Sabiduría
Antiguo Testamento | 19 capítulos | 436 versículos
Capítulo 19
1 Pero, sobre los impíos, descargó hasta el fin una ira sin misericordia, pues Dios sabía de antemano lo que iban a tramar:
2 que, luego de permitir marchar a su pueblo y apremiarle en su partida, mudando de parecer, saldrían a perseguirle.
3 Ocupados estaban todavía en su duelo y lamentándose junto a las tumbas de sus muertos, cuando concibieron otro proyecto insensato: a los que con ruegos despacharon, dieron en perseguirlos como fugitivos.
4 Una justa fatalidad los arrastraba a tales extremos y les borraba el recuerdo de los sucesos precedentes; así completarían con un nuevo castigo lo que a sus tormentos faltaba,
5 así mientras tu pueblo gozaba de un viaje maravilloso, ellos encontrarían una muerte extraña.
6 Pues para preservar a tus hijos de todo daño, la creación entera, obediente a tus órdenes, se rehízo de nuevo en su propia naturaleza.
7 Se vio una nube proteger con su sombra el campamento, emerger del agua que la cubría una tierra enjuta, del mar Rojo un camino expedito, una verde llanura del oleaje impetuoso,
8 por donde, formando un solo pueblo, pasaron los que tu mano protegía mientras contemplaban tan admirables prodigios.
9 Como caballos se apacentaban, y retozaban como corderos alabándote a ti, Señor que los habías liberado.
10 Recordaban todavía lo sucedido en su destierro, cómo, en vez de nacer los mosquitos de animales, los produjo la tierra, cómo, en vez de nacer las ranas de seres acuáticos, las vomitó el Río en abundancia.
11 Más tarde, vieron además un modo nuevo de nacer las aves; cuando, llevados de la gula, pidieron manjares delicados,
12 para satisfacerles, subieron codornices desde el mar.
13 Mas sobre los pecadores cayeron los castigos, precedidos, como aviso, de la violencia de los rayos. Con toda justicia sufrían por sus propias maldades, por haber extremado su odio contra el extranjero.
14 Otros no recibieron a unos desconocidos a su llegada. pero éstos redujeron a esclavitud a huéspedes bienhechores.
15 Además habrá una visita para ellos porque recibieron hostilmente a los extranjeros...
16 pero éstos, después de acoger con fiestas a los que ya participaban en los mismos derechos que ellos, los aplastaron con terribles trabajos.
17 Por eso, también fueron éstos heridos de ceguera, como aquéllos a las puertas del justo, cuando, envueltos en inmensas tinieblas, buscaba cada uno el acceso a su puerta.
18 Los elementos se adaptaron de una nueva manera entre sí como cambian la naturaleza del ritmo los sonidos en un salterio sin que cambie por eso su tonalidad, cosa que se puede deducir claramente examinando lo sucedido.
19 Seres terrestres se tornaban acuáticos, y los que nadan pasaban a caminar sobre la tierra.
20 El fuego aumentaba en el agua su fuerza natural y el agua olvidaba su poder de apagar.
21 Por el contrario, las llamas no consumían las carnes de los endebles animales que sobre ellas caminaban, ni fundían aquel alimento divino, parecido a la escarcha, tan fácil de derretirse.
22 En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y le glorificaste, y no te descuidaste en asistirle en todo tiempo y en todo lugar.
Reflexión del capítulo 19
El último capítulo cierra el paralelo entre Egipto e Israel. Los egipcios, que antes habían recibido a los hebreos como huéspedes, los expulsaron y luego quisieron recuperarlos, pero el mar los tragó. En contraste, el pueblo de Dios atravesó las aguas como por tierra seca y cantó su victoria. El autor repara también en las aves que alimentaron a Israel en el desierto, contraste con las ranas que plagaron Egipto. Todo el universo tomó partido por el pueblo de la alianza. El libro termina celebrando la fidelidad de Dios, que transforma la creación entera en aliada de la salvación. Es una conclusión que mira hacia atrás, al éxodo, pero también hacia adelante, a la plenitud que la Iglesia reconoce en Cristo. La sabiduría que rigió aquel camino es la misma que hoy nos guía. El lector queda invitado a confiar: el que salvó a Israel salvará también a quien camina con fe por el desierto de la vida.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy recuerda que el Dios del éxodo camina contigo. Ante un «mar» que parece infranqueable —una deuda, una enfermedad, una decisión— confía en que abre camino. Canta tu pequeña victoria de la fe y ayuda a alguien a cruzar su propio desierto compartiendo lo que tienes.
Oración
Señor, tú abriste el mar y conduciste a tu pueblo por tierra firme; tu sabiduría rige toda la creación. Camina conmigo en mi desierto y llévame a la tierra de tu promesa. Amén.
Acerca del libro de Sabiduría
El libro de la Sabiduría, también llamado Sabiduría de Salomón, es una de las obras más luminosas del Antiguo Testamento y pertenece, en la Biblia católica, al conjunto de los libros deuterocanónicos, cuya condición inspirada y canónica el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso en griego, probablemente en Alejandría, hacia el siglo I a.C., en el seno de la comunidad judía de la diáspora, cuando la fe de Israel se enfrentaba a la seducción de la cultura helenística y a veces a la persecución. Aunque lleva el nombre de Salomón, su autor anónimo escribe bajo su figura para presentar la sabiduría como un don de Dios que sobrepasa toda filosofía humana.
La obra se divide en tres grandes bloques: una reflexión sobre la inmortalidad y el destino de los justos frente a los impíos (caps. 1-5), un himno a la sabiduría personificada y el relato de su búsqueda (caps. 6-9), y una revisión de la historia de Israel donde la sabiduría aparece como guía y libertadora (caps. 10-19). Sus temas centrales son la justicia de Dios, la esperanza de la resurrección, la vanidad de la idolatría y la providencia que acompaña a su pueblo a través del éxodo.
Para la fe cristiana, este libro es una preparación admirable al misterio de Cristo: el justo perseguido que triunfa, la sabiduría que es luz de las naciones, el éxodo como figura de la salvación. Leerlo hoy es aprender a vivir con la mirada puesta en lo eterno, a descubrir en el sufrimiento del inocente el anuncio de la cruz y a buscar en Dios la brújula de toda decisión. Se lee mejor como oración: pidiendo al Espíritu esa sabiduría que el mundo no da y que conduce a la vida.
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