Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 26

1 Harás la Morada con diez tapices, de lino fino torzal, de púrpura violeta y escarlata y de carmesí; bordarás en ellos unos querubines.

2 La longitud de cada tapiz será de veintiocho codos y la anchura de cuatro. Todos los tapices tendrán las mismas medidas.

3 Cinco tapices estarán unidos entre sí y lo mismo los otros cinco.

4 Pondrás lazos de púrpura violeta en el borde del tapiz con que termina la primera serie, y lo mismo harás en el borde del tapiz con que termina el segundo conjunto.

5 Pondrás cincuenta lazos en el primer tapiz y otros cincuenta en el borde del último tapiz del segundo conjunto, correspondiéndose los lazos unos a otros.

6 Harás cincuenta broches de oro y con los broches enlazarás entre sí los tapices, para que la Morada forme un espacio único.

7 Tejerás también piezas de pelo de cabra para que a modo de tienda cubran la Morada. Tejerás once de estas piezas.

8 La longitud de cada pieza será de treinta codos; de cuatro, la anchura. Las once piezas tendrán las mismas medidas.

9 Juntarás cinco piezas en una parte y seis en la otra y doblarás la sexta pieza ante la fachada de la Tienda.

10 Harás cincuenta lazos en el borde de la última pieza del primer conjunto, y cincuenta lazos en el borde de la última pieza del segundo conjunto.

11 Harás cincuenta broches de bronce e introducirás los broches en los lazos, uniendo así la Tienda de modo que forme un espacio único.

12 Como las piezas de la Tienda exceden en amplitud, harás extender la mitad de la pieza excedente por detrás de la Morada.

13 Lo que excede en longitud de las piezas de la Tienda - un codo por cada lado - se extenderá a ambos lados de la Morada, a un lado y a otro, para cubrirla.

14 También harás para la Tienda un toldo de pieles de carnero teñidas de rojo; y encima otro toldo de cueros finos.

15 También harás para la Morada tableros de madera de acacia, y los pondrás de pie.

16 Cada tablero tendrá diez codos de largo y codo y medio de ancho.

17 Tendrá además dos espigas paralelas. Harás lo mismo para todos los tableros de la Morada.

18 Pondrás veinte de los tableros en el flanco del Négueb, hacia el sur.

19 Harás cuarenta basas de plata para colocarlas debajo de los veinte tableros: dos basas debajo de un tablero para sus dos espigas y dos basas debajo del otro tablero para sus dos espigas.

20 Para el segundo flanco de la Morada, la parte del norte, otros veinte tableros,

21 con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de un tablero y dos basas debajo de otro tablero.

22 Para la parte posterior de la Morada, hacia el occidente, harás seis tableros;

23 y para los ángulos de la Morada, en su parte posterior, dos más,

24 que estarán unidos, desde abajo hasta arriba, hasta la primera anilla. Así se hará con los dos tableros destinados a los dos ángulos.

25 Serán, pues, ocho tableros con sus basas de plata; dieciséis basas, dos debajo del otro tablero.

26 Harás, además, cinco travesaños de madera de acacia para los tableros de un flanco de la Morada,

27 cinco travesaños para los tableros del otro flanco, y cinco travesaños para los tableros de la parte posterior de la Morada, hacia el occidente.

28 El travesaño central pasará a media altura de los tableros, de un extremo al otro.

29 Revestirás de oro los tableros y les harás anillas de oro, para pasar los travesaños. También revestirás de oro los travesaños.

30 Erigirás la Morada según la norma que te ha sido mostrada en el monte.

31 Harás un velo de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino torzal; bordarás en él unos querubines.

32 Lo colgarás de cuatro postes de acacia, revestidos de oro, provistos de ganchos de oro y de sus cuatro basas de plata.

33 Colgarás el velo debajo de los broches; y allá, detrás del velo, llevarás el arca del Testimonio, y el velo os servirá para separar el Santo del Santo de los Santos.

34 Pondrás el propiciatorio sobre el arca del Testimonio, en el Santo de los Santos.

35 Fuera del velo colocarás la mesa, y frente a la mesa, en el lado meridional de la Morada, el candelabro; pondrás la mesa en el lado norte.

36 Harás para la entrada de la Tienda una cortina de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino torzal, labor de recamador.

37 Para la cortina harás cinco postes de acacia, que revestirás de oro; sus ganchos serán también de oro, y fundirás para ellos cinco basas de bronce.

Reflexión del capítulo 26

El capítulo vigésimo sexto detalla la construcción de la Morada, el santuario portátil que acompañará a Israel por el desierto. Tapices de lino fino con querubines bordados, piezas de pelo de cabra, pieles de carnero, tableros de acacia revestidos de oro, basas de plata: cada elemento tiene su medida y su lugar. La minuciosidad del texto no es un capricho; expresa una convicción profunda: el espacio donde Dios habita debe estar hecho con cuidado, con orden y con belleza.

El corazón del capítulo es el velo: «el velo os servirá para separar el Santo del Santo de los Santos». Detrás de él está el arca con el propiciatorio. Hay, pues, un límite: el misterio de Dios no se deja domesticar. Se puede entrar, pero no de cualquier manera. La separación protege la santidad de Dios y recuerda al hombre su pequeñez.

Al mismo tiempo, todo el conjunto está pensado para ser desmontado y transportado. Dios no habita en un templo de piedra fija: camina con su pueblo por el desierto. Su presencia es itinerante, cercana, solidaria con el caminar de los suyos. Este santuario móvil es figura del cuerpo de Cristo, verdadero templo, y de la Iglesia, pueblo en camino donde Dios pone su morada.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

El cuidado en las cosas de Dios revela el amor que le tenemos. Hoy cuida los detalles de tu vida espiritual: llega a tiempo, prepara lo que necesitas, cuida el silencio y la limpieza del corazón. Y recuerda que Dios camina contigo, no te espera solo en un lugar: búscalo también en los desplazamientos, en el trabajo, en el camino.

Oración

Señor, que caminas con tu pueblo y habitas entre los que te buscan: enséñame a cuidar con esmero las cosas tuyas y a respetar el misterio de tu santidad. Que sepa que tú caminas conmigo, también en el desierto. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

Compartir

Enlace copiado