Sabiduría
Antiguo Testamento | 19 capítulos | 436 versículos
Capítulo 1
1 Amad la justicia, los que juzgáis la tierra, pensad rectamente del Señor y con sencillez de corazón buscadle.
2 Porque se deja hallar de los que no le tientan, se manifesta a los que no desconfían de él.
3 Pues los pensamientos tortuosos apartan de Dios y el Poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos.
4 En efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría, no habita en cuerpo sometido al pecado;
5 pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño, se aleja de los pensamientos necios y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad.
6 La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre, pero no deja sin castigo los labios del blasfemo; que Dios es testigo de sus riñones, observador veraz de su corazón y oye cuanto dice su lengua.
7 Porque el espíritu del Señor llena la tierra y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento de toda palabra.
8 Nadie, pues, que profiera iniquidades quedará oculto, ni le pasará por alto la Justicia vengadora.
9 Las deliberaciones del impío serán examinadas; el eco de sus palabras llegará hasta el Señor para castigo de sus maldades.
10 Un oído celoso lo escucha todo, no se le oculta ni el rumor de la murmuración.
11 Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles, preservad vuestra lengua de la maledicencia; que la palabra más secreta no se pronuncia en vano, y la boca mentirosa da muerte al alma.
12 No os busquéis la muerte con los extravíos de vuestra, vida, no os atraigáis la ruina con las obras de vuestras manos;
13 que no fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes;
14 él todo lo creó para que subsistiera, las criaturas del mundo non saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni imperio del Hades sobre la tierra,
15 porque la justicia es inmortal.
16 Pero los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte; teniéndola por amiga, se desviven por ella, y con ella conciertan un pacto, pues bien merecen que les tenga por suyos.
Reflexión del capítulo 1
El libro abre con una exhortación urgente: amad la justicia los que gobernáis la tierra. No se dirige a cualquiera, sino a quienes tienen poder, porque de ellos depende el bien de muchos. El autor recuerda que Dios no creó la muerte: formó al hombre para la incorrupción, a imagen de su propia eternidad. La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, no por voluntad divina. Por eso el justo, aunque parezca morir, está en las manos de Dios y la paz reposa sobre él. El capítulo enseña que la impiedad esconde sus obras, pero nada escapa al Espíritu del Señor, que penetra todo. Vivir en justicia es vivir en armonía con el designio original de Dios, mientras que el pecado es una contradicción de la creación. Es un comienzo que sitúa toda la obra bajo el signo de la esperanza: la vida humana tiene un destino superior a la corrupción, y el que obra rectamente camina ya ahora hacia la luz.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy, cuando ejerzas cualquier forma de autoridad sobre un hijo, un estudiante o un compañero, recuerda que gobernar es servir al bien ajeno. Examina una decisión que debas tomar y pregúntate si favorece la justicia o solo tu comodidad. Pide perdón por las veces que elegiste el camino corto en lugar del recto.
Oración
Señor, tú creaste al hombre para la incorrupción y no te alegras de nuestra muerte. Líbrame de la envidia y de la injusticia, y pon mi vida en tus manos. Enséñame a amar la justicia en todo lo que gobierno. Amén.
Acerca del libro de Sabiduría
El libro de la Sabiduría, también llamado Sabiduría de Salomón, es una de las obras más luminosas del Antiguo Testamento y pertenece, en la Biblia católica, al conjunto de los libros deuterocanónicos, cuya condición inspirada y canónica el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso en griego, probablemente en Alejandría, hacia el siglo I a.C., en el seno de la comunidad judía de la diáspora, cuando la fe de Israel se enfrentaba a la seducción de la cultura helenística y a veces a la persecución. Aunque lleva el nombre de Salomón, su autor anónimo escribe bajo su figura para presentar la sabiduría como un don de Dios que sobrepasa toda filosofía humana.
La obra se divide en tres grandes bloques: una reflexión sobre la inmortalidad y el destino de los justos frente a los impíos (caps. 1-5), un himno a la sabiduría personificada y el relato de su búsqueda (caps. 6-9), y una revisión de la historia de Israel donde la sabiduría aparece como guía y libertadora (caps. 10-19). Sus temas centrales son la justicia de Dios, la esperanza de la resurrección, la vanidad de la idolatría y la providencia que acompaña a su pueblo a través del éxodo.
Para la fe cristiana, este libro es una preparación admirable al misterio de Cristo: el justo perseguido que triunfa, la sabiduría que es luz de las naciones, el éxodo como figura de la salvación. Leerlo hoy es aprender a vivir con la mirada puesta en lo eterno, a descubrir en el sufrimiento del inocente el anuncio de la cruz y a buscar en Dios la brújula de toda decisión. Se lee mejor como oración: pidiendo al Espíritu esa sabiduría que el mundo no da y que conduce a la vida.
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