Sabiduría
Antiguo Testamento | 19 capítulos | 436 versículos
Capítulo 10
1 Ella protegió al primer modelado, padre del mundo, que había sido creado solo; ella le sacó de su caída
2 y le dio el poder de dominar sobre todas las cosas.
3 Pero cuando un injusto, en su cólera, se apartó de ella, pereció por su furor fraticida.
4 Cuando por su causa la tierra se vio sumergida, de nuevo la Sabiduría la salvó conduciendo al justo en un vulgar leño.
5 En la confusión que siguió a la común perversión de las naciones, ella conoció al justo, le conservó irreprochable ante Dios y le mantuvo firme contra el entrañable amor a su hijo.
6 Ella, en el exterminio de los impíos, libró al justo cuando escapaba del fuego que bajaba sobre Pentápolis.
7 Como testimonio de aquella maldad queda todavía una tierra desolada humeando, unas plantas cuyos frutos no alcanzan sazón a su tiempo, y, como monumento de un alma incrédula, se alza una columna de sal.
8 Pues, por haberse apartado del camino de la Sabiduría, no sólo sufrieron la desgracia de no conocer el bien, sino que dejaron además a los vivientes un recuerdo de su insensatez, para que ni sus faltas pudieran quedar ocultas.
9 En cambio, a sus servidores la Sabiduría los libró de sus fatigas.
10 Ella al justo que huía de la cólera de su hermano le guió por caminos rectos; le mostró el reino de Dios y le dio el conocimiento de cosas santas; le dio éxito en sus duros trabajos y multiplicó el fruto de sus fatigas;
11 le asistió contra la avaricia de sus opresores y le enriqueció;
12 le preservó de sus enemigos y le protegió de los que le tendían asechanzas; y le concedió la palma en un duro combate para enseñarle que la piedad contra todo prevalece.
13 Ella no desamparó al justo vendido, sino que le libró del pecado;
14 bajó con él a la cisterna y no le abandonó en las cadenas, hasta entregarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos, hasta mostrar mentirosos a sus difamadores y concederle una gloria eterna.
15 Ella libró de una nación opresora a un pueblo santo y a una raza irreprochable.
16 Entró en el alma de un servidor del Señor e hizo frente a reyes temibles con prodigios y señales;
17 pagó a los santos el salario de sus trabajos; los guió por un camino maravilloso, fue para ellos cobertura durante el día y lumbre de estrellas durante la noche;
18 les abrió paso por el mar Rojo y los condujo a través de las inmensas aguas,
19 mientras a sus enemigos los sumergió y luego los hizo saltar de las profundidades del abismo.
20 De este modo los justos despojaron a los impíos; entonaron cantos, Señor, a tu santo Nombre y unánimes celebraron tu mano protectora,
21 porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos e hizo claras las lenguas de los pequeñuelos.
Reflexión del capítulo 10
Comienza aquí la tercera parte: la sabiduría como guía de la historia de Israel. El autor recorre las figuras de los justos y muestra cómo la sabiduría los protegió. A Adán lo salvó cuando pecó, dándole el dominio sobre las criaturas. A Noé lo guio en el diluvio por medio de un leño despreciable, es decir, el arca. A Abraham lo defendió cuando tuvo que abandonar su tierra, y a Lot lo libró del fuego de Sodoma. A Jacob lo acompañó en su destierro y le devolvió la bendición. A José lo rescató de la esclavitud y lo elevó en Egipto. Es una lectura teológica de la historia: no son los guerreros sino la sabiduría de Dios quien sostiene a sus fieles. El capítulo nos recuerda que Dios no abandona a los que confían en él, y que la providencia actúa incluso en medio de catástrofes. La Iglesia ve en el leño que salva a Noé un anuncio de la cruz, madero de nuestra salvación.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy, cuando sientas que tu mundo se tambalea como un diluvio, confía en que la sabiduría de Dios te sostiene. Recuerda a personas de tu vida que fueron «leños» de salvación para ti y dales gracias. Ante una prueba, no te aisles: pide a Dios que te guíe como guio a los antiguos justos.
Oración
Señor, tú fuiste la guía de Adán, Noé, Abraham y José, y los sostuviste en la prueba. No me abandones en medio de mis tormentas y hazme caminar siempre a la sombra de tu sabiduría. Amén.
Acerca del libro de Sabiduría
El libro de la Sabiduría, también llamado Sabiduría de Salomón, es una de las obras más luminosas del Antiguo Testamento y pertenece, en la Biblia católica, al conjunto de los libros deuterocanónicos, cuya condición inspirada y canónica el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso en griego, probablemente en Alejandría, hacia el siglo I a.C., en el seno de la comunidad judía de la diáspora, cuando la fe de Israel se enfrentaba a la seducción de la cultura helenística y a veces a la persecución. Aunque lleva el nombre de Salomón, su autor anónimo escribe bajo su figura para presentar la sabiduría como un don de Dios que sobrepasa toda filosofía humana.
La obra se divide en tres grandes bloques: una reflexión sobre la inmortalidad y el destino de los justos frente a los impíos (caps. 1-5), un himno a la sabiduría personificada y el relato de su búsqueda (caps. 6-9), y una revisión de la historia de Israel donde la sabiduría aparece como guía y libertadora (caps. 10-19). Sus temas centrales son la justicia de Dios, la esperanza de la resurrección, la vanidad de la idolatría y la providencia que acompaña a su pueblo a través del éxodo.
Para la fe cristiana, este libro es una preparación admirable al misterio de Cristo: el justo perseguido que triunfa, la sabiduría que es luz de las naciones, el éxodo como figura de la salvación. Leerlo hoy es aprender a vivir con la mirada puesta en lo eterno, a descubrir en el sufrimiento del inocente el anuncio de la cruz y a buscar en Dios la brújula de toda decisión. Se lee mejor como oración: pidiendo al Espíritu esa sabiduría que el mundo no da y que conduce a la vida.
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