Sabiduría
Antiguo Testamento | 19 capítulos | 436 versículos
Capítulo 9
1 «Dios de los Padres, Señor de la misericordia, que hiciste el universo con tu palabra,
2 y con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre los seres por ti creados,
3 administrase el mundo con santidad y justicia y juzgase con rectitud de espíritu,
4 dame la Sabiduría, que se sienta junto a tu trono, y no me excluyas del número de tus hijos.
5 Que soy un siervo tuyo, hijo de tu sierva, un hombre débil y de vida efímera, poco apto para entender la justicia y las leyes.
6 Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, si le falta la Sabiduría que de ti procede, en nada será tenido.
7 Tú me elegiste como rey de tu pueblo, como juez de tus hijos y tus hijas;
8 tú me ordenaste edificar un santuario en tu monte santo y un altar en la ciudad donde habitas, imitación de la Tienda santa que habías preparado desde el principio.
9 Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras, que estaba presente cuando hacías el mundo, que sabe lo que es agradable a tus ojos, y lo que es conforme a tus mandamientos.
10 Envíala de los cielos santos, mándala de tu trono de gloria para que a mi lado participe en mis trabajos y sepa yo lo que te es agradable,
11 pues ella todo lo sabe y entiende. Ella me guiará prudentemente en mis empresas y me protegerá con su gloria.
12 Entonces mis obras serán aceptables, juzgaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre.
13 ¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios? ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere?
14 Los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas,
15 pues un cuerpo corruptible agobia el alma y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de preocupaciones.
16 Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los cielos?
17 Y ¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu santo?
18 Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra, así aprendieron los hombres lo que a ti te agrada y gracias a la Sabiduría se salvaron.»
Reflexión del capítulo 9
Es una oración personal de Salomón pidiendo sabiduría. Confiesa que es un hombre débil y de pocos años, inútil para discernir el derecho en medio de la multitud de hijos que Dios prometió a David. Reconoce que, sin la sabiduría que está junto al trono de Dios, el hombre no puede vivir rectamente ni cumplir su misión. Pide que se le envíe desde el cielo y que el Espíritu Santo habite en él. Solo así sus obras serán agradables y podrá gobernar al pueblo. Este capítulo es un modelo de oración humilde: el que nada tiene reconoce que todo don viene de arriba. La Iglesia lo reza como una súplica por la luz necesaria para actuar bien. Nos enseña que la sabiduría no se conquista a fuerza de estudio, sino que se recibe como gracia. Ante las decisiones complejas de la vida, el primer paso no es la estrategia, sino la súplica confiada al Dios que conoce el corazón.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Antes de afrontar hoy alguna decisión importante, detente y reza esta oración adaptada: «Señor, sin ti no sé discernir». No presumas de tu experiencia. Pide luz para gobernar o para cuidar a los que dependen de ti, y confía el resultado a Dios.
Oración
Señor, sin tu sabiduría el hombre no puede vivir rectamente. Envía tu Espíritu desde el cielo y habita en mí, para que mis obras te agraden y sepa guiar a los que me has confiado. Amén.
Acerca del libro de Sabiduría
El libro de la Sabiduría, también llamado Sabiduría de Salomón, es una de las obras más luminosas del Antiguo Testamento y pertenece, en la Biblia católica, al conjunto de los libros deuterocanónicos, cuya condición inspirada y canónica el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso en griego, probablemente en Alejandría, hacia el siglo I a.C., en el seno de la comunidad judía de la diáspora, cuando la fe de Israel se enfrentaba a la seducción de la cultura helenística y a veces a la persecución. Aunque lleva el nombre de Salomón, su autor anónimo escribe bajo su figura para presentar la sabiduría como un don de Dios que sobrepasa toda filosofía humana.
La obra se divide en tres grandes bloques: una reflexión sobre la inmortalidad y el destino de los justos frente a los impíos (caps. 1-5), un himno a la sabiduría personificada y el relato de su búsqueda (caps. 6-9), y una revisión de la historia de Israel donde la sabiduría aparece como guía y libertadora (caps. 10-19). Sus temas centrales son la justicia de Dios, la esperanza de la resurrección, la vanidad de la idolatría y la providencia que acompaña a su pueblo a través del éxodo.
Para la fe cristiana, este libro es una preparación admirable al misterio de Cristo: el justo perseguido que triunfa, la sabiduría que es luz de las naciones, el éxodo como figura de la salvación. Leerlo hoy es aprender a vivir con la mirada puesta en lo eterno, a descubrir en el sufrimiento del inocente el anuncio de la cruz y a buscar en Dios la brújula de toda decisión. Se lee mejor como oración: pidiendo al Espíritu esa sabiduría que el mundo no da y que conduce a la vida.
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