Sabiduría

Antiguo Testamento | 19 capítulos | 436 versículos

Sb

Capítulo 6

1 Oíd, pues, reyes, y enteded. Aprended, jueces de los confines de la tierra.

2 Estad atentos los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos.

3 Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo, la soberanía; él examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones.

4 Si, como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente, ni observado la ley, ni caminado siguiendo la voluntad de Dios,

5 terrible y repentino se presentará ante vosotros. Porque un juicio implacable espera a los que están en lo alto;

6 al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente examinados.

7 Que el Señor de todos ante nadie retrocede, no hay grandeza que se le imponga; al pequeño como al grande él mismo los hizo y de todos tiene igual cuidado,

8 pero una investigación severa aguarda a los que están en el poder.

9 A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendaís sabiduría y no faltéis;

10 porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejen instruir en ellas, encontrarán defensa.

11 Desead, pues, mis palabras; ansiadlas, que ellas os instruirán.

12 Radiante e inmarcesible es la Sabiduría. Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan.

13 Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan.

14 Quien madruge para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada.

15 Pensar en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvele, pronto se verá sin cuidados.

16 Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella: se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.

17 Pues su comienzo es el deseo más verdadero de instrucción, la preocupación por la instrucción es el amor,

18 el amor es la observancia de sus leyes, la atención a las leyes es la garantía de la incorruptibilidad

19 y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios;

20 por tanto, el deseo de la Sabiduría conduce a la realeza.

21 Si, pues, gustáis de tronos y cetros, soberanos de los pueblos, apreciad la Sabiduría para reinéis eternamente.

22 Qué es la Sabiduría y cómo ha nacido lo voy a declarar; no os ocultaré los misterios, sino que seguiré sus huellas desde el comienzo de su existencia, pondré su conocimiento al descubierto y no me apartaré de la verdad.

23 Tampoco me acompañará en mi camino la envidia mezquina, que nada tiene que ver con la Sabiduría.

24 Pues la abundancia de sabios es la salvación del mundo y un rey prudente, la estabilidad del pueblo.

25 Dejaos, pues, instruir por mis palabras: os serán útiles.

Reflexión del capítulo 6

El autor se dirige ahora a los reyes y jueces de la tierra. Quienes tienen autoridad deben buscar la sabiduría, porque el Señor juzga sin acepción de personas y examina los corazones. El poder no exime, más bien obliga: a quien mucho se le dio, mucho se le exigirá. Dios es paciente, pero no por debilidad, sino para dar tiempo al arrepentimiento; sin embargo, su fuerza es también su justicia. El texto invita a los gobernantes a amar la luz de la sabiduría y a no dejarse corromper por el cargo. Para el creyente, esto recuerda que toda autoridad legítima es un servicio y un reflejo de la autoridad de Dios. La Iglesia ha leído estas palabras como una exhortación a los pastores y a cuantos guían comunidades. La sabiduría no es privilegio de unos pocos elegidos, sino don que se otorga al que lo pide con rectitud, y Dios la concede generosamente a los que la buscan de verdad.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Reflexiona hoy sobre alguna responsabilidad que tienes: en tu familia, tu trabajo o tu comunidad. Pide la sabiduría para ejercerla bien y no abusar. Recuerda que serás juzgado por cómo trataste a los que dependen de ti. Una decisión justa hoy vale más que mil discursos.

Oración

Señor, tú juzgas con rectitud a quienes gobiernan y no aceptas excusas de poder. Danos sabiduría para ejercer toda autoridad como servicio y paciencia para corregirnos a tiempo. Amén.

Acerca del libro de Sabiduría

El libro de la Sabiduría, también llamado Sabiduría de Salomón, es una de las obras más luminosas del Antiguo Testamento y pertenece, en la Biblia católica, al conjunto de los libros deuterocanónicos, cuya condición inspirada y canónica el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso en griego, probablemente en Alejandría, hacia el siglo I a.C., en el seno de la comunidad judía de la diáspora, cuando la fe de Israel se enfrentaba a la seducción de la cultura helenística y a veces a la persecución. Aunque lleva el nombre de Salomón, su autor anónimo escribe bajo su figura para presentar la sabiduría como un don de Dios que sobrepasa toda filosofía humana.

La obra se divide en tres grandes bloques: una reflexión sobre la inmortalidad y el destino de los justos frente a los impíos (caps. 1-5), un himno a la sabiduría personificada y el relato de su búsqueda (caps. 6-9), y una revisión de la historia de Israel donde la sabiduría aparece como guía y libertadora (caps. 10-19). Sus temas centrales son la justicia de Dios, la esperanza de la resurrección, la vanidad de la idolatría y la providencia que acompaña a su pueblo a través del éxodo.

Para la fe cristiana, este libro es una preparación admirable al misterio de Cristo: el justo perseguido que triunfa, la sabiduría que es luz de las naciones, el éxodo como figura de la salvación. Leerlo hoy es aprender a vivir con la mirada puesta en lo eterno, a descubrir en el sufrimiento del inocente el anuncio de la cruz y a buscar en Dios la brújula de toda decisión. Se lee mejor como oración: pidiendo al Espíritu esa sabiduría que el mundo no da y que conduce a la vida.

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