». El sufrimiento prolongado puede volver sordo el corazón. Y Moisés vuelve a su propia inseguridad: si su propio pueblo no le escucha, menos lo hará Faraón. Entonces el texto interrumpe la narración con una genealogía de las familias de Rubén, Simeón y sobre todo Leví, para dejar claro quiénes son Aarón y Moisés: no personajes anónimos, sino hombres insertos en la historia de un pueblo concreto. La salvación de Dios se realiza en lo real, con nombres y familias.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

El sufrimiento prolongado puede volvernos sordos a la esperanza. Hoy, si te cuesta creer que Dios actúa, no te exijas sentir entusiasmo: basta con recordar, como Israel, que él es fiel a su alianza. Repite los verbos del capítulo —«me librará, me hará su pueblo»— y deja que la promesa sostenga tu ánimo aunque no la sientas todavía. La fe también es cuestión de memoria.

Oración

Señor, que te revelas como el que es fiel a su alianza: cuando la fatiga me vuelva sordo a tu voz, habla de nuevo a mi corazón. Cúmpleme en tu promesa, hazme tuyo y sé mi Dios, aunque aún no vea la liberación. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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