Sabiduría

Antiguo Testamento | 19 capítulos | 436 versículos

Sb

Capítulo 5

1 Estará entonces el justo en pie con gran confianza en presencia de los que le afligieron y despreciaron sus trabajos.

2 Al verle, quedarán estremecidos de terrible espanto, estupefactos por lo inesperado de su salvación.

3 Se dirán mudando de parecer, gimiendo en la angustia de su espíritu:

4 «Este es aquel a quien hicimos entonces objeto de nuestras burlas, a quien dirigíamos, insensatos, nuestros insultos. Locura nos pareció su vida y su muerte, una ignominia.

5 ¿Cómo, pues, ha sido contado entre los hijos de Dios y tiene su herencia entre los santos?

6 Luego vagamos fuera del camino de la verdad; la luz de la justicia no nos alumbró, no salió el sol para nosotros.

7 Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables; pero el camino del Señor, no lo conocimos.

8 ¿De qué nos sirvió nuestro orgullo? ¿De qué la riqueza y la jactancia?

9 Todo aquello pasó como una sombra, como noticia que va corriendo;

10 como nave que atraviesa las aguas agitadas, y no es posible descubrir la huella de su paso ni el rastro de su quilla en las olas;

11 como pájaro que volando atraviesa el aire, y de su vuelo no se encuentra vestigio alguno; con el golpe de sus remos azota el aire ligero, lo corta con agudo silbido, se abre camino batiendo las alas y después, no se descubre señal de su paso;

12 como flecha disparada al blanco; el aire hendido refluye al instante sobre sí y no sabe el camino que la flecha siguió.

13 Lo mismo nosotros: apenas nacidos, dejamos de existir, y no podemos mostrar vestigio alguno de virtud; nos gastamos en nuestra maldad.»

14 En efecto, la esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento, como espuma ligera acosada por el huracán, se desvanece como el humo con el viento; pasa como el recuerdo del huésped de un día.

15 Los justos, en cambio, viven eternamente; en el Señor está su recompensa, y su cuidado a cargo del Altísimo.

16 Recibirán por eso de mano del Señor la corona real del honor y la diadema de la hermosura; pues con su diestra los protegerá y los escudará con su brazo.

17 Tomará su celo como armadura, y armará a la creación para rechazar a sus enemigos;

18 por coraza vestirá la justicia, se pondrá por casco un juicio sincero,

19 tomará por escudo su santidad invencible,

20 afilará como espada su cólera inexorable, y el universo saldrá con él a pelear contra los insensatos.

21 Partirán certeros los tiros de los rayos, de las nubes, como de arco bien tendido, saltarán al blanco,

22 de una ballesta se disparará furioso granizo; las olas del mar se encresparán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad;

23 se levantará contra ellos un viento poderoso y como huracán los aventará. Así la iniquidad asolará la tierra entera y la maldad derribará los tronos de los que están en el poder.

Reflexión del capítulo 5

Llegado el juicio, los impíos se arrepienten demasiado tarde. Ven entonces al justo, al que antes despreciaron, resplandeciente y en paz, y comprenden su error: persiguieron la iniquidad y se extraviaron lejos del camino del Señor. Su riqueza y su violencia no sirvieron de nada; pasaron como sombra y como nave que corta el agua sin dejar rastro. El justo, en cambio, se levanta con gran confianza y reinará sobre las naciones. Este capítulo es una poderosa meditación sobre la paradoja escatológica: las apariencias se invierten. Quien parecía vencido resulta triunfador. La liturgia de la Iglesia usa este texto en novenarios y exequias porque expresa la esperanza cristiana en la retribución final. Nos enseña a no juzgar por el presente, a sostener la fe cuando el mal parece prosperar, y a vivir de cara al encuentro definitivo con Dios, donde toda lágrima será enjugada.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando veas prosperar la injusticia y sientas la tentación de desanimarte, recuerda este capítulo. Hoy practica una pequeña fidelidad que nadie celebra: una caridad callada, una renuncia generosa. Vive como quien sabe que el juicio final es real y que la paz del justo es cierta.

Oración

Señor, que no me engañe el brillo pasajero de lo injusto. Danos la firmeza del justo que confía en ti y la esperanza de levantarnos un día con tu paz. Sépamos vivir mirando hacia tu juicio misericordioso. Amén.

Acerca del libro de Sabiduría

El libro de la Sabiduría, también llamado Sabiduría de Salomón, es una de las obras más luminosas del Antiguo Testamento y pertenece, en la Biblia católica, al conjunto de los libros deuterocanónicos, cuya condición inspirada y canónica el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso en griego, probablemente en Alejandría, hacia el siglo I a.C., en el seno de la comunidad judía de la diáspora, cuando la fe de Israel se enfrentaba a la seducción de la cultura helenística y a veces a la persecución. Aunque lleva el nombre de Salomón, su autor anónimo escribe bajo su figura para presentar la sabiduría como un don de Dios que sobrepasa toda filosofía humana.

La obra se divide en tres grandes bloques: una reflexión sobre la inmortalidad y el destino de los justos frente a los impíos (caps. 1-5), un himno a la sabiduría personificada y el relato de su búsqueda (caps. 6-9), y una revisión de la historia de Israel donde la sabiduría aparece como guía y libertadora (caps. 10-19). Sus temas centrales son la justicia de Dios, la esperanza de la resurrección, la vanidad de la idolatría y la providencia que acompaña a su pueblo a través del éxodo.

Para la fe cristiana, este libro es una preparación admirable al misterio de Cristo: el justo perseguido que triunfa, la sabiduría que es luz de las naciones, el éxodo como figura de la salvación. Leerlo hoy es aprender a vivir con la mirada puesta en lo eterno, a descubrir en el sufrimiento del inocente el anuncio de la cruz y a buscar en Dios la brújula de toda decisión. Se lee mejor como oración: pidiendo al Espíritu esa sabiduría que el mundo no da y que conduce a la vida.

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