Sabiduría

Antiguo Testamento | 19 capítulos | 436 versículos

Sb

Capítulo 2

1 Porque se dicen discurriendo desacertadamente: «Corta es y triste nuestra vida; no hay remedio en la muerte del hombre ni se sabe de nadie que haya vuelto del Hades.

2 Por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra nariz y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro corazón;

3 al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente.

4 Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida.

5 Paso de una sombra es el tiempo que vivimos, no hay retorno en nuestra muerte; porque se ha puesto el sello y nadie regresa.

6 Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud.

7 Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes, no se nos pase ninguna flor primaveral,

8 coronémonos de rosas antes que se marchiten;

9 ningún prado quede libre de nuestra orgía, dejemos por doquier constancia de nuestro negocijo; que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia.

10 Oprimamos al justo pobre, no perdonemos a la viuda, no respetemos las canas llenas de años del anciano.

11 Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve.

12 Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación.

13 Se gloría de tener el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.

14 Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible,

15 lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños.

16 Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre.

17 Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito.

18 Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá y le librará de las manos de sus enemigos.

19 Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza.

20 Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará.»

21 Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad;

22 no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables.

23 Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza;

24 mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.

Reflexión del capítulo 2

El autor pone en boca de los impíos un razonamiento cínico que sigue vigente: la vida es breve y triste, no hay retorno tras la muerte, así que apuremos el placer y oprimamos al pobre mientras podamos. Es la lógica del que reduce el mundo a lo tangible y al presente. Contra esa visión, el sabio afirma que Dios formó al hombre indestructible y lo hizo imagen de su propia naturaleza. El error de los malos no es la inteligencia, sino una premisa falsa: creen que lo que no se ve no existe. De ahí su crueldad hacia el justo, a quien consideran una molestia y una acusación viviente. El capítulo nos advierte que el materialismo no es solo una teoría, sino una ética que deshumaniza. Quien supone que todo termina con la tumba justifica cualquier abuso. La fe, en cambio, sostiene que el cuerpo y la historia importan, porque Dios los ha querido para siempre.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Detecta hoy en tu lenguaje frases como «total, da igual» o «vivir el momento» usadas para esquivar el bien. Ante la tentación de aprovecharte de alguien más débil, detente un instante y recuerda que tu vida tiene un sentido que la muerte no borra. Elige una obra buena aunque nadie la premie.

Oración

Señor, no dejes que me guíe la lógica del placer ni la ceguera de quien cree que todo termina aquí. Despierta en mí el deseo de lo eterno y la fuerza para vivir en justicia. Amén.

Acerca del libro de Sabiduría

El libro de la Sabiduría, también llamado Sabiduría de Salomón, es una de las obras más luminosas del Antiguo Testamento y pertenece, en la Biblia católica, al conjunto de los libros deuterocanónicos, cuya condición inspirada y canónica el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso en griego, probablemente en Alejandría, hacia el siglo I a.C., en el seno de la comunidad judía de la diáspora, cuando la fe de Israel se enfrentaba a la seducción de la cultura helenística y a veces a la persecución. Aunque lleva el nombre de Salomón, su autor anónimo escribe bajo su figura para presentar la sabiduría como un don de Dios que sobrepasa toda filosofía humana.

La obra se divide en tres grandes bloques: una reflexión sobre la inmortalidad y el destino de los justos frente a los impíos (caps. 1-5), un himno a la sabiduría personificada y el relato de su búsqueda (caps. 6-9), y una revisión de la historia de Israel donde la sabiduría aparece como guía y libertadora (caps. 10-19). Sus temas centrales son la justicia de Dios, la esperanza de la resurrección, la vanidad de la idolatría y la providencia que acompaña a su pueblo a través del éxodo.

Para la fe cristiana, este libro es una preparación admirable al misterio de Cristo: el justo perseguido que triunfa, la sabiduría que es luz de las naciones, el éxodo como figura de la salvación. Leerlo hoy es aprender a vivir con la mirada puesta en lo eterno, a descubrir en el sufrimiento del inocente el anuncio de la cruz y a buscar en Dios la brújula de toda decisión. Se lee mejor como oración: pidiendo al Espíritu esa sabiduría que el mundo no da y que conduce a la vida.

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