Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 23

1 No levantes testimonio falso, ni ayudes al malvado dando testimonio injusto.

2 No sigas a la mayoría para hacer el mal; ni te inclines en un proceso por la mayoría en contra de la justicia.

3 Tampoco favorecerás al pobre en su pleito.

4 Si encuentras el buey de tu enemigo o su asno extraviado, se lo llevarás.

5 Si ves caído bajo la carga el asno del que te aborrece, no rehúses tu ayuda. Acude a ayudarle.

6 No tuerzas el derecho de tu pobre en su pleito.

7 Aléjate de causas mentirosas, no quites la vida al inocente y justo; y no absuelvas al malvado.

8 No recibas regalos; porque el regalo ciega a los perspicaces y pervierte las causas justas.

9 No oprimas al forastero; ya sabéis lo que es ser forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.

10 Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto;

11 al séptimo la dejarás descansar y en barbecho, para que coman los pobres de tu pueblo, y lo que quede lo comerán los animales del campo. Harás lo mismo con tu viña y tu olivar.

12 Seis días harás tus trabajos, y el séptimo descansarás, para que reposen tu buey y tu asno, y tengan un respiro el hijo de tu sierva y el forastero.

13 Guardad todo lo que os he dicho. No invocarás el nombre de otros dioses: ni se oiga en vuestra boca.

14 Tres veces al año me celebrarás fiesta.

15 Guardarás la fiesta de los Azimos. Durante siete días comerás ázimos, como te he mandado, en el tiempo señalado, en el mes de Abib; pues en él saliste de Egipto. Nadie se presentará delante de mí con las manos vacías.

16 También guardarás la fiesta de la Siega, de las primicias de tus trabajos, de lo que hayas sembrado en el campo; y la fiesta de la Recolección al término del año, al recoger del campo los frutos de tu trabajo.

17 Tres veces al año se presentarán tus varones delante de Yahveh, el Señor.

18 No ofrecerás la sangre de mi sacrificio con pan fermentado ni guardarás hasta el día siguiente la grasa de mi fiesta.

19 Llevarás a la Casa de Yahveh, tu Dios, las mejores primicias de tu suelo. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

20 He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado.

21 Pórtate bien en su presencia y escucha su voz; no le seas rebelde, que no perdonará vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre.

22 Si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que yo diga, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios mis adversarios.

23 Mi ángel caminará delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, de los hititas, de los perizitas, de los cananeos, de los jivitas y de los jebuseos; y yo los exterminaré.

24 No te mostrarás ante sus dioses, ni les darás culto, ni imitarás su conducta; al contrario, los destruirás por completo y romperás sus estelas.

25 Vosotros daréis culto a Yahveh, vuestro Dios, yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti las enfermedades.

26 No habrá en tu tierra mujer que aborte ni que sea estéril; y colmaré el número de tus días.

27 «Sembraré delante de ti mi terror; llenaré de turbación a todos los pueblos donde llegues; y haré que todos tus enemigos huyan ante ti.

28 Enviaré avispas delante de ti que ahuyentarán de tu presencia al jivita, al cananeo y al hitita.

29 No les expulsaré de tu presencia en un solo año, no sea que al quedar desierta la tierra se multipliquen contra ti las fieras del campo.

30 Les expulsaré de tu vista poco a poco, hasta que tú te multipliques y te apoderes de la tierra.

31 Y fijaré tus confines desde el mar de Suf hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el Río, pues entregaré en tus manos a los habitantes del país para que los arrojes de tu presencia.

32 No hagas pacto con ellos ni con sus dioses.

33 No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí, pues dando culto a sus dioses caerías en un lazo.»

Reflexión del capítulo 23

El capítulo vigésimo tercero completa el Código de la Alianza con normas sobre la justicia en los tribunales y en la vida social. Prohíbe el testimonio falso y advierte contra la presión del grupo: «No sigas a la mayoría para hacer el mal». La verdad no se decide por votos, y la justicia no debe inclinarse ni por el poderoso ni por el pobre, sino por lo recto. También condena los sobornos, «porque el regalo ciega a los perspicaces».

Hay un mandato sorprendente: si encuentras extraviado el buey o el asno de tu enemigo, debes llevárselo; y si lo ves caído bajo la carga, debes ayudarle. La caridad bíblica no se limita a los amigos: alcanza también a quien te aborrece. Y se repite la protección del forastero, con la misma razón de siempre: «forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto».

El capítulo ordena además el descanso de la tierra cada siete años, para que coman los pobres, y el descanso semanal que alcanza al siervo y al forastero. Establece tres fiestas anuales —los Ázimos, la Siega y la Recolección— y promete que un ángel guiará al pueblo. La alianza une el culto, la justicia social y el descanso: todo forma parte de una misma fidelidad a Dios.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

La caridad bíblica alcanza también a quien no te cae bien. Hoy haz un bien concreto a alguien con quien tienes un conflicto —un favor, una palabra amable, devolver algo suyo— sin esperar que cambie su actitud. Y en un asunto donde todos opinan igual, atrévete a preguntarte si eso es lo justo, en lugar de seguir a la mayoría.

Oración

Señor, que defiendes al forastero y al pobre: líbrame de seguir a la mayoría cuando hace el mal. Enséñame a hacer el bien también a quien me aborrece, y a buscar la justicia sin dejarme comprar por el interés ni por el miedo. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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